Esas tres palabras podrían resumir el informe, que no plan, del desgobierno que nos recetó el
presidente el pasado domingo.
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No sólo se negó a anunciar las medidas que urgen para sortear la crisis de salud que va que vuela para
ser la peor crisis económica de la que hayamos tenido noticia. No vimos ni escuchamos a un López
sensible, entendiendo la nueva realidad que enfrenta el país. Lo que vimos fue a un pequeño
presidente evidenciando su soledad en la inmensidad del patio central del Palacio Nacional. Una
soledad que magnifica su incapacidad, su profunda ignorancia, su patética terquedad.
Lo que nos dijo fue que seguirá haciendo lo mismo que ha venido haciendo hasta ahora, que no
cambiará en un ápice sus estrategias, que seguirá como hasta hoy mintiendo descaradamente,
prometiendo que habrá crecimiento y empleo (se atrevió a decir dos millones de empleos y se atrevió a
ponerle fecha, en nueve meses, aseveró), nos dijo que seguirá dilapidando nuestros recursos,
repartiéndolos a diestra y siniestra sin reglas de operación en programas que no se pueden medir y por
lo tanto no se puede saber si consiguen los objetivos propuestos (salvo el muy deleznable de afianzar
clientelas): que seguirá pues, inyectándolos en sus proyectos faraónicos, ahí donde está demostrado
que no van a resolver ni la crisis actual ni la que está por venir.
Que se olviden los medianos, pequeños y micro empresarios de que el gobierno los entiende, se pone
en sus zapatos y los va a apoyar. Eso no sucederá. No importa que ellos sostengan el 90% de los
empleos formales del país y con el pago de impuestos solventen una buena parte del gasto
gubernamental. No alcanza el presidente, en su limitada comprensión a identificar en donde están los
villanos, para López ellos son mafia del poder, son quienes han sumido al la nación en la horrorosa
corrupción que padecemos. Ignora que si ellos cierran y despiden a sus trabajadores, la economía
sufrirá una estrepitosa caída. Y entonces sí, ni el trébol de cuatro hojas, ni el billete de a dólar de su
carterita podrán defendernos.
Cada día nos va quedando más claro, que de la 4a. Transformación no vendrán las soluciones, que de
ahí sólo vendrán problemas, obstáculos y limitaciones, que no tendrán otro propósito que hundir al país.
Porque ya lo dijo el solitario de Palacio, esta crisis le viene como anillo al dedo para conseguir sus
planes. Y por lo que se ve, esos planes incluyen la debacle ecoómica y la destrucción de las
instituciones. Nadie le ha a dicho a López que de nada le servirá pararse sobre las ruinas humeantes
de la Patria, porque hasta el más limitado intelectualmente sabe que las ruinas son ingobernables.
Quienes amamos a México no podemos concluir que nos salvaremos individualmente, es imperativo
entender que es ahora o nunca. Que no es momento de protagonismos. O le entramos todos con todo
o no tendremos remedio.