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OPINIÓN

Educar en el 2021

Para este reto se requiere flexibilidad enlazada a la creatividad y a la innovación

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Domingo, Enero 10, 2021

“La educación sin utopía es inconcebible”

 Pablo Latapí Sarre

 

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Inician con el nuevo año las actividades escolares en los diversos niveles y modalidades. Sin duda el reto sigue presente en esta reanudación de procesos escolares que en este 2021 sigue siendo de incertidumbre, especialmente cuando seguimos inmersos en una nueva ola de contagios dentro de una pandemia que parece no ceder.

En este escenario son pocas las certezas y muchos los cuestionamientos, especialmente en una escolarización que de manera general ha sido diseñada a partir de estructuras  demasiado rígidas que no favorecen la transformación, por lo que en la disrupción a la que nos seguimos enfrentado, sigue presente la posibilidad de abrir escenarios mucho más flexibles en donde los espacios físicos (ahora trasladados a los hogares) los horarios, las evaluaciones, los currículos, las estrategias, los materiales sean adaptados a las nuevas realidades.

Nuestras estrategias tienen que estar en permanente evolución, en donde la flexibilidad esté enlazada a la creatividad y a la innovación, en donde la experimentación y el ajuste sean una constante en la tarea educativa, teniendo en mente que educar implica fijar la mirada en un horizonte prometedor, donde la educación ocurre cuando se presenta una transformación con la convivencia (Maturana, 2109).

Esta transformación se realiza   a partir de la relación pedagógica que se establece en los encuentros, entre el maestro y la maestra con sus alumnos, en las relaciones con sus pares y con los otros en su contexto inmediato. Para lograrla, es indispensable cambiar algunos conceptos e integrar visiones que antes habían estado segregadas, como el dimensionar a la escuela como un ecosistema en el que se promuevan las relaciones emocionales, promoviendo el diálogo y la convivencia.

Mucho de la escolarización se plantea a partir de una visión homogénea, donde a todos se les enseña lo mismo esperando los mismos resultados, el pretender que todos nuestros alumnos son iguales, es negar el principio básico de la diversidad natural; así también la manera expositiva que se sigue utilizando en los espacios virtuales, desconociendo que las preguntas forman parte del ámbito en el que vivimos y crecemos, porque todas y todos nos construimos y trasformamos en la convivencia.

Reconocer la diversidad y escuchar a nuestros alumnos a partir de sus preguntas es fundamental, diversas investigaciones muestran que este confinamiento está afectando anímicamente a nuestros alumnos, extrañan a sus compañeros en una edad en la que éstos son esenciales. En la educación superior se suma el factor de la incertidumbre, pues justamente es la edad en la que están haciendo su plan de vida, no pueden prever lo que ocurrirá con su educación y mucho menos con su potencial trabajo o fuente de ingresos (Limón, 2020) además de que, sin la relación cara a cara, sus interacciones se van mermando, lo cual les afecta también.

Según Schmelkes (2020), existen tres factores que confluyen en el impacto sobre la educación superior: el económico, el tecnológico y el organizativo-pedagógico, la confluencia de estos factores genera la ampliación de la desigualdad educativa, el abandono escolar y el déficit de aprendizajes debido a las deficientes condiciones en los hogares.

Ante esta situación, nuestro principal reto es el de la transformación, de convertirnos en   líderes en nuestros espacios de influencia y abrazar el cambio, no podemos dejar de lado la enorme responsabilidad que compartimos en la construcción de un mundo mejor para nuestros alumnos hoy y en el futuro.

Pensemos un momento ¿Por qué no emociona la educación a los jóvenes? Porque pierden paulatinamente el interés por estar en un lugar en donde no pueden hacer preguntas, donde se le ubica y explica un mundo que nos les hace sentido. No basta en llevar al aula las emociones como temática, porque el asunto no es hablar de las emociones, el reto es vivenciar un espacio emocional donde haya adultos que respondan a sus preguntas, que, si bien les ayuden a explicar el mundo, los escuchen, los vean, los reconozcan como seres humanos que piensan, sienten y hacen.

Las emociones son el fundamento de todo lo que hacemos en nuestro vivir y ese fundamento tiene un trasfondo fisiológico en la configuración de sentires íntimos, educar no es entregar saberes, es educar el sentido de búsqueda de los alumnos, de seguir preguntando para seguir conociendo el mundo transformándose en la convivencia.  

Les invito a compartir conmigo en este 2021, la utopía de Pablo Latapi Sarre, de que la tarea de educar contribuye a lograr un mundo más justo y mucho más feliz.

 

Referencias:

Limón, M. (2020). “La Rebeldía”. México: Valora Consultoría. Recuperado de: https:// valora.com.mx/autor/miguel/

 

Maturana, H. (2016) La educación que emociona. https://youtu.be/nGelXaLivVM

 

Schmelkes, S. (2020) “La educación superior ante la pandemia de la COVID-19: el caso de México” Universidades núm. 86, octubre diciembre 2020 U DUAL

 

 

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