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OPINIÓN

De amores y tertulias ajenas

Los verdaderos amores y los verdaderos sueños siempre viven se admiran

Román Sánchez Zamora

Doctor en Administración Pública. Profesor-investigador del Instituto de Ciencias de Gobierno y Desarrollo Estratégico (BUAP). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I del CONAHCYT. Autor de 14 libros. Sus líneas de investigación son participación ciudadana, transparencia y fiscalización municipal.

Sábado, Marzo 13, 2021

Como en las historias del romance de los 50.

Dos personas maduras.

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Mismo lugar.

Mismas miradas.

Mismas mesas.

La misma silla.

Hasta el mismo mesero llegaba a atender las mismas ordenes de comida y bebida.

El mismo misterio a lo lejos.

Hasta las miradas un tanto perturbadas por ver a los maduros en miradas atrapadas, miradas insinuantes, miradas lejanas y respeto.

Cuando llegaron la primera vez solo fueron dos más de la lista de espera en recepción.

Las comandas señalaban a dos enamorados maduros, lejos de los excesos, lejos del pecado capital de la glotonería.

Entre comidas ligeras y bebidas discretas, mas discreta era su llegada y mas la salida de los visitantes que al final se despedían y se dirigían a rumbos distintitos de la ciudad.

Las señas elegantes, las miradas perfectas, estos no eran cualquier comensal que el destino llevo a esos lugares, a esos sitios, a esos momentos que el destino reservo para ellos.

Sin duda eran enamorados.

Sin duda eran de otros tiempos y de todos.

Siempre respetuosos uno al otro, siempre atentos los dos para si mismos y para el otro, desviviéndose por atender a su pareja.

Sus risas eran en ocasiones más fuertes que la música puesta en sus celulares para evocar sus tiempos y sabían que su tiempo era ese instante en el que disfrutaban juntos, el agua, la sal y el pan.

Las sillas de frente terminaban casi una sobre otra, pero no pasaba de la sonrisa del rubor de sus mejillas.

Era ver un amor de otros siglos.

Era ver un amor de alta intensidad.

Era contemplar un amor que buscaba la eternidad.

Un día no llegaron.

Dos días no llegaron…

Algunos meseros deseaban ver a esa pareja nuevamente en ese sitio, no era su constancia, no era el comentario, supieron que era un amor que reflejaban, un amor de años que por una extraña razón…era un amor en el cual ellos desharían vivir… y estar.

Los amorosos llegaron, los amorosos de Sabines, allí estaban nuevamente, discretos y limpios, discretos y correctos, eternos y amantes, los amorosos habían vuelto.

El estratega dormita: un día el estratega fue parte del amor y las sombras.

Twitter: @romansanchezz

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