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OPINIÓN

Navidad en Pandemia

Extrañamos la convivencia y estar juntos, pero sabemos que el riesgo es muy grande

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Martes, Diciembre 22, 2020

Solo los esfuerzos conjuntos,

podrán garantizar nuestra sobrevivencia

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Corría marzo de este año, mis planes inmediatos eran viajar en familia, con amigos, así como realizar diversos proyectos aquí y en el extranjero. Poco a poco, me he ido adaptando al nuevo tiempo para seguir el camino aun con pandemia, aunque también tengo que decirlo, nunca pensé que llegaríamos a estas fechas con una nueva oleada del SARS-COV-2 y hasta con una nueva cepa, que apareció en Reino Unido.

Para mí, la Nochebuena y la Navidad siempre han estado permeadas de emociones y sentimientos. En familia, de niña disfrutábamos en la casa de los abuelos este tiempo, mi abuelita siempre guisaba cosas ricas y mi abuelo buscaba la manera de hacernos sentir amados y unidos.

Mi mamá tenía la tradición de acostar, tradición heredada de sus padres, al niño Dios paseando a los peregrinos, cantando la letanía, los versos para pedir posada, entregando aguinaldos y arrullando a los niños que tuviera en casa, para después colocarlos en el nacimiento antes de cenar, el 24 de diciembre.

Ante esta nueva realidad, hay que adaptarse. Sigo esperando con mucho cariño, agradecimiento y esperanza esa noche, que al igual que la de Reyes Magos, considero que es mágica por todo lo que significa.  Mi familia y yo hemos seguido la tradición, he contagiado a mi hija y a mi hijo con la magia de este tiempo, que ahora mi hija cultiva con mi nieto, al otro lado del mar.

Esta magia en el 2020, adquiere otra dimensión. Por convicción propia hemos decidido todos, respetar las medidas sanitarias, no solo por nosotros, también por los demás.  Si bien, todos extrañamos la convivencia y la calidez de la cercanía, el viajar y estar juntos, sabemos que el riesgo es muy grande, por lo que decidimos celebrar la noche solo con mi hijo y su esposa, acostando al niño Dios e interaccionando con los demás, de manera virtual.

Ha sido un año difícil y complejo, que ha requerido de un proceso de adaptación tanto personal como colectivo, si bien las historias de vida son diversas y las experiencias también, observo que buena parte de la población hemos aprendido una manera diferente de ver la vida, afrontando con empatía y resiliencia los cambios que se han requerido para conservar la salud.

Se que hay muchos riesgos, como que el aislamiento, el rencor y la violencia trastoque nuestras vidas en este extraño tiempo de virus, pero que podemos contrarrestar asumiendo que la vida de todos los demás, valen tanto como la de nosotros mismos y que quienes piensan diferente a nosotros, no son nuestros enemigos.

En esta Nochebuena, les invito a imaginar un nuevo futuro libre, justo e igualitario, reconociendo nuestra fragilidad como raza humana ante una amenaza latente para la que no existen fronteras ni nacionalidades, todos somos iguales y todos estamos expuestos, no podemos bajar la guardia, es por el bien de todos.

Mi deseo de Navidad para todas y todos, es que aprendamos a reencontrarnos en un abrazo colectivo que nos permita salir airosos en nuestro enfrentamiento diario con la Covid-19. Siempre les invito a construir esperanza, ahora es importante seguir intentándolo desde nuestros diversos ámbitos, para que la paz y el amor estén presentes en nuestras vidas, ante la necesidad de un mundo mucho más igualitario y consciente.

 

 

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