“La pobreza tiene cara de mujer”
La discriminación que padece la mujer, así como actos de violencia de todo tipo que padecen, es una realidad en el mundo, donde sus derechos son violentados en especial en América Latina.
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México, no escapa del problema, al contrario, se incrementa sobre todo en violencia en maltrato y feminicidios o asesinatos, situación que se debe repensar las causas.
A nivel macro y micro económico y laboral, la desigualdad en empleos formales e informales, la desigualdad en salarios es desproporcionada, porque las empresas no garantizan empleos dignos en proporción de precarizar sus salarios en diferencia a los hombres.
Se debe contribuir en exigir la desaparición de la misoginia forma de marginar los derechos de la mujer, colocando a la mujer en condición dispar laboral y salarial. La exclusión que padecen es por parte de estereotipos machistas, en cuanto a una deformación cultural y educativo, donde la perspectiva de género merece atención en estos lineamientos del pensamiento: romper con el atraso educativo y cultural, para una mejor sociedad más justa.
El patriarcado ya no se justifica ni debe ser un argumento atrasado, porque la justicia inicia con la democratización de las decisiones en el ámbito de la política.
Es complicado para la mujer lograr vencer obstáculos de una sociedad carente de una conciencia social que permanece sin valores de identidad de igualdad.
La colectividad democrática, es un ámbito ético y axiológico donde los valores no permiten la marginación o exclusión del otro, al contrario, la identidad grupal, es un principio de comprensión y respeto al otro u otra, donde la exclusión, sea cuestionada en el acento de igualdad de todo derecho.
Marx reconoció la importancia de la relación entre hombres y mujeres en la historia desde sus primeras obras. Denunció la opresión de las mujeres, sobre todo en la familia capitalista, burguesa. Por ejemplo, en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, escribe (evocando en cierto sentido a Fourier) que la relación entre mujeres y hombres en toda sociedad en todo periodo histórico es la medida de cómo los seres humanos han sido capaces de humanizar la naturaleza, estas son las palabras que usa. En La ideología alemana, habla de la esclavitud latente en la familia, y de cómo los varones se apropian del trabajo de las mujeres. En El manifiesto comunista, denuncia la opresión de las mujeres en la familia burguesa, cómo las tratan como propiedad privada y cómo las usan para transmitir la herencia. Hay por tanto cierta presencia de una conciencia feminista, pero son comentarios ocasionales que no se traducen en una teoría como tal. Solo en el volumen I de El capital Marx analiza el trabajo de las mujeres en el capitalismo, pero solo analiza el trabajo de las mujeres obreras en la gran industria.
Pero lo que vemos a partir de finales del siglo XIX, con la introducción del salario familiar, del salario obrero masculino (que se multiplica por dos entre 1860 y la primera década del siglo XX), es que las mujeres que trabajaban en las fábricas son rechazadas y enviadas a casa, de forma que el trabajo doméstico se convierte en su primer trabajo y ellas se convierten en dependientes. Esta dependencia del salario masculino define lo que he llamado «patriarcado del salario»; a través del salario se crea una nueva jerarquía, una nueva organización de la desigualdad: el varón tiene el poder del salario y se convierte en el supervisor del trabajo no pagado de la mujer. Y tiene también el poder de disciplinar. Esta organización del trabajo y del salario, que divide la familia en dos partes, una asalariada y otra no asalariada, crea una situación donde la violencia está siempre latente.
Esta nueva organización de la familia supuso un giro histórico. Permitió un desarrollo capitalista imposible antes. La creación de la familia nuclear va paralela al tránsito de la industria ligera, textil, a la industria pesada, del carbón, de la metalurgia, que necesita un tipo de obrero diferente, no el trabajador sin fuerza, escasamente productivo, resultado del régimen laboral de explotación absoluta. Con esta construcción de la familia se consiguen dos cosas: por un lado, un trabajador pacificado, explotado pero que tiene una sirvienta, y con ello se conquista la paz social; por otro, un trabajador más productivo. Aquí cabe emplear la categoría de Marx de «subsunción real», un concepto que usa para describir el proceso por el cual el capitalismo, con su historia y su desarrollo, reestructura la sociedad a su imagen y semejanza, de formas que sirvan a la acumulación; por ejemplo, reestructura la escuela para que sea productiva para el proceso de acumulación y también reestructura la familia. Cuando hablo de este proceso de creación de la familia nuclear, entre 1870 y 1910, hablo de un proceso de subsunción real del proceso de reproducción; se transforma el barrio, la comunidad, aparecen las tiendas...
Este modelo de familia continuó hasta los años sesenta del siglo XX y es el modelo frente al que el movimiento feminista y las mujeres en general se sublevaron en las décadas de los años sesenta y setenta, diciendo basta a esta concepción de la mujer como dependiente. El feminismo ha significado una búsqueda de autonomía, de rechazo al sometimiento de las mujeres en la familia y en la sociedad, como trabajadoras no reconocidas y no pagadas, una sublevación contra la naturalización de las tareas domésticas y por el reconocimiento como trabajo del trabajo doméstico.
Entre marxismo y feminismo es importante no solo para leer el pasado, para entender la historia del capitalismo, sino para entender lo que pasa hoy, para leer el presente. Nos permite entender que hoy somos testigos de una nueva ola de acumulación originaria, el proceso que Marx asignó al origen de la sociedad capitalista, que separa a los productores de los medios de su reproducción, que crea un proletariado sin nada más que su fuerza de trabajo, que puede ser explotado sin límite, etc. Este proceso, desde la década de los años setenta, se reproduce de forma cada vez más fuerte a nivel mundial, como respuesta a las grandes luchas de los años sesenta, que debilitaron los mecanismos de control del sistema capitalista: las luchas anticoloniales, las luchas de los obreros industriales, las luchas feministas, de los estudiantes, contra la militarización de la vida, contra Vietnam... todas pusieron en crisis los sistemas de dominación capitalistas. No es una coincidencia que a partir de finales de los años setenta empecemos a ver todos estos procesos que juntos se denominaron neoliberalismo. El neoliberalismo es un ataque feroz, en su común denominador, a las formas de reproducción a nivel global; empieza con el extractivismo, la privatización de la tierra, los ajustes estructurales, el ataque al sistema de bienestar, a las pensiones, a los derechos laborales. En este sentido, el proceso de reproducción tiene un papel central. Hemos visto que las luchas más potentes y significativas de los últimos años se han desarrollado no solo en los lugares de trabajo asalariado, que de hecho están en crisis, sino fuera de ellos: luchas por la tierra, contra la destrucción del medio ambiente, contra el extractivismo y la contaminación del agua, contra la deforestación. Y cada vez más, a la cabeza de estas luchas, encontramos mujeres que comprenden que hoy no se puede separar la lucha por una sociedad más justa, sin jerarquías, no capitalista —no fundada sobre la explotación del trabajo humano—, de la lucha por la recuperación de la naturaleza y la lucha antipatriarcal: son una misma lucha que no se puede separar.
Porque como decía una compañera ecuatoriana: «Lo que muchos llaman desarrollo, nosotras lo llamamos violencia». Desarrollo hoy significa violencia, expulsión, desposesión, migración, guerra.
El neoliberalismo nos fue formando para una sociedad en la que las personas estén cada vez más aisladas, sin identidad grupal, con “objetivos de desarrollo personal hacia un futuro mejor”; sin embargo, en los hechos, fracturar identidad grupal, social, alienados y sin conciencia alguna. Empero, ante la marginación y exclusión falsa a través de modelos educativos y de pensamiento formal e informal, no impide que emerja la participación política social de frente a los retos del capitalismo voraz
El neoliberalismo, en su ímpetu por controlar e imponer un criterio supuesto de “desarrollo en el mundo”, impuso la fractura de las sociedades, de sus valores culturales e identidad social, por el individualismo, siendo que desde hace 30 años, la fractura y crisis social, arroja crisis y desvaloralización de identidades colectivas, como también violencia contra las mujeres, en cuanto a la fractura gremial y familiar.
La desvalorización de lo femenino. La perspectiva de género es una categoría de análisis que permite evidenciar la construcción social y cultural que da sustento y justificación a la desigualdad y, por ende, a la discriminación por sexo, la cual concede mayor valor a lo masculino y desvaloriza lo femenino.
Si consideramos cómo se impone un estereotipo de la mujer, la publicidad inducida dice: El rol de la mujer la representa siempre como esposa, madre, ama de casa o incluso como mujer objeto. Imagen de mujer dependiente y débil, pero, ante todo, bella. El sujeto convertido en objeto.
La distinción entre el ámbito público y privado, relegando a la mujer a éste último. Meonospreciando su capacidad educativa y política. En respuesta a esta desvalorización de la mujer, los primeros movimientos feministas del siglo XX lucharon por conseguir la educación, el voto y el trabajo de la mujer, pretendiendo su autonomía respecto al varón, condición que no ha sido fácil, porque a la fecha, sigue a pesar de nuevas condiciones culturales en proceso.
La desigualdad de género a oportunidades académicas, salario, oportunidades laborales, también se agrega la violencia de género: abuso sexual, físico, psicológico y emocional. Violencia que llega al extremo de homicidio y feminicidio.
En México, 59.4 por ciento de las mujeres declaró que a lo largo de su última unión o matrimonio fueron agredidas de diferentes formas, de las cuales, 15.7 por ciento reconoció haber sido abusada sexualmente por su expareja o exesposo, mientras que en el 64 por ciento de los casos se trata de violencia severa, reveló en un estudio el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
En el marco del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora cada 8 de marzo a nivel mundial, el instituto señala que se estima que al año cada mujer perdió 30 días de trabajo remunerado y 28 días de trabajo no remunerado a causa de la violencia por parte de su pareja.
El confinamiento derivado de la pandemia del coronavirus llevó a que los registros de violencia contra la mujer en el hogar aumentara 60% en México, de acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Derivado de la ruptura y degradación social desde la frialdad del neoliberalismo, el incremento de violencia contra las mujeres en el mundo, crece. En México, es peor. Las “Muertas de Juárez”, parten de principios de la década de los noventa, donde el el campo se transforma en un paramo de cruces, donde están inscritos cientos o miles de nombres de mujeres asesinadas, muchas de ellas jamás identificadas, solamente sus restos mortales afloran como semillas en espera de justicia.
A partir del dos mil, es alarmante la violencia, sobre todo en el hogar, provocada por esposo u otros familiares. La violación sexual de las hijas y de las mismas esposas, su asesinato, refleja esa crisis social.
¡Ni una más! Clamor social y de las mujeres que es una pandemia, donde en la mayoría de los casos, el sistema judicial y de gobiernos no atienden o ignoran los reclamos. Madres y padres se transforman en investigadores para ir buscando los restos de sus hijas en fosas clandestinas. Protestas contra ejecuciones de periodistas como el miedo, el silencio, las dudas y las contradicciones prevalecen en torno al asesinato de Regina Martínez Pérez, corresponsal de Proceso en Veracruz. Crimen cometido en abril de 2012.
Ejecución que se dio durante el gobierno de Javier Duarte: los grupos o personajes a los que pudo incomodar el trabajo de la periodista, reconocida por su conocimiento de la vida pública y sus protagonistas, y la realidad social de la entidad.
Existen todo tipo de especulaciones sobre las circunstancias, motivos y autores del homicidio de Regina, debido a que la fiscalía veracruzana no se movió ni un centímetro de su conclusión del robo como móvil, y se negó siempre a seguir la línea de investigación que aclararía si el homicidio estuvo relacionado con el trabajo de la periodista, sus reportajes o notas.
Uno de muchos casos no esclarecidos que permanecen en la impunidad, como muchos más de mujeres ciudadanas que esperan justicia.
Se debe impedir que continúen como estadísticas, porque tienen nombre y apellido, padres que anhelan borrar el dolor y desesperación. Condición imposible porque es profunda la ira y coraje.
La protesta del movimiento femenino éste 8, deriva de ese mar de injusticia. Apuntando que tiene 30 años el proceso de injusticia violenta.
Marcha que tuvo lugar en la mayoría de los estados de la República, con la “excepción en Guanajuato”, donde según el gobernador, Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, todo está controlado.
Las demandas del movimiento y protesta, abarcan desde la libertad de decidir de la mujer al embarazo y aborto, que solamente en la Ciudad de México y en el estado de Oaxaca está legalizado, justicia contra feminicidios, la violencia patrialcal, etcétera. En un sistema de oídos sordos, donde trabajadoras mexicanas son marginadas de igual condición en comparación a los hombres, así como catalogadas de ínfima condición cultural y física, la tarea es gigantesca par una democratización real en México.
La marcha se dividió en dos, por un lado las mujeres con mayor conciencia de lo que implica una participación social y política en exigir justicia, en el otro, el rostro de la agitación de choque, que derivó en enfrentar a mujeres uniformadas policías, que trataban de impedir mayores daños al Palacio de Gobierno federal, tal como otras veces sucedió.
La marcha feminista dejó este lunes como saldo 81 mujeres heridas, 62 de ellas policías, además de 19 manifestantes, informó la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la capital del país.
Los movimientos feministas deben romper con estereotipos e interpretaciones legales sin sustento de justicia ontológica. Redefinir las causas de protesta y lucha laboral, sus derechos políticos, electorales, culturales; la diversidad sexual, ley de amnistía de mujeres que aborten.
El candidato por Morena a la gubernatura por el estado de Guerrero, Félix Macedonio, que ante ciertas denuncias por acoso y violación sexual, es un caso como el de Andrés Roemer, quien también es denunciado por 61 mujeres por misma causa. La diferencia es que Félix es el centro de la protesta política, en cambio, Roemer, no se le da la cobertura que amerigta el caso.
Recomponer a una nación no es tarea fácil, donde el individualismo árido social impuesto, ha fracturado al conjunto social de sus valores e identidad gremial.
Analista político y de prospectiva social