Puntos de inflexión de nuestra historia

Jueves, Octubre 8, 2020 - 09:55

Con sus decisiones el gobierno de la 4T enrarecido el ambiente de inversión

Economista, exrector de la UDLAP. ExDirector del Centro de Estudios Espinosa Yglesias. En 2019 fue candidato a Gobernador de Puebla en las elecciones extraordinarias. Director de Puebla contra Corrupción e Impunidad

Como historiador económico siempre me ha seducido la idea de encontrar momentos claves, hitos, parteaguas en el proceder de nuestra experiencia o decisiones de los presidentes en turno.

Así, por ejemplo, la decisión de José López Portillo de no reducir el precio del petróleo cuando la oferta mundial aumentaba y su precio se caía en el verano de 1981, por lo que despidió al entonces Director General de Pemex. Con esa decisión, México perdió varios miles de millones de dólares de exportaciones de petróleo y, al ver la insensatez del presidente, inició la salida de capitales que culminaría con la crisis de la deuda y la expropiación bancaria en 1982.

O bien la decisión de Carlos Salinas de Gortari, estando en el Foro Económico Mundial y tras algunas conversaciones con François Mitterand y Margaret Thatcher, de impulsar la negociación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. México se abriría al comercio mundial, institucionalizaría una reforma comercial de gran calado y acabaría transformando al país.

La decisión de Ernesto Zedillo de transfigurar el Poder Judicial al inicio de su mandato, por el cual se redujo el número de ministros, estableció su periodo de 15 años y creó el Consejo de la Judicatura, fue también un parteaguas. Para efectos prácticos, le dio vida a uno de los tres poderes de la Unión como un poder autónomo que con el tiempo se convirtió en un contrapeso creíble del Poder Ejecutivo. En esos mismos días modificó la ley para ciudadanizar al Instituto Federal Electoral y lo volvió realmente autónomo. Estas dos decisiones fortalecieron significativamente nuestra democracia.

Y así, todos los presidentes han tomado decisiones trascendentales, a veces para bien y otras que han afectado negativamente al país en el mediano y largo plazo.

La decisión de sacar al Ejército de los cuarteles para hacer tareas de seguridad pública por parte de Felipe Calderón inició un camino que se ha profundizado con los años sin encontrar una salida a la inseguridad. O bien el escándalo de la Casa Blanca fue un hito que evidenció la corrupción desatada de Enrique Peña Nieto, de su generación de gobernadores del “nuevo PRI”, y su entorno más cercano donde se encontraba Emilio Lozoya. Éstos fueron puntos de inflexión que han impactado el derrotero del país.

Andrés Manuel López Obrador ya ha tomado decisiones trascendentes en lo que va de su mandato que se convertirán en hitos que marcarán su gobierno y nuestra historia. El primero es, sin lugar a dudas, la “consulta popular” y la consecuente decisión de cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. A partir de ese momento se materializaron amenazas del presidente al Estado de Derecho, sobre respetar o no reglas ya establecidas, sobre la nula importancia del costo económico de ciertas decisiones como ésa o la rifa-no rifa del avión. A partir de entonces el gobierno ha incrementado la incertidumbre y ha enrarecido el ambiente de inversión. Ésta se ha desplomado y, entre otros factores, causará un muy lento crecimiento económico. Será una causa de la década perdida que ya tenemos enfrente.

Otra postura clave, me parece, ha sido la de no actuar en contra de la corrupción de su círculo más cercano, incluso su familia directa, contrariando su discurso de combate a la corrupción y a la impunidad. El caso Bartlett, que la Secretaría de la Función Pública rápidamente exoneró, y la posterior muestra de su hermano Pío recibiendo bolsas de dinero para la elección de 2015 que no ha tenido ninguna consecuencia legal. Estos hechos golpearon a AMLO debajo de la línea de flotación en su retórica principal de combate a la corrupción, que lo llevó a la presidencia, cuyos efectos se observarán con el tiempo.

Pero el hecho que probablemente marque un antes y un después en la historia contemporánea de nuestro país es la rendición de la Suprema Corte de Justicia a los deseos del Presidente López Obrador que ocurrió la semana pasada, al decretar la constitucionalidad de la consulta para “enjuiciar” a los expresidentes. Con ella se ve totalmente mermada la autonomía del poder judicial, ya lastimada por la “renuncia” forzada del ministro Medina Mora y el nombramiento de nuevos ministros cercanos a AMLO, y el derrumbe de uno de los principales pilares de nuestra maltrecha democracia. Ese fue un paso gigante a la consolidación de un país de un solo hombre.

 

 

Enrique Cárdenas Sánchez

Universidad Iberoamericana de Puebla

Signos Vitales

Puebla contra la Corrupción y la Impunidad

enrique.cardenas@iberopuebla.mx

@ECardenasPuebla

 

 

 

 


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