El tiempo que estamos viviendo, no permite improvisar o responder sin un proceso de reflexión crítica sobre lo que a cada uno de nosotros le toca hacer. En lo relacionado a la escolarización, una primera reflexión que hay que poner al centro es: ¿qué tan satisfechos estamos con la escuela tal y cómo estaba funcionando?
Si estamos satisfechos, entonces sigamos haciendo lo mismo que se venía haciendo, pero si la respuesta es no ¿cómo justificar la vuelta a lo anterior sin los menores cambios posibles? ¿para qué seguir prolongando la ausencia de los aprendizajes necesarios ante los desafíos sociales y la poca vinculación entre lo que se enseña y aprende con las diversas realidades sociales en la que estamos inmersos?
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Lo que ahora nos demanda la educación es fortalecer el acompañamiento, aumentando los afectos y potenciando aquellos aprendizajes necesarios a lo largo de la vida, así como la búsqueda permanente del diálogo aún en el distanciamiento, especialmente en quienes, junto con su familia, están viviendo momentos cotidianos muy difíciles.
La escuela es el territorio social donde se promueven los saberes socialmente significativos, no solamente los conocimientos disciplinares. Las respuestas de niños y niñas en una encuesta (Tonucci, 2020) realizada en diferentes países del mundo en esta pandemia, se centraron en tres: que extrañan a los demás niños, que les gusta estar más tiempo con sus padres y que están hartos de tareas, cansados y aburridos de estar frente a una pantalla.
Lo anterior, permite reflexionar en que, antes que cualquier examen diagnóstico, de una planeación prescriptiva o de un video de presentación de contenidos, es necesario preguntarles a nuestros estudiantes: ¿cómo se sienten? ¿cómo han vivido esta experiencia? ¿cómo está con su familia? ¿qué es lo que necesita ahora?
Hay que evaluar, sí, pero no los contenidos, sino centrarse en lo que descubrieron, en lo que aprendieron en su vida cotidiana, en sus experiencias e interacciones. Si no partimos de un encuentro con ellos, habría que preguntarnos entonces ¿para qué educamos?
Hay propuestas derivadas de las experiencias en diversos contextos (Tonucci, 2020), que proponen abrir de manera definitiva los canales de comunicación y la colaboración con los padres de familia considerando a la casa como el laboratorio que educa. En él, los padres apoyen las tareas de sus hijos a través de las prácticas cotidianas.
En este momento hay padres de familia confundidos, molestos y preocupados porque piensan que ellos harán el trabajo que corresponde a los maestros y las escuelas, por lo que hay que informar y sensibilizar a las familias sobre lo importante que es su papel en esta tarea de educar. Hacer un pacto educativo entre maestros y padres de familia, reforzando este vínculo para bien de todos.
La premisa de la que se parte es que en todas las casas se cocina, se lava ropa, se reparten cosas, se barre, se sacude, se cosen botones, se cuentan historias, se hacen actividades cotidianas que bien puedes compararse con un laboratorio. El reto para los profesores es entonces, encontrar sentido a esta didáctica de emergencia a distancia, reconociendo aquellas disciplinas y contenidos que se pueden vincular.
Es un hecho que cada docente decide que hace y cómo lo hace. Teniendo como marco lo prescrito en la ley*, tiene la oportunidad de innovar y crear, favoreciendo los encuentros con sus alumnos resignificando sus experiencias, gestionando al mismo tiempo un camino esperanzador para la enseñanza y el aprendizaje.
Siguiendo con esta propuesta del laboratorio en casa y tomando como centro la cocina, estoy compartiendo la receta familiar de los chiles en nogada que acabo de hacer. Si les interesa, solicitarla al correo teregalicia@yahoo.com.mx .
Referencias
Tonucci, F. (2020) ¿Como planificar la vuelta a las aulas? IIPE UNESCO América Latina.
“…la nueva escuela mexicana, busca la excelencia y la mejora continua en la educación, colocando al centro de la acción pública el aprendizaje de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Para ello, sienta las bases para que se promueva una formación en las personas, con base en la educación, que atienda a la identidad, el sentido de pertenencia y a la responsabilidad ciudadana, sustentada en valores como la honestidad, la participación activa en la transformación de la sociedad, al emplear el pensamiento crítico, el respeto y cuidado al medio ambiente (LGE de Puebla. Periódico Oficial, 2020:3).