Para nadie es un enigma el hecho de saber que existen ciertas personas con algún tipo de personalidad o carácter que nos resultan especialmente intratables y por lo tanto indeseables. Es un hecho para muchos que, fuera de diagnósticos colmados de erudición y sapiencia, la convivencia humana requiere de ciertas habilidades de tolerancia, de distanciamiento y/o, de acercamiento con los demás.
Nuestra primera tipología le llamaremos Mandolina, sacado de un personaje de Jorge Ibargüengoitia, con el mismo nombre, del cuento “La niña condecorada”, se los súper recomiendo. Las mandolinas son este tipo de personas sabionditas y perfectamente bien portadas que quieren aparecer en todos lados con sus doctas opiniones, andan corrigiendo a todo el mundo y diciendo una y otra vez cómo deben ser o se deben hacer o se deben decir las cosas. La verdad es que la mayor parte de las veces, en mi opinión, no tienen razón, puesto que son incapaces de entender la relatividad de las conclusiones a las que se llega y mucho menos que cada quién pueda tener una opinión distinta de tal o cuál hecho. Tanta supuesta erudición no delata, en el fondo, más que una tremenda soledad, como la pobre Mandolilna, fueron educadas de frente a una autoridad adulta también llena de frustraciones, desgracias y abandonos de los demás. Su ciclo neurótico de satisfacción/insatisfacción les hace desear la admiración de los demás y lo intentan una y otra vez pero su reconocimiento, es decir, el que verdaderamente necesitan, es un reconocimiento de ellas como personas, hecho que por supuesto, ellas mismas no han logrado para sí. Piden a los demás la satisfacción de una necesidad que ellas mismas nunca se pueden dar puesto que se acostumbraron a corregirse y perfeccionarse constantemente desde la autoridad adulta de mamá o papá. Pudieran ser diagnosticadas por cualquier lacaniano como histéricas, yo no me atrevo a tanto, pero la verdad es que suelen ser insoportables, su insaciabilidad de reconocimiento es justamente y perdón por la necedad y la rebuznancia, insaciable.
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Nuestra segunda tipología es la del exitoso, un personaje que se ha tragado enterito el rollo del éxito, la prosperidad y la abundancia, las más de las veces se viven mentalmente como millonarios, en más de una ocasión he sabido de personajes que leen libros gringos de ingeniería en negocios y todo este tipo de rollos de Og Mandino . Por supuesto siempre se sienten superiores a los demás, su avaricia no les permite darse cuenta que en el fondo han venido alimentando un discurso lleno de mezquindad y de individualismo, hablan de posicionamiento de marcas, de precios de productos, de autos, de casas, de fortunas, etcétera y su intolerancia social es interminable, quieren hacer negocios de todo y con todos, suelen ser encantadores de serpientes, persuaden a los demás y de esa manera hacen que trabajen para ellos. Suelen tener en la cabeza un análisis temporal de su vida relacionándolo con sus logros reales o con las ilusiones que se han propuesto. Con muchísima frecuencia tienden a mentirle a los demás, quiero decir engrandecer sus éxitos y mostrarlos en evidencia de necesidad de aprobación, suelen ser falsos e incapaces de confiar en alguien, terminan siendo déspotas e hipócritas, su verdadera estrategia social es la indiferencia, no les importan los demás, no los merecen, no están a sus alturas, no tienen el dinero que ellos tienen o creen tener. Igual que las mandolinas se sienten perfectos, bajados del cielo, diferentes a los demás. Son tremendamente egoístas y si te dan algo es porque han estudiado que les conviene, en fin. No me parece que sean seres que puedan trascender.
En realidad en muchos tipos de tipologías hay cierto grado de arbitrariedad, ciertas personas pueden dar un tipo o dos quizás, pero en fin, juguemos al juego de las posibilidades nada más por jugar. Nuestra siguiente tipología es la del sensible, últimamente me he encontrado con este tipo de personajes que al principio parecen adorables pero que con el tiempo te vas dando cuenta que son tan hipócritas y cambiantes como los anteriores. El sensible es un personaje con el que coincides en muchas cosas, de hecho, son capaces de hacer acuerdos y planes contigo, generar teorías reveladoras o iniciar proyectos interesantes que parecen hacerte crecer. La hipocresía del sensible consiste en tener una carta guardada bajo la manga que no sabes en qué momento te la va a sacar, es más, al principio, insisto, resulta espectacularmente cercano y fraterno contigo, te repite que te admira, te busca, quiere seguir tus pasos, pero no suelta nunca su siguiente as bajo la manga. El derrotero del sensible es fundamentalmente la traición, son de los que te tratan de úsese y deséchese, al final, se largan, te dejan, te abandonan y no les importa, es entonces cuando se revela el verdadero sentido de su acercamiento, pudieron haber pasado años de relación que en cualquier momento te dejan botado y les vale sombrilla todo. Siempre se mueven en varios frentes para tener opciones para descartar y traicionar al que menos le convenga en ese momento. Se convierten en tus carnales, en tus brothers y en el caso de las parejas, son, sin duda, los grandes amores de tu vida, parejas con las que incluso construyes el genuino deseo de envejecer, pero lo mismo, su as bajo la manga lo tuvieron siempre, sabían que tarde o temprano te soltarían como se tira la envoltura de un chocolate cuando ya te lo comiste. Son momentos muy dolorosos que si algo tienen de positivo es que a través de reflexionar quiénes son ellos y qué te hicieron vas dándote cuenta de quién realmente eres tú y qué es lo que realmente quieres en la vida. Abundan en nuestros tiempos, cuídate de encontrarte con uno de estos personajes, te exprimen todo el jugo y luego botan el envoltorio. Bueno, ya se alargó mucho esto, luego le sigo, saludos a todos y todas, espero disfruten de esta lectura y la comenten, quizá escriban sus propias tipologías, eso sería muy interesante. Un abrazo