Comenzamos esta vida solo con Fé, no tenemos armas, conocimientos, familia, amigos, dinero, trabajo, fuerza ni siquiera la capacidad de mantener nuestra baba en la boca y aun así abrimos los ojos en este mundo ignorando de hecho que ya existimos, solo con Fé de que alguien con una cabeza mas o menos estable y deseo de tenernos nos cuidará hasta que podamos masticar con nuestros propios dientes.
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Es es un acto total de valentía, como los pocos que tenemos en la vida, como esos únicos que en algún momento tomamos y no nos importa si la felicidad o la estabilidad mueren por la ingenuidad de creer que nada saldrá mal, y así como la primera vez que fuimos valientes desnudos y sin armas nos dejamos ir por una corazonada que nos dice:
“Se que estás bien, pero esto se trata de vivir.”
Lo que no nos dice es que vivir no es sinónimo de felicidad, que después de diez camel la garganta arde y que los besos jamás saben tan bien como cuándo se revuelven con whisky, lo que no nos dice es que todo podría salir mal.
Imagina llegar a un mundo que huele a escape y drenaje, escuchando el ruido de maquinas con símbolos que no sabes que son símbolos y que significan algo, con ojos débiles y todo borroso, sin la capacidad de controlar uno solo de tus putos dedos, lleno de baba y sangre gritando de pánico o dolor y con un golpe en las retinas que mata la tranquilidad y calla al silencio hermoso y tranquilo en el que vivías, imagina que un extraño te levanta y golpea para después entregarte a los brazos de alguien que sin entender te da calma y por fin te duermes esperando que al reaccionar otra vez todo se trate de un mal sueño y aun sigas en una bolsa que te proteja de todo y todos y que por alguna razón te alimente sin que hagas el mínimo esfuerzo mas que el de respirar y crecer, comer y acomodarte, patear y dormir.
“Imagina que llegaste a un lugar para vivir pero que irremediablemente te va a matar, te va a odiar, te va a lastimar, y que definitivamente te cuestionara en que momento decidiste que podías.”
Ser valiente no es fácil, aveces ni siquiera es gratificante, se hace para por lo menos existir como vale la pena, significando algo y valiendo la pena. Volver a nacer en cada proyecto y aventura nos demuestra que desde un inicio esta especie fue diseñada para esto, fue articulada para aprender y atreverse, para abrazar y alejarse, para amar y terminar, para entender y olvidar, para iniciar porque su naturaleza se lo exige, para andar en un proceso que tal vez sea una serie de pasos a la autodestrucción pero que aunque no tomáramos de cualquier forma todo acabara algún día.
Quizás en otro grado de conciencia similar a los que da una semana de tres horas de sueño y Gin sin nada logremos entender que ya sabíamos lo que pasaría o por lo menos a que veníamos, quizás hasta elegimos venir, quizás hasta elegimos de que forma, quizás hasta lo estamos disfrutando, pero para saberlo debemos dejar de respirar este aire pesado y abandonar este mundo pintado mas pensando en estar en el cielo como Van Gogh y tan narrado en el día día como Bukowski escribe dese un camper.
Hacer salud en la soledad de una mesa aunque las otras están repletas es el perfecto ejemplo de que lo que vale la pena nació y se ira con nosotros, y que los momentos de valentía no dependen de cuanto te rete la calle llena de fantasías silenciosas paradas en los semáforos, depende solamente de momentos únicos de inconsciencia, valemadrismo y amor propio
autocreados para demostrarnos en un espejo que vale la pena estar aquí, y que no importa que no conozcamos el futuro o que vayamos desnudos y con la baba en toda la cara, seguramente después de tomar esos impulsos algo ahora o en otro día valdrá la pena.
Ser valiente no es fácil, todo puede salir mal, ser valiente es la respuesta a la pregunta eterna de si las cosas podrían estar mejor.
@RafaGoli.