Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Reconocer al SUNTUAP: obligado e impostergable

Justo tras 40 años de su fundación y de 25 de permanente represión y hostigamiento

Germán Sánchez Daza

Doctor en Economía por la UNAM, trabajador académico en la UAP desde 1982 y actualmente integrante del Centro de Estudios del Desarrollo Económico y Social por la misma institución.

Miércoles, Octubre 28, 2020

El próximo jueves 29 de octubre el Sindicato Unitario de Trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla (SUNTUAP) efectuará una manifestación para exigir su reconocimiento (toma de nota) por parte de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA). 

A cuarenta años de su combativa fundación y de veinticinco años de permanente represión y hostigamiento institucional-gubernamental, los integrantes del SUNTUAP exigen justicia y respeto a su derecho de libre organización y manifestación. A lo largo de varias décadas, el Estado convirtió lo que era un simple trámite administrativo (toma de nota) en un muro de contención de la formación y funcionamiento de organizaciones independientes y democráticas de los trabajadores, protegiendo así al aparato corporativo sindical, usando a las JLCA como instrumentos de los intereses patronales y del Estado. Este mecanismo ha sido utilizado contra el SUNTUAP desde mediados de la década de los noventa, con la finalidad de proteger los intereses de las autoridades institucionales y la implementación del modelo universitario neoliberal (privatizador y mercantilista), contando con el apoyo de los gobiernos estatales (PRI-AN); por esto, además se exige la destitución del actual presidente de la JLCA, que mantiene esa línea antisindical -además debemos destacar que es herencia activa de esas administraciones prian, aun cuando fue nombrado por la gestión del actual gobernador. 

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SUNTUAP y sindicalismo universitario

A cuarenta años de su formación y considerando el contexto actual de cambios en la educación superior y en la legislación laboral, es pertinente recuperar la experiencia sindical universitaria, pues hay enormes transformaciones en las diversas actividades académicas, así como en las condiciones en las cuales se desenvuelven las relaciones laborales.  

En este sentido, es recomendable la revisión del trabajo de Flor Coca Santillana (1987), que nos ofrece un detallado y excelente análisis de la conformación del sindicalismo universitario; en él, Flor destaca el contexto de su surgimiento, como parte de las repercusiones de los movimientos del 68, de la resistencia obrera ante el agotamiento del proceso de industrialización y de la crisis económica de la década de los setenta. En 1972 se conforma el Sindicato de Trabajadores y Empleados de la UNAM, dos años después se conforma la Federación de Sindicatos de Trabajadores Universitarios (FSTU), que para 1977 ya contaba con más de 20 sindicatos universitarios del país; en este mismo año se fusionan los sindicatos de empleados y académicos de la UNAM, dando origen al STUNAM.

Entre los distintos aspectos que confronta el sindicalismo universitario y que analiza Flor Coca, destacamos: a) su lucha por que sean reconocidos sus derechos plenos como trabajadores, por lo que reivindican su inserción dentro del apartado A de la legislación laboral (el B era para los trabajadores del Estado); b) el establecimiento de la bilateralidad en las relaciones de trabajo, lo cual llevó a la confrontación con las autoridades institucionales, el caso de la UNAM fue un claro ejemplo de su resistencia; c) el desarrollo de conflictos intrasindicales y el predominio de una corriente política de izquierda, que fue cuestionada por instrumentalizar a los sindicatos, lo cual mostraba la dificultad de alcanzar un funcionamiento plenamente democrático.

Para el caso de la UAP, nos plantea Coca Santillana que el surgimiento del sindicalismo universitario tiene como contexto: a) la industrialización tardía de Puebla, lo cual planteó la necesidad de adecuar los programas universitarios; b) el desarrollo de la Reforma Universitaria, iniciada en 1961, y que confrontó a las posiciones de derecha (FUAS-YUNQUE); c) la asunción de las corrientes democráticas a la gestión universitaria, siendo hegemonizadas por las posiciones del PCM; d) la amplia movilización de movimientos populares -obreros, estudiantiles, campesinos-, destacando en 1973 la formación de la UPVA 28 de Octubre.

De esta manera, en 1974 se conforma el Sindicato Único de Trabajadores de la UAP (SUTUAP) y un año después el de Trabajadores Académicos (STAUAP); son estas organizaciones las que negociarán y conformarán las primeras experiencias de regulación laboral en la Universidad. Estableciendo la bilateralidad, definiendo condiciones de trabajo, las formas de ingreso y ascenso, en fin, se firman contratos colectivos que van más allá de lo establecido en la misma Ley Federal del Trabajo. Destacamos que, para el caso de los académicos, se establecen los concursos por oposición para definir el ingreso y la promoción en las categorías. 

En 1979, se desarrolla la discusión en torno a la unificación de ambos sindicatos, las características laborales y los intereses comunes son los aspectos que se someten a debate, lo cual se resolverá hacia el mes de marzo de 1980, y en octubre-noviembre se registra formalmente el SUNTUAP y entra en funciones el primer comité ejecutivo electo. 

De la amplia exposición que hace Flor Coca del periodo 1980-1987, nos interesa destacar dos aspectos: a) el esfuerzo por establecer organismos sindicales democráticos, lo cual se tradujo en estatutos e instancias orgánicas que buscaban garantizar la libertad de expresión, la representatividad de los dirigentes y el derecho de las minorías, así como la determinación de las bases sindicales; b) la existencia de corrientes sindicales que desarrollaron una vida sindical muy dinámica.

Desde el punto de vista de las relaciones laborales, el trabajo de Flor Coca subraya el carácter paternalista que predominó en los primeros años de vida del sindicalismo universitario, las posiciones políticas de las autoridades permitían el fomento y auspicio de las organizaciones, al mismo tiempo que fortalecían las corrientes sindicales afines. Esto será cuestionado a mediados de la década de los ochenta. 

Finalmente, los trabajadores universitarios de esos años habían sido militantes, participantes y/o testigos de las movilizaciones y luchas de las décadas de los sesenta y setenta, en las cuales se construyó un modelo universitario que fue sintetizado como “crítico, democrático y popular”, por lo que la reivindicación de sus derechos laborales formaba parte ese modelo.  

La modernización universitaria y la agresión al SUNTUAP

En la década de los noventa -con la implementación del modelo neoliberal en la educación superior y la imposición de la administración dogerista- se transforma a la UAP, se “moderniza” y se da el golpe al SUNTUAP. Uno de los pilares de esa modernización era la destrucción de la bilateralidad de las relaciones laborales, el establecimiento de la flexibilidad laboral y nuevas formas de remuneración; para alcanzar esto el SUNTUAP era un obstáculo, razón por la cual su destrucción era fundamental para los intereses de la nueva capa burocrática-gerencial. Wil  Pansters lo sintetiza claramente (1997:186):

“Un elemento importante de política institucional a principios de los noventa fue el esfuerzo por enfrentar con eficacia al enorme número de estudiantes y a la gran cantidad de personal universitario, el cual una parte no estaba regulado. Puesto que ésta había sido una de las causas de mayor disidencia entre la Universidad y la Secretaría de Educación, entre 1991 y 1993 más de 1,300 trabajadores académicos y no académicos fueron despedido.”

Efectivamente, el modelo de la excelencia implicó un ajuste de la matrícula, una reformulación de los planes de estudio, parámetros cuantitativos de evaluación, gestión tipo gerencial, fomento de la cultura emprendedora (individualista), entre otros aspectos. En términos laborales significó el reinado de la arbitrariedad y la discrecionalidad de la nueva burocracia dorada, que se ha mantenido y reproducido como élite burocrática desde 1990 hasta la fecha. 

Al respecto, en su profunda investigación doctoral, Elva Rivera (2010: 219, 220) sintetiza: 

“Para contrarrestar al SUNTUAP, sindicato opositor al rector, en enero de 1994 se crearon desde rectoría dos organizaciones sindicales: el Sindicato Independiente de Trabajadores de la BUAP (SITBUAP) y la Asociación de Profesionistas Académicos de la BUAP (ASPABUAP). Doger Corte se apresuró a firmar un nuevo contrato colectivo con cada una de estas agrupaciones. El SUNTUAP, luego de protestar en la calle durante tres años, aceptó que se realizará un recuento en 1997, cuyos resultados arrojaron una mayoría para los dos nuevos sindicatos, declarándose así la derrota ‘jurídica’ del SUNTUAP. Concluía de este modo la fase del sindicalismo universitario de izquierda en la BUAP, que durante más de veinte años sostuvo las reivindicaciones de los trabajadores universitarios, y una injerencia en la contratación bilateral de los académicos.”

En un artículo que publiqué en febrero de 1995, señalaba: “La anulación del registro sindical al SUNTUAP es un hecho que como trabajadores nos indigna, pues atenta contra el derecho que tenemos para asociarnos libremente en la defensa de nuestros intereses. Es la cruda expresión de la intromisión de las autoridades gubernamentales en la vida de los sindicatos y la ratificación del autoritarismo corporativo en las relaciones laborales en Puebla y en el país…. (reconociendo que el SUNTUAP había entrado en un fase de fuerte desgaste, destacaba que)… la defensa que se hizo de él en los recuentos del año pasado (1994), mostraban que los  trabajadores habían resuelto el sostenerlo frente a los embates de las autoridades universitarias y gubernamentales. Una lectura de aquellos resultados es que se defendía no a una dirigencia, sino el derecho de libre organización.” 

A pesar de la resistencia, se negó sistemáticamente el registro al SUNTUAP y se impuso el modelo neoliberal en la Institución. 

El reconocimiento del SUNTUAP y el respeto de los derechos laborales

Las relaciones laborales en la BUAP desde 1990 se han fincado en la imposición de los intereses institucionales, con la individualización de la relación salarial (vía estímulos y bonos), el nulo respeto al derecho de libre organización, definición unilateral de las condiciones de trabajo y la tercerización de la materia de trabajo (outsourcing, en especial en el trabajo administrativo y de servicios de mantenimiento), disminución de las prestaciones, discrecionalidad y ausencia de criterios consensados en la asignación de cargas de trabajo, debilitamiento de la estabilidad (predominio de los profesores horas clase, largos periodos de contratos temporales), entre las principales características. Así, se ha conformado un trabajador universitario que poco o nulo interés tiene en la organización sindical; al mismo tiempo que se restringieron los espacios universitarios, mediatizando o reprimiendo la participación activa y democrática, vaciando los órganos colegiados de decisión e imponiendo las decisiones verticales por “consenso”. 

En este sentido, Elva Rivera apunta que “…los criterios de evaluación han servido no solo para evaluar el trabajo académico, sino también para promover la individualidad y la competencia, así como para desvincularlos como gremio (áreas, grupos de investigación, docencia; por género y generación, entre otros aspectos) y evitar con ello pensarse y agruparse como colectivo. La evaluación se ha constituido así en dispositivo que atraviesa el cuerpo del profesorado. Se le vigila remotamente, y se vigila, se autoevalúa, se autoexamina constantemente.” (Rivera, 2010: 310).

En un contexto político social del país, en el que se disputa la transformación para beneficio de los más vulnerables, los trabajadores universitarios enfrentan diversos retos, entre ellos están la defensa de sus derechos, construir una nueva institucionalidad en las relaciones laborales, así como participar en el debate para construir un nuevo modelo universitario -solidario, sustentable, incluyente, democrático, vinculado a las necesidades sociales de los sectores explotados y excluidos-;  pero una cuestión fundamental es el reconocimiento a la libertad de organización y de expresión, que se concreta hoy en la exigencia del reconocimiento del SUNTUAP.

 

Coca Santillana, M. E. (1987) La evolución de los salarios y las prestaciones en el SUNTUAP: 1979-1985, Tesis de Licenciatura, Economía, UAP.

Pansters, Wil (1997) Universidad, modernidad y cultura. La transformación organizacional de la UAP, Política y Cultura, núm. 9, invierno, 1997, pp. 177-199. En https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=26700910

Rivera Gómez, Elva (2010) De la manifestación al aula. Saberes, silencios e inequidades en la Universidad Autónoma de Puebla (1972-2001), Tesis de Grado, Doctorado en Historia y Estudios Regionales, Universidad Veracruzana. En https://cdigital.uv.mx/handle/123456789/41456

Sánchez Daza, Germán (1995) La perseverancia del corporativismo, febrero, Periódico Síntesis. 

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