El vendedor de silencio: Enrique Serna

Martes, Enero 26, 2021 - 12:58

Tuve la fantasía de conocer a Serna y charlar, tomar un alcohol no estaría mal

Dr en Psicologiá, Psicoterapeuta de Contención, Musicoterapeuta, Escritor, músico y fotógrafo profesional.

Me acerqué a Enrique Serna a través de Xavier Velasco, había terminado de leer su novela de El último en morir y en el seguimiento que comenzaba a acostumbrarme en entrevistas de YouTube, Serna había presentado el libro de Velasco con un dejo de complicidad, de cercanía y de amistad que me llamó la atención.

Por estos mismos días de pandemia había encontrado una serie en Prime Video llamada Diablo Guardián que me chuté casi de un tirón, como acostumbro ver las series de manera obsesiva hasta terminarlas sin importar lo que tenga que hacer o si tenga que dormir o no. Pero me fui acercando a Serna no solo por ser amigo de farras, de chupes y quizá de ciertas drogas de Velasco, sino porque tenía una cara de español baturro que me hacía pensar que lo conocía de algún lado. Cuando éramos pequeños, la colonia de Catalanes radicados en México organizaban una reunión en el bosque de Llano grande en la carretera México-Puebla y ahí conocíamos a personas, digámoslo así, parecidas a nosotros. Habría mucho más cosas que escribir de estos encuentros pero me lo reservo para otro momento. Me intimidaba tremendamente que Serna tuviese la misma edad que yo, nacimos el mismo año y si bien yo no creo tener una cara de vendedor de chorizos y morcillas en un pequeño pueblo cercano a Burgos o algo que se le parezca, pensar en él me removía el qué había hecho de mi vida y el viejo reclamo del porqué mi padre nos había tenido viviendo en Puebla, en lugar de vivir en la Condesa o en Polanco o en la Roma o por ahí, en la Escandón posiblemente.

Me llegó el Vendedor de Silencio de Enrique Serna por Amazon, comencé a leerlo en el reconocimiento de que la pandemia me estaba metiendo en un nuevo hábito de lectura, o más bien dicho, en una lectura que si bien disfrutaba tampoco la había tomado con tanta fruición como ahora.

 

Comencé a conocer a un personaje llamado Carlos Denegri en la novela y a reconocer a muchos ortos personajes que por supuesto ubicaba perfecto. Díaz Ordaz, Echeverría Álvarez, Miguel Alemán, Ávila Camacho, etcétera. Fui adentrándome en sus páginas con la paralela intriga de saber quién era Serna, de dónde venía y qué tipo de persona era. En las investigaciones paralelas que insisto, ya me he acostumbrado a hacer en entrevistas en YouTube, Serna aparecía como un escritor muy admirado por otros escritores. Encontré a un Serna entrevistado por Leonardo Curzio que sé que también es un escritor excelente y cuyas reflexiones políticas que muchas veces no comparto, no dejo de admitirlas como sesudas y algunas de ellas bastante bien colocadas.

También lo encontré entrevistado por Ricardo Rafael que es alguien a quien  admiro con muchas más confianza y simpatía que a Curzio. Ambos se dirigieron a Serna como un escritor preferido y favorito que admiraban enormemente. La imagen de Serna de pronto se debatía entre el reventado en centros nocturnos chupando con otros escritores y el escritor admirado que no sabía cómo ser, supe después que él había escrito varios textos en contra de la soberbia intelectual y las impostaciones propias de quienes se creen seres exclusivos alejados del vulgo: este dato me fue acercando aun más a Serna.

En cierta entrevista Serna había referido por una conversación con su padre esta vieja rencilla entre los comunistas españoles y los anarquistas, que había quedado tan enemistados y con tanto rencor entre ellos, tuve la impresión de que el padre de Serna había terminado de comunista más que de anarquista, hecho que sin duda lo alejaba de mí y de mis intentos de acercamiento. No he dejado de reconocer que el libro está realmente bien escrito, la prosa tiene una vivacidad que atrapa a cualquiera y sin duda, creo que hasta más que Velasco, Serna mostraba una madurez de oficio realmente sorprendente, se mira que no sólo es disciplinado, sino que también es medio matadito. Había escrito telenovelas con Carlos Olmos en Televisa y trabajado en la revista Clío, me imagino que con la flota de Octavio Paz y Enrique Krauze que fue su jefe directo y que imagino que le dio línea todo ese tiempo. Me intimidó mucho el hecho de que la novela citaba al padre de Denegri como un embajador mexicano en España, con tendencias comunistas y que había sido nombrado por el General Cárdenas para ver lo de recibir ese  histórico barco lleno de españoles refugiados republicanos entre los que venían mis tíos y diez años después mis padres que me engendrarían algunos años después para nacer el mismo año que Serna, en 1959. Sin duda, en el gesto de ese embajador se encunaba un gran agradecimiento de todo el exilio español que había salvado la vida de las garras del franquismo.

En fin, Serna vive en Cuernavaca y fui descubriendo que tiene un montón de libros y un éxito que, si bien, da la impresión de que no alcanza la campanada de Xavier Velasco del premio Alfaguara, es un escritor bastante pesado. Ambos muy admiradores de Vargas Llosa y entiendo por lo que sigo en las entrevistas que amigos de él también. Muchos datos me fueron acercando a Serna y confieso que en varios momentos tuve la fantasía de conocerlo y platicar con él, chance tomar un alcohol no estaría mal, cuando lo ví en una entrevista con Mónica Lavín y Rosa Beltrán a quien también había estado siguiendo algunos libros antes, una novela de cierta parte de la biografía de Iturbide, en fin, disfruto mucho de conocer a todos estos escritores y por cierto efecto narcisista no dejo de pensarme entre ellos, el asunto es que anoche miré una entrevista donde le hacen a Serna un par de preguntas rápidas que responde de manera automática y que sin querer vi que caía de mi gracia irremediablemente. Supongo que estaba entrando en la FIL de Guadalajara y el reportero le preguntó: a quién te encantaría encontrarte en esta feria más que a nadie. Sin pensarlo respondió a Vargas Llosa, seguidamente respondió que de hecho ya lo había visto y ya lo había saludado. La siguiente pregunta del reportero fue a quién no te gustaría encontrarte ahora mismo en esta feria: sin pensar y en automático dijo a López Obrador, el entrevistador le preguntó por qué no se quería encontrar con López Obrador, él dijo que enemistaba al pueblo, confrontaba a la gente y polarizaba al país. Quise regresar a mi reflexión de que en las entrevistas Serna estaba a punto de denunciar a este periodismo corrupto que en esta época estaba siendo evidenciado totalmente, y que Ricardo Rafael casi le había abierto la puerta para que dijera nombres y datos, pero Serna nunca los dio, de cierta manera ahí también estaba la revista Clío y su jefe Krauze recibiendo cantidades millonarias de los sexenios neoliberales que Obrador detestaba tanto y que tanto lo habían fastidiado y tirado calabaza, en una de esas parte de esas lanas le habían tocado a él también.

Hay una cierta moda de clases acomodadas a detestar a Obrador de manera automática, yo no lo comparto por supuesto. Pero no dejaré el  libro y mucho menos dejaré de reconocer que Serna pertenece a una camada de escritores mexicanos de la más alta calidad y habremos de disfrutarlo, es más, la verdad es que también lo compré porque fue Obrador quien lo citó en una mañanera diciendo que el libro de Denegri estaba muy bien escrito, ahora que lo recuerdo. Buen día para todas y para todos.


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