Para mi hija, con toda
mi admiración y mi amor
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Si alguien nos hubiera dicho que este diez de mayo estaríamos en la fase tres de una cuarentena establecida para prevenir la propagación de una enfermedad infecciosa causada por un nuevo coronavirus en todo el mundo, pensaríamos que estábamos viendo o narrando una película de ficción.
Recuerdo a mamá organizando lo necesario para la convivencia, para ella era obligatorio estar juntos ese día y yo hacía todo lo posible para cumplir sus deseos, ahora son otros tiempos y otra realidad, hay veces que pienso en cómo lo hubiera vivido y que tanto le hubiera afectado este confinamiento.
La recomendación que se ha venido reiterando es no visitar ni hacer reuniones relacionadas con esta fecha. En el momento de escribir estas líneas aún no sé qué tanto se cumpla, espero sinceramente que prevalezca el sentido de responsabilidad y solidaridad para cumplir con el distanciamiento social tan necesario en estos tiempos.
Ayer escuche por la mañana la emisión de un programa radiofónico llamado “Cuentos de Bandera Blanca”, un excelente programa que, aprovechando el gran potencial educativo de la radio, educa en valores teniendo como principal objetivo educar para la paz. En él presentaron un cuento sobre el día de las madres. Narra la historia de algunos amigos, representado por animalitos, que platican sobre su relación con su mamá. Las historias fueron mostrando las diversas maneras en las que ven a su mamá y platican sobre el regalo más adecuada para ella. Después de reflexionar en lo que sucede en la vida cotidiana de sus familias, terminan argumentando que el mejor regalo para su mamá es ayudarla, comprenderla y quererla por todo lo que implica ser mamá.
Ese cuento me llevó a pensar que efectivamente, en el mundo de hoy, con sus excepciones, las madres siguen estando sobre demandadas y poco recompensadas. Aún con todas las luchas emprendidas para la equidad, aún la mamá en especial sigue realizando un exceso de tareas, una doble carga del trabajo doméstico y profesional sin gran apoyo familiar cumpliendo un trabajo silencioso e indispensable.
Cierto, madres hay de todo tipo, con formas de hacer, sentir y pensar de diversas maneras producto de las experiencias que hemos recabado en los diversos contextos por lo que hemos caminado. Nuestras vidas están impregnadas de lo que social y culturalmente se nos exige o que nosotras mismas nos exigimos, de manera que la vida maternal de ensueño, puede convertirse en algo desgastante y a veces frustrante.
En este tiempo de pandemia, el trabajo doméstico, el cuidado y responsabilidad de los hijos, el trabajo profesional ya sea en casa o fuera de ella, las tareas escolares, equilibrar los diversos estados de ánimo de los demás miembros de la familia, llevar lo necesario para el hogar entre otras cosas, puede generar, si no tenemos cuidado, mucho estrés y llegar hasta una depresión.
Por eso, quiero invitar a todas las mamás en convertir este tiempo también, en un tiempo de aprender, tomando en cuenta que no podemos controlar el mañana y el hoy tiene que ser aprendido. Pensar y pensar en la pandemia y sus consecuencias, estrecha nuestro campo mental y se vuelve monotemático, por la invasión tan acelerada que hacen los medios de comunicación y las redes sociales en nuestra vida cotidiana, si es que lo permitimos.
Vivir un día a la vez, puede ser una buena alternativa vivenciando las mejores experiencias con nuestros hijos en este tiempo de incertidumbre. Los avances en los estudios de la neurofisiología muestran que, las emociones tienen un papel protagónico en nuestra manera de aprender, se sabe ahora, por ejemplo, que una personalidad adulta, segura y generosa depende en gran parte de lo que ha ocurrido cuando era uno pequeño desde el abrazo maternal.
Se que la vida de muchas madres está llena de prisas en su ansía de resolver y hacer todo sola, somos multitareas de pronto y a veces demasiado exigentes con nosotras mismas, pero recordemos que. el propósito de una familia se basa en los principios biológicos básicos de supervivencia para que la especie se reproduzca, dentro de un proceso de cooperación, interacción y distribución de tareas.
Sin embargo, existe algo instintivo en cuanto a la crianza de los hijos especialmente por las madres. Tal vez no solo sea social, tal vez también tenga que ver con ese liderazgo interno, ese liderazgo emocional que de algún modo tenemos las madres en las familias, además porque como a mí, criar a mis hijos me abrió un mundo de posibilidades atesoradas siempre en mi corazón.
En este tiempo de aprender, demos ciertos minutos a mirar hacia nuestro interior para pensar ¿cómo podremos despertar la grandeza espiritual en nuestros hijos si no la despertamos previamente en nosotros? ¿ante las dificultades que tenemos, cómo podemos pedirles que gestionen sus conflictos si nosotros no lo hacemos? ¿cómo educar hijos diferentes si nosotras no cambiamos? Siempre, ante todo, primero hay que pensar en nosotras mismas, aun contando con el apoyo de la pareja, de la familia o ninguno.
Algo demasiado importante para no mencionarlo, es reflexionar en lo que está pasando con la autoestima de nuestros hijos, especialmente cundo no hay escuela en la que puedan relacionarse y convivir con sus compañeros y amigos. La autoestima es un proyecto de vida y lo que estamos pasando ahora pone un poco en vilo a esa autoestima, por tanto, hay que reconocer con ellos que podemos ser vulnerables y socializar también el error, nadie es perfecto y mientras más transparentes y honestos seamos en nuestra relación con nuestros hijos, siempre será mejor.
Por eso necesitamos muchas más conversaciones hacia afuera y muchas más conversaciones hacia nosotras mismos y aprender a escuchar para afrontar este cambio juntos, cambio que a veces nos asusta pero que también puede ser una oportunidad para intentar hacer de este mundo, un mundo mejor para ellos, donde el dinero y el poder no definan sus vidas.
Sigamos confiando en nuestra intuición, ese inconsciente emocional que toda madre tiene y que ahora se sabe, nos permite la toma de decisiones relacionados con nuestros hijos. Aquí, allá y en todas partes, reciban un abrazo significativo en este día de las madres y confiemos que podemos construir juntas, un horizonte de esperanza.