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OPINIÓN

¿Morir por Covid 19 o por hambre?

Los mexicanos no soportan más ninguna de las dos situaciones

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Viernes, Enero 15, 2021

Indiscutiblemente, la estrategia sanitaria que ha seguido el gobierno mexicano ante la pandemia de SARS-CoV 2 no ha sido la mejor para frenar los contagios y las muertes por este virus, ni para sostener las condiciones de empleo de miles de trabajadores. Estas dos condiciones han hecho vulnerables a los mexicanos, quienes no soportan más ninguna de las dos situaciones. ¿Por qué quiere morir usted: por Covid 19 o de hambre?

En los casi diez meses de encierro por motivo de la pandemia de coronavirus que ha afectado al mundo, la postura higienista del gobierno federal parece cumplir con los cánones establecidos por los epidemiólogos no sólo de México, sino de todo el mundo. Sin embargo, los resultados no han sido los mejores y se apuesta porque las distintas vacunas desarrolladas permitan que se regrese a la normalidad. Obviamente, la ciudadanía ha tenido que enfrentar mentiras de los encargados de la Secretaría de Salud, dobles discursos, manoseos de la información estadística, sino lo peor: las personas siguen muriendo por causa de este virus; otros comienzan a somatizar la enfermar, a desarrollar un trastorno facticio, ante la saturación de discursos mediáticos sobre los enfermos; unos más de no soportar una vida que no es la suya; otras, de atender la educación de sus hijos en una triple jornada laboral; entre muchos otros males que ha generado la autovigilancia, el panoptismo de sí.

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No obstante, los muertos continúan. Algunos por contagios y otros muertos del miedo a morir. En el país hay un millón 588 mil casos de contagios confirmados de coronavirus y han fenecido 136 mil 916 personas, lo cual parece indicar que el gobierno mexicano no está actuando correctamente. Quizá allá algún ferviente seguidor o feligrés del Dr. Hugo López-Gatell que piense que la imposibilidad de hacer decaer la famosa curva de contagios es por el mal comportamiento, la indisciplina y la desobediencia (así de victoriano el asunto) a las medidas sanitarias-punitivas, pero sería interesante preguntarse, ¿por qué salen las personas ante la brutalidad del discurso higienista que amenaza con la muerte acechante de forma permanente? 

Sólo uno que otro privilegiado, fifí, pequeñoburgués, sindicalizado o cualquiera de esos personajes que tienen el lujo de quedarse en casa y recibir su salario íntegro por transferencia electrónica podría afirmar que los millones de trabajadores que mantienen este país son unos negligentes. La asepsia médica también implica una desinfección moral y parece que la libertad y la necesidad, cualquiera que sea el caso, ahora se tildan de excesos. 

Pero hay otra manera de matar a las personas y no precisamente por los virus. Hablo de los miles de trabajadores que han perdido su empleo, les han disminuido el salario o están esperando los mismos privilegios de abrir sus negocios, tal como estaban abiertos en Zipolite, Oaxaca, y que visitó el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud. Bien diría Nietzsche: tienen tanta moral que la tienen doble. Pero, ¿se imagina usted vivir sin percibir sueldo o a la mitad del que tenía, por casi 10 meses? Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 44% del empleo total se verá afectado, así como 24 millones de trabajadores obtendrán menor salario del percibido hasta hace unos meses y la tasa de desempleo será de cerca de 6 millones (11.7%) de personas. Las políticas de distanciamiento físico y restricciones a la movilidad han limitado las perspectivas de empleo. ¿Se imagina ser una de estas personas?, ¿quién cree que son los más afectados ante estas medidas?

La salud es un derecho humano y el Estado debe garantizarla. El trabajo también lo es y el propio Estado está obligado a asegurarlo. No obstante, parece que ninguna de los dos derechos los ha garantizado. ¿De qué preferimos morir? Este gobierno ha mostrado incapacidad en la solvencia de la situación y lejos de generar un sistema público de cuidados, sigue culpando a la ciudadanía de negligente y peligrosa social por salir a buscar qué comer, cómo respirar… cómo vivir. 

Picaporte

La vacuna contra la Covid-19 no es un regalo de Morena, una dádiva de Andrés Manuel López Obrador y su gobierno, es un derecho humano, una obligación del Estado. O, ¿ya van a salir con que hay que darles gracias, como los antiguos priistas publicitaban, por pavimentar calles, colocar alumbrado público o drenaje? Huele a los años 60 y 70 en México.

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