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Opinión



El día después del COVID-19. México y el mundo

Viernes, Mayo 22, 2020 - 20:11
 
 
   

En el mundo somos casi 8 mil millones de seres humanos viviendo en más de 200 países y territorios soberanos — algunos de ellos aún en disputas-. Nuestro planeta es habitable y el mundo es a la vez un sistema ordenado por el caos, mientras que algunas otras ocasiones se equilibra por la acción de países superpotencia como Estados Unidos de América y por potencias regionales como China, Rusia, Reino Unido y la Unión Europea.

La historia nos ha enseñado muchas lecciones, una de ellas es que los cambios en el equilibrio de poder en el sistema internacional suceden más por las actitudes, percepciones y acciones que toman los Estados en relación a su posición en el mundo, es decir mediante el cálculo de su Poder Nacional para preservar sus propios objetivos estratégicos e intereses nacionales (Vega, 2001).

Sin embargo no todos los Estados tienen las capacidades para proyectar su Poder Nacional al ámbito regional o internacional, siendo éstos los países en desarrollo los que procuran que el uso de sus recursos se orienten a fomentar su desarrollo y garantizar así su seguridad interna. En muchas circunstancias este tipo de Estados se encuentran a merced de los cambios acelerados por nuevas transformaciones tecnológicas guiadas por los mercados o por por los movimientos realizados por las potencias mundiales y no necesariamente en respuesta a las necesidades de sus propios objetivos e intereses nacionales, suelen ser países con una alta dependencia en diversos aspectos.

En el contexto internacional contemporáneo, en el que el elemento económico ha sido el hilo conductor preponderante de las relaciones internacionales, las crisis económicas y financieras han sido una de las causas de mayores afectaciones para los países en desarrollo, especialmente para aquellos que se han insertado exitosamente en el paradigma del libre mercado y la interdependencia económica (Keohane and Nye, 1977) generada por las cadenas globales de producción, valor y suministro, países como México, Brasil, India o República Checa bien podrían figurar en este tipo de países.

Sin embargo, fenómenos como la crisis financiera del año 2008 generada por la burbuja inmobiliaria que provocó incertidumbre a nivel global, trayendo consigo pérdida masiva de empleos, disminución del poder adquisitivo de millones de personas, que en otro tiempo se beneficiaron del libre mercado; así también, tras la crisis aumentó la fragilidad de la economía globalizada. En lo que respecta a la democracia, los efectos de la ansiedad colectiva han derivado en un creciente descontento hacia el orden liberal establecido y la pérdida de confianza en las instituciones políticas, de esta manera la democracia ha perdido cada vez más adeptos en lugares donde antes no se hubiera ni siquiera imaginado en riesgo (Naim, 2015).

Desde entonces, la política y economía a nivel mundial enfrentan enormes retos para lograr una mejor gobernanza de los asuntos globales: el estancamiento de las economías emergentes, el decrecimiento de las economías desarrolladas, el auge de nacionalismos autoritarios en Europa y Estados Unidos de América, el referéndum por el Brexit en Reino Unido y su efecto desestabilizador en la Unión Europea, las migraciones masivas, la creciente decepción por la democracia en distintas regiones como en Latinoamérica, la caída de los precios del petróleo, el alza de las deudas públicas nacionales, las divergencias en las políticas monetarias de los países desarrollados y los escándalos internacionales por corrupción de gobiernos y empresas así como una significativa impunidad que impera en estos casos, todo estos fenómenos o procesos desestabilizadores hacia dentro de los países con efectos negativos en el ámbito de la cooperación y el multilateralismo, así como en el propio orden internacional.

Por otro lado, recientemente con la aparición de la pandemia del coronavirus COVID-19, que en diciembre de 2019 en Whuan, China comenzó el brote de este nuevo virus (Wolrd Health Organization, 2020) que ha provocado la mayor pandemia conocida desde inicios del siglo XX, misma que ya ha contagiado a casi 5 millones de seres humanos y causado la muerte de más de 300,000 personas alrededor del mundo. Ante esta nueva disrupción que enfrenta la humanidad, han surgido dudas sobre cuáles son los efectos reales de esta nueva pandemia en las economías, los sistemas de gobierno y en el orden internacional.

Al respecto de esta situación, algunos analistas se han preguntado si a caso esta crisis global de salud, con afectaciones en distintos campos del Poder Nacional de los Estados y en consecuencia con efectos sobre el sistema internacional, provocará un nuevo orden internacional. Aún no es posible determinar con certeza qué es lo que sucederá en el futuro inmediato a niveles sistémicos, pero si es posible delinear algunos escenarios considerando los procesos previos a la pandemia que venían deteriorando las reglas del orden establecido y las tendencias que seguían hasta el momento actual (Calvo, 2020).

Respecto al lo anterior, el coronel español José Luis Calvo Albero (2020) señala que “un efecto histórico de las epidemias es la deslegitimación del poder si (el gobierno) se ve superado por los acontecimientos“, por lo que es posible vislumbrar que ante el desconocimiento del virus de esta pandemia, que aún no se cuenta con una vacuna para terminarla y que los sistemas de salud se han visto superados por la cantidad de enfermos y muertos, el poder continuará en la espiral de deslegitimación y desgaste.

Previo a la aparición de la pandemia, el sistema internacional ya se encontraba en un serio proceso de desfragmentación, las instituciones multilaterales siendo diezmadas por los propios Estados que las integran y la cooperación internacional en franco declive. “La pandemia tendrá consecuencias geopolíticas puede que considerables, pero sería bastante raro que nos trajese algo radicalmente nuevo y lo más probable es que simplemente sirva de catalizador para fenómenos que ya existían antes de su aparición“ (Calvo, 2020). Por ejemplo la creciente rivalidad y competencia entre Estados Unidos y China en diferentes campos como el comercial y tecnológico e incluso militar que no puede ser descartado.

Un escenario probable es que la pandemia ponga de manifiesto mayores hostilidades entre las potencias regionales, que de por si ya se encontraban en disputas comerciales o territoriales, como sucede ahora en el sudeste asiático o como ya se ha mencionado en el caso de la rivalidad entre China y Estados Unidos, por las posturas que han mostrado públicamente sus líderes, para muestra de ello bastaría observar las declaraciones del presidente de Estados Unidos Donald Trump culpando a China como la causante del desastre en el manejo de la pandemia.

Pero ¿es posible y probable que la fragmentación de la globalización y la rivalidad entre China y Estados Unidos escale a niveles que afecten significativamente el equilibrio de poder y el orden internacional actuales? ¿De qué manera afectaría esta situación a los países en desarrollo como México? Para poder responder a ello es necesario traer al tema la teoría desarrollada por Keohne y Nye (1977) sobre el poder y la interdependencia compleja entre los Estados en el sistema internacional, especialmente entre las relaciones asimétricas de quienes tienen mayor poder y los que tienen menores capacidades de este.

México, que cuenta con un Poder Nacional limitado respecto a su vecino Estados Unidos, que es la única superpotencia global, escenifica el claro ejemplo de una relación de poder asimétrica y a la vez interdependiente, por un lado, la interdependencia se ha incrementado entre ambos países debido a la cada vez más profunda relación comercial, que desde la II Guerra Mundial ha tenido su desarrollo y se profundizó a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), de esta manera hoy encontramos que las características actuales son las siguientes: que el 80% de las exportaciones mexicanas se destinan a los Estados Unidos, convirtiendo a México en su socio comercial más importante, superando, incluso, a China y Canadá, países que en las últimas décadas han tenido los lazos comerciales más fuertes con la principal economía del mundo (Deloitte, 2019).

La interdependencia entre ambos países no solo representa un argumento para delinear posibles escenarios de cooperación y de conflicto, puesto que al estar tan íntimamente ligados en lo económico y comercial, sobre todo en lo que respecta a la fundamental actividad industrial y sus cadenas de suministro, que son estratégicas para los Estados Unidos como la industria automotriz y otras de manufactura avanzada, mismas que se encuentran localizadas en México, la relación no está exenta de los efectos del tipo de liderazgo que juega la superpotencia en el ámbito internacional, especialmente cuando ha abandonado las causas del multilateralismo para virar más hacia un proteccionismo que limita las alternativas de cooperación y agudiza las aristas de conflicto.

El tipo de interdependencia entre México y Estados Unidos representa una mayor ganancia de poder para el segundo que para el primero, a pesar de la benéfica relación comercial entre ambos, ya que en toda relación de interdependencia, tal y como apunta la teoría, la asimetría genera ganancias de poder para quien tiene ventajas. Esta situación de facto, pone de manifiesto una enorme vulnerabilidad para México, al ser muy dependiente de las exportaciones comerciales hacia los Estados Unidos, sin embargo las alternativas no son muchas, tanto por la ubicación geopolítica del país, que lo ubica también en una zona del paraguas de seguridad nacional del vecino del norte, como por el poco interés de los sectores privado y públicos para migrar a otras latitudes que diversifiquen el comercio, pues hasta ahora no han encontrado incentivos suficientes que superen la facilidad de acceso que ofrece la ubicación tan cercana al mayor mercado de consumo mundial.

Quizás las pocas cartas, pero no por eso menores, que puede jugar México para obtener el mayor beneficio posible de esta situación, sobre todo en el marco de la recuperación económica de la crisis post COVID-19, son, por un lado, las de fortalecer sus ventajas competitivas industriales, aprovechando la dependencia de Estados Unidos por las cadenas de suministro fuera de su territorio y que actualmente muchas de ellas dependen de las fábricas localizadas a miles de kilómetros en China y el resto de Asia; México podría impulsar un esfuerzo coordinado para que dichas inversiones asiáticas, así como sus cadenas de valor sean relocalizadas en México, más cerca y seguras para el mercado estadounidense alineándose a lo alcanzado en materia comercial respecto a las reglas de origen en los sectores industriales en el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC); por otro lado, el Gobierno mexicano debe explorar alternativas en el corto plazo para gestionar su interdependencia con los Estados Unidos de América, a través de una activa y estratégica diplomacia que ponga sobre la mesa los temas sensibles para ambos países: migración controlada y regulada, seguridad y estabilidad comercial, con estos tres temas, México puede favorecer sus objetivos nacionales de desarrollo y seguridad nacional, buscando ante todo reducir las vulnerabilidades presentes y fortalecer su posición en el mediano y largo plazo. La desglobalización aún no está definida y lo más probable es que sea una nueva globalización con reglas distintas a las actuales, ahí es dónde México debe reconocer su horizonte para definir con claridad en dónde y cómo quiere aprovecharla para mejorar sus propias capacidades materiales y espirituales, es decir su Poder Nacional.

Calvo, A. J. (24 de Abril de 2020). ¿Puede el COVID-19 cambiar el mundo? Madrid, España.

Deloitte. (24 de Septiembre de 2019). La gran relación comercial entre México y EE.UU. Obtenido de https://www2.deloitte.com/mx/es/pages/dnoticias/articles/la-gran-relacion-comercial-mexico-eua.html

Keohane and Nye, J. (1977). Power and Interdependence. Boston, MA: Little Brown.

Naim, M. (2015). El fin del poder. Ciudad de México: Debate.

Vega, G. (2001). Seguridad Nacional. Concepto, organización y método. Ciudad de México: SEDENA.

Wolrd Health Organization. (20 de Enero de 2020). Novel Coronavirus (2019-nCoV) Situation Report-1. Obtenido de Coronavirus disease (COVID-2019) situation reports: https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/situation-reports/20200121-sitrep-1-2019-ncov.pdf?sfvrsn=20a99c10_4


Semblanza

Jonathan R. Maza

Internacionalista con especialidad en Política Internacional y Diplomacia por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. Maestro en Seguridad Nacional por el Colegio de Defensa Nacional; tiene estudios en Seguridad Nacional por el Centro de Estudios Superiores Navales de la Secretaría de Marina Armada de México y en Seguridad Regional para América del Norte por la UDLAP Jenkins Graduate School.    Ex becario del Programa “100 Líderes para el Cambio“ de la fundación de Konrad Adenauer, cuenta con estudios de liderazgo, gestión pública, políticas públicas y Economía Social de Mercado en países como Chile, México y E.U.A. Desde el año 2015 funge como Secretario Ejecutivo de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, siendo su representante ante la Organización de Estados Americanos; desde el año 2018 es miembro asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desempeñado como asesor legislativo en las Comisiones de Seguridad Pública, Defensa Nacional y Medio Ambiente y Cambio Climático del Senado de la República.  

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