El poder de la mentira y el odio en la política

Martes, Enero 12, 2021 - 13:44

La mentira y el odio son en el caso de Trump narrativas para gobernar y retener el poder

Politólogo, profesor investigador de ciencias políticas de la Ibero Puebla

Juan Luis Hernández*

 

Atravesamos horas muy oscuras en la política global. El asalto al Capitolio el pasado 6 de enero por parte de fanáticos desinformados y cuyo sistema de creencias está basado en la ley del más fuerte, hace patente el poder de la mentira y el odio como narrativas para gobernar, o para retener el poder, en el caso específico de Trump.

El aún presidente de EU ya gobernaba con una muy alta estadística de mentiras, pero ha sido el mejor ejemplo de cómo esas mentiras no sólo no lograron minar su credibilidad en un sector importante de la población, sino que le supuso pelear la retención de la presidencia con 75 millones de votos, la segunda votación más alta de la historia de las elecciones en el país vecino. Bastó una sola de sus mentiras, repetirla hasta la saciedad (“perdimos porque nos hicieron fraude”) para que sus fanáticos hicieran el resto de la estrategia, a saber, que Biden llegue a la presidencia con un país divido y con millones que no lo reconozcan como presidente.

El asalto al Congreso de Estados Unidos por hordas de odiadores representó uno de los acontecimientos históricos más notables de lo que va de este siglo, en principio, por tratarse de una insurrección social de ciudadanos contra élites políticas acostumbradas durante más de doscientos años a no tener este tipo de incidentes. Pero en segundo lugar, esta movilización histérica y al mismo tiempo como si se trata de un reality show, mostró la enorme irresponsabilidad de quien utiliza el discurso político para dividir y agitar los prejuicios sociales con una buena dosis de propaganda nazi, es decir, insistir incesantemente en una mentira para que termine asumiéndose como verdad en los consumidores/fans.

Asistimos a una tolerancia social inédita frente a la imposición de la razón cínica por parte de quienes pelean el poder y por parte de quienes se aferran al poder. Twiter y Facebook tuvieron afectaciones en sus acciones de la Bolsa de Valores al cerrarle sus cuentas a Trump, demostrando que la mentira vende, y vende muy bien. Grandes segmentos sociales están empoderando la mentira y el odio en sus redes sociales impulsando cada vez más un estado de naturaleza en la que “el hombre es el lobo del hombre”. Los fanáticos que asaltaron el Capitolio además, parecen convencidos de la agenda de los NO derechos, quieren regresar al Estados Unidos previo a la guerra civil en la que los blancos podían cazar a la población afrodescendientes como animales y regresarlos a la condición de esclavitud que añoran. Esos sentimientos no están lejos de lo que desean hacer con los migrantes latinos, específicamente los mexicanos.

Hay quienes piensan que el asalto al Capitolio fue un accidente y que Estados Unidos regresará a la normalidad. Nada mas alejado de ello es hoy la realidad del país cuyo imperio y hegemonía atraviesa el destino de decadencia y declive de quien en su momento fue la gran potencia global. En estos días se cocinan nuevas insurrecciones en varias capitales norteamericanas el día de la posesión de Biden, los insurrectos seguirán amenazando con la violencia para mostrar que el trumpismo seguirá teniendo poder aunque no tenga la presidencia. El liderazgo de Biden y de los demócratas estará a prueba como nunca. Los Estados Unidos entrarán a un túnel oscuro e incierto para los próximos años en donde se seguirá hablando con mayor intensidad de que los humos de la guerra civil del siglo XIX parecen reactivarse en las calles del siglo XXI.

En México no podemos ver este triste espectáculo con indiferencia. Nuestra politización y la dosis de mentiras de nuestras élites políticas tampoco están para festejarse, ni las narrativas de odio que pueblan las redes sociales mexicanas son para vanagloriarnos. Durante mucho tiempo fue muy fácil acusar a los de arriba de irresponsables, autócratas y corruptos. Hoy esa irresponsabilidad, ese talante autoritario y esa corrupción se cocina día a día en la propia conciencia de la gente común y corriente, en quienes agitan sus redes sociales pensando que no va a pasar nada con sus insultos y sus deseos de muerte hacia los demás. La banalidad del mal atraviesa de arriba/abajo nuestra convivencia.

Con la contienda electoral de 2021 no permitamos que la mentira y el odio terminen por instalarse definitivamente en nuestra vida pública.

 

 


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