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OPINIÓN

Semáforo rojo…personal

No hay un proceso sistemático de formación para enfrentar la pandemia

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Domingo, Diciembre 6, 2020

El aumento de contagios y el relajamiento de las medidas preventivas para detener el avance de la Covid- 19, ha obligado a las autoridades a regresar el semáforo institucional en algunos municipios del país como Puebla y la ciudad de México, por la nueva ola de la marejada que seguiremos enfrentando por lo menos, lo dicen así los científicos, de 12 a 18 meses más. Recordemos que el semáforo de riesgo epidemiológico es un sistema de monitoreo para la regulación del espacio público de acuerdo con el riesgo de contagio de la Covid-19.

Esta pandemia, por si no lo hemos advertido,  representa una de las mayores pruebas a las que se han enfrentado la humanidad en los años recientes, según se puede escuchar en el sitio “Lecciones de la Pandemia” de la fundación UNAM(1) en donde se sostiene que las infecciones emergentes causadas por priones, virus, bacterias u organismos   en los últimos cincuenta años, han aumentado su distribución geográfica, infectado a una mayor cantidad de humanos y   han evolucionado a nuevas cepas aumentado su patogenicidad.

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Y esto no es gratuito, es una respuesta de la naturaleza ante las actividades humanas que han alterado significativamente tres cuartas partes de la superficie terrestre y dos tercios de los océanos, especialmente por lo cambios de uso de suelo. Es un hecho que las epidemias han modelado la historia de nuestra especie, historia que a veces, parecemos no recordar.

Es muy complejo lo que estamos viviendo y lo que nos espera en los próximos meses es una sucesión de epidemias a manera de olas como la que ahora estamos enfrentando, ante lo cual es indispensable ajustar nuestras actividades a la situación epidemiológica, aún con la existencia en el horizonte de cierta esperanza por las vacunas que se están desarrollando.

Este ajuste de actividades sin duda, tiene que ver con la educación, con esa educación que de pronto parece perderse entre las decisiones burocráticas, la imposición de ciertas reglas, la prioridad de los contenidos y la evaluación, ante lo cual hay que añadir también, la escasa atención que se está brindando a las afectaciones socioemocionales de muchos niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y hasta adultos mayores.

Pienso que requerimos reencontrarnos con el sentido social que implica la tarea de educar, que permita al mismo tiempo que se desarrolla la sociedad en la que vivimos, promueva una mejor calidad de vida para todos los mexicanos. La pregunta fundamental es, por tanto ¿estamos centrados en esto, en un país donde la mayor parte de los retos están relacionados básicamente con la pobreza y las desigualdades existentes?

Nuestra vida en colectivo, depende de lo que los miembros de una sociedad en general piensan, sienten y hacen. El escaso interés que muchos mexicanos presentan ante las medidas recomendadas para prevenir el aumento de contagios, parte de una falta de formación para la prevención de la salud.

Si partimos de esa afirmación, entonces ¿por qué insistir en las evaluaciones, evidencias y papeleo exagerado en los procesos escolarizados, por ejemplo, si en este momento lo más importantes es conservar la salud? Si bien se ha invitado a la sociedad mexicana a través de conferencias, discursos y de spots entre algunas estrategias para atender las recomendaciones, no se ha realizado un proceso sistemático de información y formación para enfrentar la pandemia.

Me he preguntado muchas veces, porque no se realiza una cruzada educativa para contrarrestar los efectos de la Covid 19 iniciando en las escuelas, para proyectarla transversalmente con las familias, los medios de comunicación, las instituciones y la sociedad en general. Creo firmemente que hemos desperdiciado el papel fundamental que los maestros pueden realizar como aliados de la salud, asumiendo esta tarea, ya de por si compleja, pero que necesitamos enfrentar.

Estamos ante una catástrofe, esta es la realidad de la cual no nos percatarnos socialmente ya que parece que no se reflexiona en que el control de la trasmisión depende del control del trasporte del virus. Recordemos que el contagio se efectúa por la cercanía con los demás en lugares cerrados principalmente, por el contacto personal mediante el “aerosol” que expulsas al hablar, gritar o cantar, ya que está compuesto por una nube de microgotas que flotan en el aire y que pueden transportar el virus y que puede ser inspirado por un huésped sano, también cuando se toca la nariz y la boca con las manos que no han sido lavadas con agua y jabón o desinfectadas previamente.

Hay muchas personas que están en contra de las medidas preventivas, ya sea por ignorancia, desinformación o porque se han utilizado por diversos actores políticos para denostar al gobierno actual, sin percatarse que eso, afecta lo que colectivamente podríamos hacer ante la unión necesaria que se requiere en esta lucha contra el virus, por eso mi insistencia en formar ciudadanía en salud preventiva.

Si bien, el uso de lo cubrebocas no basta para contrarrestar el contagio, porque debe estar asociado al lavado de manos, al empleo cotidiano de gel, a la sana distancia, a no asistir a eventos masivos ni a reuniones mayores de cinco  personas en lugares cerrados, el que López Obrador no lo utilice muestra falta de congruencia, porque parece olvidar  que : “ es una obligación bioética recomendar su uso y es obligación del estado normar su uso obligatorio”( Fundación  UNAM, 2020 ).

La eficiencia del uso del cubrebocas tiene que ver con evidencia científica, siempre y cuando esté bien colocado y limpio, porque evita que un infectado contagie, disminuyen el riesgo de infectarse y no tienen efectos adversos o tóxicos, además, su uso también muestra el sentido común.

La alarma reciente se basa en un posible colapso de los servicios médicos, dentro de un sistema de salud heredado por décadas, con déficit en todas las áreas, mantenimiento y conservación inexistente en mucho tiempo, insuficiencia presupuestal, de recursos humanos y equipamiento dentro de procesos de cambio de administración y un cambio radical del sistema de salud con recorte presupuestal en marcha, lo cual no solo es responsabilidad del actual gobierno (Ponce de León, 2020 (2)).

Por tanto, mientras la humanidad en su conjunto no alcance la inmunidad de rebaño así como la aplicación masiva y efectiva de una vacuna en el mediano plazo, no tenemos alternativa más que formar   en este tema, basta ya de posturas ideológicas y discusiones que solo contaminan más el ambiente en el que vivimos , tenemos que aprender todos a gestionar la pandemia y lo primero es que individualmente nos pongamos en semáforo rojo: no salgas si no es estrictamente necesario, porque nuestra salud depende primero de nosotros mismos y después de todos los demás, educándonos en  la prevención.   

Invitación: No olviden el próximo jueves a las 6 de la tarde, nuestro Encuentro Educativo con la temática: “De consumidor a prosumidor, un reto en la era digital”. Todas y todos invitados. 

Referencia

1 Lecciones de la pandemia. Foro 2020. Origen y alcances de la Covid 19. Fundación UNAM en https://www.fundacionunam.org.mx/que-hace-la-unam-frente-a-la-covid-19/

2 El Dr. Samuel Ponce de León es Coordinador de la Comisión de Respuesta a la Epidemia Covid-19 de la UNAM. Es investigador del nivel III del Sistema Nacional de Investigadores.

 

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