La contingencia sanitaria del Covid-19 es un gran reto para el sector salud, pero también para otras esferas sociales que resultan inherentes, esto trae consigo grandes oportunidades a las que debe estar atenta la política nacional.
El 1 de julio del 2018 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales que, como ya sabemos, concluyeron en una abrumadora victoria de Andrés Manuel López Obrador (MORENA, PT y PES), quien obtuvo el 55.19% de los votos, seguido muy de lejos por Ricardo Anaya Cortés (PAN-PRD) con 22.27%, José Antonio Mead (PRI-PANAL-PVEM) con 16.40% y en último lugar Jaime Rodríguez Calderón (candidato independiente) con 5.23%, básicamente, ni sumando los porcentajes de cada uno de los contrincantes de AMLO hubieran podido ganarle; fue el candidato más votado en 31 de las 32 entidades federativas de México. Un reflejo de dicha preferencia electoral quedó en las cámaras federales de diputados y senadores donde la coalición Juntos Haremos Historia, encabezada por MORENA, obtuvo la mayoría. Más allá de las inclinaciones políticas que cada uno de nosotros pueda tener, esto debe ser reconocido como un hecho histórico. Paradójicamente, hoy día el partido se tambalea, pero no su máximo representante.
Más artículos del autor
El 13 de abril del 2020, El Financiero publicó los resultados de una de encuestas de intención de voto realizada vía telefónicas:
MORENA tuvo su primer caída gradual que lo llevó a perder poco más del 10% de la intención de voto inicial (esto, por supuesto, sin contar el nivel de confianza y el margen de error que todas las encuestas presentan). Así se mantuvo durante el resto del 2019 hasta su caída más alarmante, en el primer trimestre de este año; si bien incluso en enero del 2020 aún se mantenía en un nivel similar al de los meses anteriores, posteriormente presentó una caída precipitada que lo llevó a tener una intención de voto de 23% en febrero y a 18% en marzo; colocando a dicho partido ya con muy poca ventaja sobre sus opositores. Así mismo, para marzo, por primera vez ganaron las calificaciones negativas de MORENA, donde las opiniones malas o Muy Mala obtuvieron 36% y las buenas o muy buenas 31%.
Un dato de interés es que, desde abril y julio del 2019, en su primera caída, fue superado por un porcentaje de la población que aún no tiene intención de voto definida; para febrero y marzo del 2020 esta diferencia se disparó aún más.
Paradójicamente, la misma encuesta arrojó que la aprobación del presidente no ha tenido una caída tan abrupta, pues ha ido del 77% en diciembre del 2018 y 83% en febrero del 2019, a 60% en marzo del 2020. Esto lo sigue manteniendo con una buena aprobación; más si lo comparamos con su predecesor EPN quien inició con 54% en diciembre del 2012, llegó a estar en 57% un par de meses después, posteriormente alcanzó el 17% a principios del 2017 y cerró su mandato con 24%.
Retomando el tema del partido, hay que agregar que, en los mismos meses que se presentaron las últimas caídas de intención de voto a favor de MORENA, tuvieron cabida diversas movilizaciones contra la violencia de género y los feminicidios, como la marcha del 8 de marzo, seguida por el paro nacional de Un Día Sin Mujeres el día 9; con las que ciertamente el presidente no mostró empatía o apoyo.
A esto, por supuesto, habrá que sumarle las consecuencias que traiga consigo (positivas o negativas) en la opinión pública la toma de decisiones relacionadas a la contingencia sanitaria, así como un conjunto de elementos paralelos que ocurren y ocurrirán; como las fake news, los trolls, inclusive las tensiones que estimulen los posicionamientos internacionales o diplomáticos, un claro ejemplo de ello es la crítica a AMLO publicada el 14 de abril del 2020 por el diario británico Financial Times.
Es un momento coyuntural que tanto el partido en el poder como sus opositores saben que tiene que capitalizar (en términos políticos) pues esto el proceso y su desenlace, seguramente influirán en las estadísticas electorales, abriendo y cerrando nichos de oportunidad para instituciones y personalidades. Algo que, hasta las últimas cifras, ningún partido ha sabido aprovechar, un reflejo de ello es que la mayoría de las personas no se han definido por uno.
Básicamente, si MORENA quiere mantenerse el apoyo de la mayoría de la población votante, debe reivindicarse en la presente crisis sanitaria y, por supuesto, debe replantearse completamente la toma de decisiones, la forma de gobernar y hasta pulir sus discursos, para que regresen a estar en sintonía con la población. De lo contrario, corre el riesgo de seguir los mismos pasos de algunos gobiernos latinoamericanos que han transitado radicalmente (en uno o dos procesos electorales) de tener representantes de izquierda (o centro) a derecha (o ultra derecha) y viceversa; lo cual sería, para MORENA, prácticamente la crónica de una muerte anunciada retomando el título de una de las obras celebres de Gabriel García Márquez.