He repetido infinidad de veces que si algo ha puesto a considerar esta pandemia son los vínculos familiares, podemos agregar que a la misma familia como institución de la sociedad. Quizá fuese el INEGI quien pudiese revelar una composición verdadera de la familia mexicana, no creo que sea tan simple como decir que todos los mexicanos vivimos en familia unidos conservando valores sociales y cosas por el estilo, hemos vivido años de descomposición y reconfiguración en este sentido. La pandemia ha puesto de manifiesto no sólo a la familia sino a la familiaridad, término con el que describimos el vínculo que a través de la frecuencia y por ende el afecto, establecemos con personas con quienes logramos un acercamiento aunque no tengamos lazos de consanguinidad necesariamente. Pero, por interesante que parezca esta introducción, no es este tema el que quiero abordar ahora, me ocupa la reflexión en torno a la educación, al tema escolar y educativo, es donde quiero detenerme.
Quienes nos dedicamos al comportamiento humano y específicamente quienes hemos trabajando directamente con niños y con su padres y madres, sostenemos la teoría de que este vínculo filial sostiene en mucho la vida del individuo, sin embargo, no por ello menos importante, es el momento en el que la sociedad con sus instituciones como la escuela, nos reciben para educarnos en paralelo, supuestamente, con nuestros padres. Hemos discutido si en casa aprendemos los valores y en la escuela los conocimientos y/o viceversa, hemos presenciado las históricas y ya tradicionales disputas entre madres de familia y maestras con sendas descalificaciones y faltas de respeto. Aquí la reflexión que nos ocupa es el hecho de que la pandemia ha devuelto a los niños con sus madres, nos permite imaginar qué sucedería si la escuela desapareciese y las personas sólo se sostuvieran con el vinculo de casa. Podemos imaginar el fortalecimiento del vínculo familiar desde un discurso teórico educativo, por ejemplo, el enriquecimiento fundamentado de valores individuales, familiares y sociales, el debate y la discusión de los mismos, podemos advertir también una idea de crecimiento intelectual colectivo familiar más que la superación tradicional del hijo individualmente, de cierta manera los padres pueden cursar la escuela nuevamente con sus hijos y la información en la familia, o incluso la necesidad de consultas e investigaciones puede crecer, la verdad es que suena muy interesante y podemos pensarlo como una de las bondades de la pandemia, si lo entendemos de esta manera. La escuela por su parte sigue dotando de temas y materiales de estudio pero ahora puedes ser aprovechados por toda la familia: fantaseo.
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Y antes de pasar a analizar a la escuela quiero profundizar aún más en este tópico, ¿cómo van a crecer los niños, adolescentes, estudiantes que han tenido que vivir educándose dos años o quizá más encerrados en sus casas? Podemos suponer que tendrán una cantidad de información, por ejemplo cibernética, computacional, de investigación, etcétera, tremendamente mayor a la generación que recibía los conocimientos del pizarrón y a jizazos en la cabeza como nos tocó a nosotros. Es una generación que podrá prescindir de amigos, apodos, sopapos en la cabeza, embarradas de aguacate, roses de piernas con compañeras, amontonamientos en los camiones, jícamas con chile y limón a la salida de la escuela, ufff, un universo interminable de referencias de las anteriores generaciones. Aunque quizá puedan crecer con sus familias discutiendo cosas interesantes o leyendo poemas, o viendo cine de arte, no sé. Será necesario comenzar a concientizar el parteaguas educativo que estamos presenciando a partir de esta pandemia, y como todos suelen repetir, y quién sabe hasta cuando se termine.
La escuela tiene que considerar esto, crear materiales donde se ponga de relieve el vínculo con padres y madres que por lo que se sabe, sufren como el que más para tratar de explicar a su hijo las cantidades ingentes de tareas que les deja la maestra a través del internet, y que las madres no terminan de descifrar por más cabeza rota que terminan teniendo pa entenderle, es más, luego inventan nuevas maneras de resolver los quebrados y sus hijos boquiabiertos se los quedan mirando con ojos de asombro pensando que tenían una madre verdaderamente eminente en matemáticas y nunca se había dado cuenta de ello. Insisto, es y seguirá siendo todo un nuevo reto.
Quizá sea momento de pensar en elaborar materiales que permitan madurar las relaciones familiares en el sentido de crear un modelo de educación a cascada donde nos vayamos educando todos y creciendo juntos, ¿cómo?, en el entendido de que la escuela se ha quedado encerrada en la casa y por tanto está ahí encerrada toda la familia. Muy interesante. Y no dudemos que al pasar de los años esto que nos está sucediendo ahora será un referente para generaciones nuevas que seguramente crecerán con el tapabocas puesto todos los días y hablarán de que sus antepasados vivían sin tapabocas y escupían por las calles sin importarles nada. Un mundo nuevo y muy diferente nos espera. Saludos a todos y todas.