Dos mil veinte, sin duda, un año que dejará marca profunda en la historia de la humanidad; se experimenta, una eventualidad que ha significado muchas cosas, dependiendo del ángulo desde donde se mire.
Contingencia sanitaria, que evidenció la precaria estructura con la que cuenta nuestro país, para hacer efectivo el derecho a la salud; escasa y deficiente infraestructura física, así como históricas carencias en la formación del personal médico, tanto en número como en perfiles profesionales, sin olvidar el evidente descuido, rayando en la indiferencia, entre la población, por su propia salud.
Más artículos del autor
Dada la naturaleza de la eventualidad que se enfrenta, la salud es el aspecto central por atender; sin embargo, no se puede dejar en el olvido, el caso de la educación; de hecho, se puede hacer un paralelismo con salud, ya que la situación que se evidenció, es prácticamente la misma. Como ejercicio, podríamos copiar parte del texto anterior y trasladarlo al caso de la educación, veamos: Contingencia sanitaria, que evidenció la precaria estructura con la que cuenta nuestro país, para hacer efectivo el derecho a la EDUCACIÓN; escaza y deficiente infraestructura física, así como históricas carencias en la formación del PROFESOR, tanto en número como en perfiles profesionales, sin olvidar el evidente descuido, rayando en la indiferencia, entre la población, por su propia EDUCACIÓN.
Con este marco, resulta aceptable pensar en aprovechar la experiencia coyuntural, para salir mejorados, tanto en materia de salud, como en la educativa, y en general, en todo aquello que se traduce en bienestar de la población; pero, ¿Quién es responsable y quién se responsabiliza de la educación en nuestro país?
Por una parte, desde el marco normativo, en nuestra Constitución, se establece, que, es el Estado quien ejercerá la rectoría en materia educativa, que establecerá un sistema nacional de planeación democrática para hacerlo posible y que, se conforma un sistema educativo nacional para su articulación.
Dicho lo anterior, algunos pensarán que “el gobierno”, tal vez confundiendo la figura de Estado que se menciona en nuestra Carta Magna; habría que decir, que cuando se habla de gobierno, se hace referencia al grupo de empleados, con la función de administrar los asuntos de interés público, incluidos desde los funcionarios “de alto nivel” hasta los propios profesores; claro que tiene responsabilidad, y para atenderla, cuentan con la Secretaría de Educación Pública. Lo mencionado, alude exclusivamente al poder ejecutivo, por lo que es necesario, considerar, también, la actuación de los dos poderes restantes: el Judicial y el Legislativo; con otra parte importante de la responsabilidad.
Al hablar de Estado, surge de manera complementaria, la figura de ciudadanía; que haría referencia a la acción de la población, en la definición y realización del proyecto nacional. Se traduce entonces, en participación en la toma de decisiones, así como en su ejecución y seguimiento; en otras palabras, involucramiento de la población, en los asuntos que le afectan.
Hoy, estamos ante la posibilidad de cambiar el histórico enfoque de la “educación para todos” que implica que alguien o algunos, en alguna parte, toman las decisiones y giran instrucciones para que alguien más, en algún lugar, las ejecute; representando para la población, una situación muy conveniente, que lo libera del compromiso de “molestarse” en participar. El cambio de rumbo, estaría en promover la “educación con todos”, impulsando la democracia participativa, generadora de las decisiones y seguimiento de lo que se ha de hacer, en materia pública.
Lo anterior, implica, invertir el histórico sentido vertical descendente en la toma de decisiones, por uno vertical ascendente que permita, la definición de procesos educativos adecuados a los contextos diversos, que caracterizan a un país complejo, como México, y que, desde luego, encuentra eco, en el entorno Poblano.
La oportunidad, estriba, en asumir la responsabilidad que se tiene, de acuerdo a la posición en la que cada uno de nosotros se encuentre, así como enfrentar el compromiso, con los recursos de los que cada quien disponga.
La expresión del pensamiento y el sentimiento, buscando el diálogo informado, lo concibo como una de las formas posibles de participación; es por esto, que espacios como E-Consulta, representan la posibilidad para el re encuentro constructivo de alternativas, lo cual es de agradecer, pero que encuentra sentido, solo cuando se ejerce.
Siempre con Esperanza, pero… siempre en movimiento.