“El miedo y la pobreza me sacaron de mi pueblo”

Jueves, Noviembre 26, 2020 - 15:35

En Marta no se asoma la derrota. Embiste la vida con enjundia

Es periodista y profesora para el Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Dartmouth en Hanover, New Hampshire

Fairlee, Vermont. El poeta salvadoreño Javier Zamora, cruzó las fronteras  de Centroamérica  y de México para llegar  hasta sus padres que radicaban en Los Angeles, California a la edad de nueve años. En una entrevista que le hacen al joven escritor en “Séptimo Sentido”, él habla de su libro Unaccompanied que es un relato de la migración de un niño que atraviesa solo, sin familia las fronteras de Centroamérica y el desierto, y dice: “Los migrantes no somos el trauma, nosotros somos también la felicidad.” Palabras estas que resuenan con la historia de Marta. 

En esta ocasión “Manos que hablan” conversó con Marta, oriunda de Altotonga Veracruz, quien tiene poco más de un año de haber llegado al Upper Valley y para quien esta travesía migratoria es sólo un paso mas para conquistar el sueño del retorno a México con su familia. 

En Marta no se asoma la derrota. Marta embiste la vida con gratitud y entusiasmo. Con enjundia.

Iniciamos nuestra conversación con la pregunta de siempre:

-¿Qué significan para usted sus manos?

-Mis manos son lo más importante. Sin ellas no sería nada. Mis manos son el medio con el que puedo ayudar a mi familia. Mis manos son las que dan bienestar a mis seres queridos.

Marta soba una vaca de la granja en Nueva Hampshire. 

Marta comenzó entonces a relatar su historia personal, el viaje, la travesía, los desafíos, los miedos…

-Yo salí de Altotonga un 24 de mayo del 2019. Salí llena de miedo. Mi miedo era no lograr el sueño de poder ayudar a mi familia a salir de pobreza en la que nos encontrábamos todos. Ese miedo y la pobreza me sacaron de mi pueblo. El miedo me acompañó en todo el viaje para llegar hasta acá, seguí hasta que logré llegar. Nosotros cruzamos por Reynosa y por MacAllen.  

A mí me acompañaron dos miedos en este viaje. El miedo a cruzar y no saber qué me esperaba, pero tenía otro miedo que era más fuerte. Era un miedo peor. El miedo a que me retacharan a la pobreza, a la precariedad económica que vivía con mi familia. Este miedo fue el que me impulsó a cerrar los ojos y a aventarme con toda mi enjundia a lo desconocido. A seguir adelante, a correr, a brincar las mallas, a caminar, a nadar por los canales. A seguir caminando.

“El costo fue muy alto. Nos ofrecieron pasarnos por $12,500 dólares hasta Nueva York. Me tardé un año en pagar el préstamo. En poco más de una semana ya estaba yo acá en Nueva Hampshire. El recorrido más largo fue el de Houston hasta Nueva York porque la persona que me trajo tenía tres niños y tuvimos que hacer muchas paradas. Llegamos en tres días.”

 

Marta en su trabajo diario con las vacas en la granja lechera.

-¿Cómo ha cambiado su rutina ahora con el coronavirus?

- Realmente para mí no ha cambiado en nada. Siempre hemos estado en esta situación, así como aislados, sin salir a ningún lado, sin ver a nadie. Yo todo el tiempo estoy en el rancho trabajando o estoy en mi casa y mi casa está adentro del rancho. No, yo no he sentido la diferencia. De por sí aquí ni salimos.

¿Qué es lo que más extraña?

-Extraño la familia, la gente, el caminar libremente, el salir a divertirse. Extraño ir a la playa. No es fácil estar acá, se vive con miedo a que lo puedan agarrar a uno y lo regresen. Extraño los taquitos. Estar aquí no es fácil. Las muchas horas de trabajo con las vacas son duras. Para aguantar el frío me despierto, veo el clima helado y agradezco un día más con fuerza para librar el día. Pienso en que tengo un buen trabajo y no me rajo.  Trabajo diez horas al día con un intervalo de dos horas para el almuerzo. Aprovecho esta oportunidad a todo lo que da. Es una oportunidad maravillosa. Es mucho el sacrificio de estar aquí, lejos de la familia que es todo. Sin libertad. En México, al menos allá en mi pueblo, sales y nadie te dice nada. Aquí sales con un poco de miedo. Pero yo agradezco cada día de trabajo que tengo.

Marta y sus manos de fé.

 

Para finalizar mi conversación con Martha le pregunté si creía en el sueño americano a lo que respondió:

- Para mí el sueño americano es ganar y dar lo mejor para todos mis seres queridos, tener lo que jamás he tenido, apoyar a mi familia económicamente y seguir siendo humilde a pesar de todo. Mi sueño es ahorrar para poner un negocito y salir adelante cuando regrese. Cuando llega el invierno me preparo. Me levanto agradecida por un día más para mi futuro y un día más de trabajo, que significa un día menos de estar aquí. Porque el sueño es regresar a mi pueblo. Todo esto que hago no es sólo por mí. Es por toda mi familia. Eso es lo que me motiva a seguir trabajando.

A Marta y a sus manos de enjundia, de valor, de gratitud y de fe, dedico esta columna.

mcdegreiff@yahoo.com.mx 


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