Si alguien tenía alguna duda, el sábado se disipó. El México digno y valiente se hizo presente, convocado por FRENA ocupó la plancha del zócalo capitalino. Con impresionante orden marcharon desde el monumento a la Revolución. No se registró un solo incidente, ni pintas a comercios o edificios públicos, ni cristalazos, ni robos, pero sí una firme determinación de mostrar al país y al mundo el rechazo al autoritarismo, a la destrucción de instituciones, al desmantelamiento del Estado, en una palabra, a la tiranía que representan López Obrador y su cuatrotero desgobierno.
En vano perdieron su tiempo los “amlovers” intentando por todos los medios de desacreditar la manifestación, discutiendo sobre el número de participantes, tratando de desvirtuar sus intenciones y propósitos. Los organizadores les ganaron la partida y ante presencia notarial certificaron más de 180,000 participantes.
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Es cierto que López, soberbio como es, había cucado a la oposición cuando prometió que con una manifestación de cien mil, se iría a su rancho en Palenque, pero él y todos sabíamos que no lo haría. Después y ante el hecho consumado del rebase y con mucho de su retadora apuesta, con displicencia manifestó que no se irá ni aunque marchen millones. De todas formas la convocatoria tuvo éxito y augura que las siguientes tendrán resultados mejores, en organización y número de asistentes. Ya veremos si se cae o no, pero de que se va se va, Si no es con manifestaciones será con votos, lo que está claro es que el rechazo crece a pasos agigantados.
Volviendo al punto, considero que el mayor logro de la pacífica concentración, aunado al plantón que encabeza también FRENA en el zócalo, es sin duda que la conversación pública cambió. Que la cuatroté y los medios, aún los más vendidos al régimen, se vieron obligados a incluir en su agenda que hay una presencia opositora, que hay mexicanos (no importa si minimizan el número), que se niegan a permitir que nuestro amado país se convierta en una república bananera y que exigen a todo pulmón la renuncia del Peje.
En una semana en donde hemos asistido al funeral de otro de los poderes de la unión (porque el Congreso hace ya rato que lo perdimos). En donde fuimos testigos como en unas horas destruyó la Corte un prestigio que se había construido en décadas. En donde Arturo Zaldívar, el presidente de la Suprema Corte, no tuvo empacho en abandonar la actitud prudente y cuidadosa que le correspondía y se apresuró a tomar la palabra como primero en la discusión sobre si la consulta para enjuiciar a los expresidentes era constitucional o no y donde no solo se conformó con rechazar el proyecto del Ministro Aguilar sino que claramente dio línea para favorecer a su Titiritero. Dignos de mención son los cinco ministros que mantuvieron en todo momento su respeto a la Carta Magna, con letras de bronce deberían estar escritos sus nombres en los muros del Palacio de Justicia.
Semana oprobiosa en donde el Tribunal Federal Electoral demuestra una vez más su parcialidad al mandar un salvavidas para evitar el hundimiento del proyecto de Ebrard que ya se ve sentado en la silla del Águila en el próximo sexenio, pero necesita que su incondicional Mario Delgado ocupe la dirigencia Nacional de Morena. La sorpresa de que Porfirio Muñoz Ledo saliera, por mucho primer lugar en las encuestas de posicionamiento y con ello el augurio de que podía ganar fácilmente la presidencia del moreno movimiento, tiene al borde del descrédito total al Tribunal, pues no solo pretenden dar marcha atrás con el proceso de renovación de la dirigencia por encuesta, sino que atisban la posibilidad de que Ramírez Cuéllar permanezca al frente del Movimiento de DEGENERACIÓN Nacional hasta pasadas las elecciones de 2021. Más a modo no se puede, aunque las tribus enfurecidas pueden echarles a perder la fiesta y acabar por partir más al ya de por sí partido del presidente.
Las instituciones cayendo en desprestigio total, perdiendo independencia y credibilidad a pasos agigantados, como afirmamos de oprobios en donde la destrucción avanza pero también avanza el despertar ciudadano. Oxígeno puro ver al pueblo libre y pensante subiendo una empinada pendiente, con la firme determinación de rescatar a la Patria, sabedores de que no va a ser fácil, de que tendremos que hacer acopio de perseverancia, fortaleza y valentía. Cada uno desde nuestra trinchera, dispuestos para hacer causa común, humildes para reconocer los esfuerzos y logros que se obtienen en otros frentes, los que enamorados como nosotros de México quieren también una Patria Libre, Ordenada y Generosa.