Este dos de febrero, cobra relevancia tanto para mí, como para la historia, por lo siguiente:
Mi novia, compañera, amiga y esposa, luego de una batalla por seis años de enfermedad, cumple dos años de que partió. Su ausencia nos deja un hueco a mi hijo y a mí. Sin embargo, su tenacidad y fortaleza de soportar su mal, nos impone enseñanza de mantener un camino de vida.
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GUERRA SAGRADA
Traducción del ruso
De pie enorme país,
De pie hacia la muerte
Contra la oscura fuerza fascista,
Contra las hordas del mal
Que nuestra ira los
Azote como una ola
Es una Guerra del Pueblo,
Es una Guerra Sagrada.
Que nuestra ira los
azote como una ola.
Es una Guerra del Pueblo,
Es una Guerra Sagrada
¡No desafíen sus negras alas a
Volar sobre nuestra Madre Patria!
¡No desafíen pisar
Nuestros vastos campos!
Que nuestra ira los
azote como una ola.
Es una Guerra del Pueblo,
Es una Guerra Sagrada.
Que nuestra ira los
azote como una ola.
Es una Guerra del Pueblo,
Es una Guerra Sagrada.
¡Pongamos una bala en la frente
A los parásitos fascistas!
¡Hagamos un fuerte
Ataúd para tal raza!
¡Hagamos un fuerte
Ataúd para tal raza!
Que nuestra ira los
azote como una ola.
Es una Guerra del Pueblo,
Es una Guerra Sagrada.
Que nuestra ira los
azote como una ola.
Es una Guerra del Pueblo,
Es una Guerra Sagrada.
22 de junio de 1941, el nazismo emprende la Operación Barbarroja, nombre clave para la invasión a la Unión Soviética, dando pie a abrir otro frente en la Segunda Guerra Mundial.
Desde la invasión a Polonia, su expansionismo militar contra los Países Bajos, así contra Francia, obliga a Inglaterra a entrar en combate, cuyo efecto fue negativo ante la superioridad militar del ejército alemán, al grado de que ambos ejércitos fueron arrinconados en Dunquerque; luego somete a Inglaterra a una batalla aérea, donde la flota aérea nazi es derrotada.
La invasión a la URSS, a pesar de que en los dos primeros meses parecía que se podría dar una derrota militar contra los soviéticos, las primeras señales de que la tarea final sería un fracaso y derrota del nazismo, están en las batallas de la Fortaleza de Brest-Litovik, y Sebastopol, donde a pesar de la superioridad en armamentos y soldados nazis, ejército y pueblo soviético, resistieron con fiereza, sacrificando sus vidas, lo cual desató y causó pérdida importante del ejército invasor. El sitio de Leningrado, la batalla y defensa de Moscú, representan y advierten quién es el pueblo en guerra quien vencerá.
Es el mariscal Gueorgui Zhúkov, quien anuncia que Alemania será derrotada finalmente, porque frente al Operativo Tifón contra Moscú, para tomar la ciudad y derrotar al ejército rojo, luego de fieros combates fue la irreparable pérdida de armamento, soldados y oficiales preparados.
El mismo Zhúkov, ante Stalin, le dijo: “...tenemos un ejemplo en el mundo, donde el mejor ejército imperial de Francia, es derrotado; camarada Stalin, ese país es México, porque tuvieron su Sebastopol, en una ciudad llamada Puebla, donde del 16 de marzo al 17 de mayo de 1863, también sostuvieron una resistencia contra el ejército imperial francés, ejército mexicano que junto con su pueblo, como nuestro Brest y Sebastopol, un pueblo en armas está obligado a vencer para vivir. Así será en Lenigrado, Moscú y donde sea”.
Kárpov, Valdimir. El mariscal Zhúkov; sus camaradas y años de guerra y paz (libro 1): Moscú: Román-gazeta (en ruso), Pg 36, 1991
LA BATALLA DE STALINGRADO
La decisiva batalla de Stalingrado, entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943, fue uno de los hitos más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Más, a partir de ese momento, al que se sumó más tarde la batalla de miles de tanques y tropas rusas en Kursk, signó la derrota definitiva de Alemania, que empezó a retroceder hasta quedar apretada en su propio territorio.
Se produjo tras el fracaso de la Operación Barbarroja en diciembre de 1941, a causa de la insistencia de Hitler para doblegar a la Unión Soviética. Bajo el nombre en clave de Operación Blau, los nazis desencadenaron una ofensiva que buscaba la destrucción de las fuerzas del Ejército Rojo en el sur de Rusia. Stalingrando fue uno de los movimientos más importantes de esta, pero la estrategia no les salió bien. El 31 de enero de 1943, el general Friederich Wilhelm Paulus se rindió junto a 90.000 soldados supervivientes. En Alemania se resumió aquella batalla como «la tumba de todos». Las cifras menos pesimistas hablan de 841.000 bajas por parte de las potencias del Eje, de los cuales 734.000 resultaron muertos, heridos o desaparecidos. Para la URSS hablan de 1.150.000 bajas (478.000 muertos y desaparecidos). Algunos historiadores aseguran que fallecieron entre tres y cuatro millones de personas, tanto civiles como soldados, en la considerada como la batalla más sangrienta de la historia.
Así que los expertos occidentales creían que la URSS de Stalin era un país dividido y sumamente débil en la esfera militar. No pensaban que tendría la capacidad de derrotar a Alemania.
MÉXICO EN LA GRAN GUERRA PATRIA DEL PUEBLO SOVIÉTICO
Antes de pasar a describir la presencia de unos mexicanos en el Ejército Rojo, puntualicemos que entre los ejércitos aliados, sobre todo el norteamericano, ya sea porque mexicanos vivían y trabajaban en Estados Unidos eran reclutados en el ejército, también existieron en la Fuerza Aérea de Canadá e Inglaterra. No olvidemos que voluntarios mexicanos también combatieron en la Guerra Civil en España. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, su política internacional de México en los años treinta fue la actuación del país frente a la crisis ocurrida en África oriental entre Italia y Etiopía (1935-37), brindó su apoyo, al enviar armamento al pueblo etíope. Claro que México tuvo su papel en la gran guerra en el Pacífico, con el Escuadrón de Pelea 201
En México, ante la invasión nazi contra la URSS, se llevaron a cabo, movilizaciones de grupos obreros y sus sindicatos, de campesinos, magisterio, intelectuales y diversas organizaciones sociales para exigir al gobierno del presidente Manuel Ávila Camacho rotundo apoyo a los hermanos soviéticos en su lucha contra el nazismo, siendo que uno de los principales personajes en dirigir el movimiento nacional, fue Narciso Bassols.
La contribución del pueblo mexicano consistió en enviar alimentos y diverso material para la industria bélica soviética, que se tuvo que embarcar en el puerto de Veracruz, para coincidir con la flota norteamericana para llegar al puerto de Murmansk.
MEXICANOS EN EL EJÉRCITO ROJO
El siguiente punto, merece reconocer la participación de mexicanos que se incorporaron al heroico Ejército Rojo y su Pueblo en la Guerra Patria. De acuerdo a archivos del Ejercito Soviético, hoy ruso. Dan cuenta de 23 mexicanos que se incorporaron a sus filas, participando en diversos hechos de guerra, de los cuales murieron en combate 19. de los sobrevivientes, los registros marcan que regresaron a México en enero de 1946, con todos los honores y reconocimiento por su heroísmo de parte del gobierno Soviético.
Demos paso a la narrativa de un combatiente mexicano de cómo es que se incorpora al Ejercito Rojo. En ella, exige que por respeto a todos los combatientes y ciudadanos soviéticos caídos, se limite a describir su sentir y vivencia, sin mencionar su nombre. Agrega que no es por anonimato, sí por honor y respeto.
Su testimonio, fotografías y el honor de recibir un banderín del Ejército Rojo, en el que describe que las juventudes comunistas y el gobierno soviético, hacen reconocimiento a los combatientes extranjeros.
Mis hermanos y yo, al momento en que la Alemania de Hitler invade cobardemente al pueblo soviético, nos movilizamos en apoyar a las organizaciones sociales y sindicales en apoyo en la defensa de la URSS, exigiendo al presidente Ávila Camacho, a que reinicie las relaciones diplomáticas con la URSS.
Ya restablecidas las relaciones, la nación actuó con entereza, como se hizo con el pueblo español contra la dictadura franquista. Luego de análisis y discusiones de integrantes del Partido Comunista Mexicano, solamente 20 de nosotros decidimos plantear a la embajada rusa, nuestro deceo de incorporarnos a las filas del Ejército Rojo y su pueblo, al principio no estaba de acuerdo, hasta que le argumentamos que nuestro pueblo fue el primer país en reconocer a la URSS como nación, por lo que nuestra participación será modesta, pero con valor revolucionario, tal como nuestro pueblo venció a la dictadura porfirista.
En sí, ya para noviembre de 1941, gracias a la intervención de Vicente Lombardo Toledano y Narciso Bassols, es como logramos embarcarnos en un barco mercante. Para el 24 de diciembre, la flota desembarca en el puerto ruso de Murmansk, donde nos recibe un comité del ejército y los tres hermanos y otro mexicano, quienes ya estaban en la URSS como estudiantes. De ahí nos mandaron atrás de Moscú, para adiestrarnos e incorporarnos a el frente de batalla. Es cuando descubrirnos que no somos nosotros tres los que combatiremos, porque en total somos 23 hermanos.
Nos separaron en diversos escenarios de la guerra, unos a Leningrado, otros a Moscú, uno de los Torres y cuatro más conmigo, primero estuvimos y recibimos baño de fuego en el puerto de Rostov, donde el ejército nazi se apresuró y obliga al Ejército Rojo a retirarnos, luego de encarnizados combates. Es donde se inicia a ir adquiriendo que entre el olor de la muerte y la vida, depende de mantener el miedo en control. Ser testigo de cómo el animal irracional, hace ser criminal, porque los nazis no nada más nos combatían, sino que masacraban a ciudadanos, a niños y mujeres embarazadas, a lo que estos criminales llamaban “hacer carne molida”. Así de salvajes. Lo que nos provoca sentimientos profundos de cobrar venganza”.
El avance enemigo era como un huracán. Nuestra Brigada 27 de la Guardia, recibió órdenes de trasladarnos a Stalingrado, para unirnos al 62 Ejército, e ir preparando a la ciudad, ante el inminente combate. Al inicio no aceptaba que los nazis llegarían a la ciudad: Qué equivocados estábamos .
Lo primero que llegó, fueron los bombardeos de las flotas aéreas nazis, cada bomba, hacía temblar la tierra, destruyendo edificios y casas, dejando un olor pesado por la pólvora. Como muchos civiles no lograron evacuar, no les quedó más que convertirse en ciudadanos de cavernas en los sótanos de edificios. Las tripas y sangre marcan a quien sea. Te provoca coraje ver niños muertos.
Cada día pensabas si podrías sobrevivir al combate, porque por más que llegaban refuerzos, sabíamos que tu vida dependía de unas horas, llevando cuentas, moría un camarada cada 10 o 20 minutos, si acaso, muchos vivían 24 horas.
El hambre y aguda sed, luego de días, te hacía pensar en estar en otro lugar para satisfacer tu sed y hambre. Pero, la guerra y miedo, te apartaba de algo tan natural. Entre los hermanos mexicanos, soñábamos en comer carne, tortillas, elotes, chilitos, todo lo que en México se quedó, porque nos imitábamos a raciones de guerra, un trozo de pan negro, unas dos o tres cucharadas de remolacha o trigo en caldo; ni pensar en carne, porque cuando nos llegaba mejor comida, preferíamos compartir con ciudadanos, en especial a madres para sus hijos. El hambre se va alejando para ser ocupada por coraje de matar al enemigo.
Con tristeza me entero que Torres muere asesinado por un francotirador nazi. Los camaradas nos motivó tristeza con ira, con ganas de venganza. De mi escuadrón original, solo quedamos tres, del batallón, se reduce a un cuarto. Esperamos refuerzos, armas, balas, granadas y otras herramientas, solamente nos daban limitado material. De alimento, mucho menos que balas.
Vas aprendiendo a que en esta batalla, estás muriendo parte de ti, que debes combatir para vivir, para poder sentirte satisfecho en el momento de la añorada victoria contra esta carroña nazi .
Cuando llegamos a Stalingrado, encontramos una ciudad hermosa, con edificios y casas bonitas, donde la población nos recibió como hermanos, nos invitaban a comer a sus casas, a tomar vodka, a vivir su alegría, con el transcurrir de la batalla, esas sonrisas de mujeres bellas, del reír de niños, está ocupada por la muerte, por el olor a muerte.
Deseo que al terminar esta batalla diaria, vengar a los muertos, a a un pueblo que tiene el derecho a vivir y crecer, como es México después de la revolución. Bueno, eso espero, vivir. Cómo deseo un baño, con agua caliente, para satisfacer al cuerpo y relajarme, desprenderme un poco del olor a muerte.
Ante cada ataque nazi, no sabes si vivirás para seguir matando nazis, para vengar a nuestros muertos.
Cuando nos advierten que del otro lado del Don, se prepara un gran jaleo, nos ordenan a prepararnos a morir con honor, a combatir con todo, a sacar fuerza de nuestros cuerpos hambrientos y vengar nuestro coraje.
El momento llegó, después de tantos días, de sentir la muerte como compañera de viaje. La flaca, como le decimos nosotros los mexicanos, baila y canta, como motivándonos a seguirla, porque nos protege y advierte que si no seguimos su ritmo, nos dejan en la tumba.
Los rusos les extraña que así pensamos, que jugamos con la muerte, que nos reímos con ella. No lo entienden, porque los gueros europeos son de otro mundo.
Terminó Stalingrado, ganando a los nazis. Atrás queda la memoria que nos obligará a recurrir a ella para advertirnos que todos somos vida. No se si logre llegar al final del triunfo en esta guerra, apenas estamos llegando a la frontera donde los nazis invadieron, faltando camino.
Estoy triste, porque me informaron que mi hermano murió a fines de noviembre del 42 en Leningrado. Lo único que me dijeron que fue inmediato, nada más. Espero que mi otro hermano siga con vida.
La batalla de Kurks será la más cruel. Cuantos quedaremos a ser abono de esta tierra con sed, no sabemos. Espero no ser parte de la tierra ni calmar su sed, porque quiero regresar a México.
Son 9 cartas que dejó el combatiente mexicano. Sus fotografías, uniforme y banderín, es lo único actual que permite saber de él, de los otros muchos que no lograron el triunfo final de la Guerra Patria.
Analista político y de prospectiva social