El pasado 25 de octubre en Chile, con un 78% de los votos a favor se dio el primer paso para la creación de una nueva constitución que remplace la Constitución de Pinochet. Este suceso fue resultado de las protestas masivas en 2019 que visibilizaban cómo el sistema económico es el causante de muchas de las desigualdades sociales. Por lo que la creación de esta nueva constitución dará paso a una sociedad más equitativa y democrática.
Este suceso histórico en Chile no sólo cambia el rumbo de su país, también demuestra la magnitud y el impacto que tiene la voz de las personas para cambiar las problemáticas sociales, abriendo camino a otros países latinoamericanos para seguir exigiendo una mejor calidad de vida y respeto a sus derechos.
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En México, este año se han dado eventos históricos resultado de movimientos sociales que exigen justicia y un país sin violencia. Antes de la pandemia, todo el país fue testigo de las marchas del 8 de Marzo; miles de mujeres en diferentes partes de la República gritaron por las que ya no están y exigieron justicia por sus muertes. Y un día después, todas las mujeres permanecieron en casa para mostrar lo que sucedería si ninguna volviera.
En el caso de Puebla, unas semanas antes del inicio de la contingencia, miles de estudiantes pararon sus labores académicas para salir a exigir justicia por el asesinato de tres estudiantes y un chofer de Uber, y el derecho a poder vivir con tranquilidad. Ambos movimientos, expresaron el sentir de hartazgo social hacia la situación del país y mostraron el poder que puede llegar a tener una sociedad unida.
A pesar de la contingencia, los escenarios de desigualdad y violencia no disminuyeron, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) durante 2020 se han registrado 178 mil 31 llamadas de emergencia relacionadas con violencia de género. Y Puebla ocupa el quinto lugar con más casos de feminicidios en el país.
En cuestión de desigualdad, la pandemia también hizo visible el problema de el desempleo y el trabajo informal, donde este sector fue el más afectado. De acuerdo con datos de la UNAM, el 54.7% de las personas que trabajan, son parte del sector informal. En cuestión educativa, el 40% de la población mexicana no tiene acceso a internet, según datos del INEGI; lo que dificulta las clases en línea para miles de alumnos de todos los niveles.
Este período de confinamiento que aún no termina completamente ha mostrado realidades que no son del todo visibles para algunas personas: violencia de género, un sistema educativo deficiente, brechas tecnológicas, delincuencia, pobreza, desempleo, desabasto de medicamentos en hospitales, polarización, entre muchas otras. Estas problemáticas son imposibles de ignorar y requieren la atención de todos los ciudadanos para ser resueltas.
La protesta social es una de las maneras que obliga a las autoridades a resolver los problemas que afectan la integridad y la calidad de vida de las personas. Una sociedad que luche por una misma causa puede dar paso a un cambio estructural que garantice los derechos de todos y elimine la desigualdad. Los movimientos sociales aún tienen un terreno complicado para las luchas actuales, sin embargo, como se demostró en Chile, este camino no es imposible.