Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Cuando el discurso del odio contamina las causas

El odio se generaliza, tanto en las democracias liberales como en sistemas autoritarios

Ivanna Torrico Escobar

Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social Máster en Marketing Político 2.0 Columnista en Política Comunicada (Argentina), Revista Democrática (Brasil), Revista Quántica (Perú), e-Consulta (México) Conferencista 

Lunes, Marzo 22, 2021

Las Redes Sociales son espacios para debatir, para intercambiar, para hacer visibles problemas que tienen que ver con los Derechos Humanos, los Derechos Medioambientales, para denunciar el abuso de poder, etc. Temas que muchas veces son invisibilizados en los medios masivos. Por lo menos, esa es la idea que muchos de los usuarios de la Red queremos abrazar, pero por más que nos esforzamos, a veces las diferentes causas por las que luchamos caen en “el discurso del odio”.

El discurso del odio, no  se  trata  de  un  fenómeno  aislado,  ni  de  las  estridencias  de  cuatro  individuos  al  margen de la sociedad. El odio se está generalizando, tanto en las democracias liberales como  en  los  sistemas  autoritarios  y,  con  cada  norma  que  se  rompe,  se  debilitan  los  pilares de nuestra convivencia en democracia.

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Todos sentimos odio hacia algo o alguien en algún momento de nuestra vida. Pero es un verdadero problema cuando es persistente y se llega a caer en una espiral que lleva a la violencia como refleja la pirámide del odio que hoy vemos en las Redes.

Cuando la causa se contamina con el discurso del odio, todos se enfocan más en el discurso, en tener la razón, en ganar likes en las redes, hasta quizá salir en la prensa, que en el propio problema y por ende en la causa.

En el caso de temas referidos al feminismo, o al aborto, por ejemplo, que de por si son temas muy difíciles de abordar sin caer en los extremos, las cosas se ponen más difíciles aún. Sin importar la posición que uno tome, tocar estos temas sin ser víctima de linchamientos y el matonaje en la Red hoy es prácticamente imposible, arriesgarse a tocar estos asuntos siempre puede terminar mal y generar más violencia que propuestas.

Todos queremos acabar con problemas sociales como los feminicidios, infanticidios, todo tipo de violencia y maltrato, pues esto significa la muerte y el dolor de inocentes que se vuelven víctimas muchas veces de los propios miembros de su familia, sin embargo no logramos avanzar porque estamos más preocupados en nuestra discusión, en el efecto placebo que la Red nos ofrece, es decir, confirmar que tenemos la razón, ganar seguidores y likes que en resolver el problema en sí.

Mientras discutimos y nos dejamos ganar por el efecto arrastre y la “hiperemocionalización”, miles de personas siguen sufriendo y muriendo en el mundo, esta indignación líquida que está en la Red en el mejor de los casos 72 hasta horas, cambia rápidamente por otro tema, por otra indignación.

Según el columnista de Der Spiegel Sascha Lobo, las Redes Sociales son medios del sentimiento, en consecuencia, los posts y comentarios indignados se difunden mucho más y mucho más rápido. 

La batalla en las Redes promueve comportamientos tribales que nada tienen que ver con un debate constructivo, o el intercambio de diferentes posiciones, el análisis, o la búsqueda de consensos, todo lo contrario, este comportamiento tribal solo está socavando nuestra convivencia en democracia.

Ni hablar si se trata de asuntos políticos, porque ahí no solo se ve el discurso del odio, sino el deseo de dañar al otro, envueltos en nuestros sesgos o filtros ideológicos y convencidos de que somos dueños de la verdad, muchas veces emitimos comentarios muy crueles hacia otros usuarios que no comparten nuestra posición, escondidos en el anonimato “o no”, hemos aprendido que aún si dañamos el honor de otras personas esto no tiene consecuencias, por lo tanto ya solo se trata de hacer críticas destructivas o de insultar en la Red.

Cuando nos comunicamos en el mundo digital escribimos cosas que no somos capaces de decir cara a cara. El anonimato y cierta sensación de impunidad contribuyen a una mayor violencia verbal. 

Con el propósito de recuperar estos espacios para generar un cambio real en la sociedad,  se me ocurre que quizá debamos conectar con las emociones positivas de nuestros seguidores, animarlos a dar propuestas, impulsar en nuestras redes, a organizar grupos de gente dispuesta a ayudar a quien lo necesita, organizar equipos transdisciplinarios que apuesten por la cooperación y la solución de problemas, promover charlas, debates donde hablemos del fenómeno del discurso del odio.

Todos debemos luchar contra el discurso de odio pues constituye una amenaza para los valores democráticos, la estabilidad social y la paz.

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