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Opinión



La práctica docente en línea en la contingencia: experiencia de aprendizaje

Jueves, Abril 2, 2020 - 14:24
 
 
   

En unos días había que replantear nuestras clases para adaptarlas al trabajo en línea

Ya vivíamos tiempos de incertidumbre. Los estudiantes universitarios de Puebla se manifestaron en contra de los homicidios a estudiantes y de la inseguridad. A esto se sumó el día de la mujer y el paro nacional de las mujeres. Estos eventos marcaban un clima de zozobra. Los estudiantes se notaban inquietos y desconcertados. Los profesores podíamos sentir este ambiente en nuestras aulas: los estudiantes poco concentrados en aprendizajes curriculares, aunque insertos en procesos de aprendizaje para la vida. En esto estábamos cuando nos sorprendió la contingencia.

En unos días había que replantear nuestras clases para adaptarlas al trabajo en línea. Muchas de las asignaturas en las universidades no están planeadas para trabajarse en esta modalidad. Institucionalmente se tuvieron que desplegar muchas estrategias para echar a andar las prácticas docentes en línea, además de todos los procesos administrativos. Muchas actividades ya se llevan a cabo. Sin embargo, muchos de los profesores no habíamos dado cursos completamente en línea, lo que nos ha obligado a prepararnos sobre la marcha e ir observando lo que sucede para reajustar. El tema de las diferencias generacionales en las formas de trabajo está claramente presente.

En esta modalidad la sensación del tiempo cambia, dado que la clase se prolonga en otra dimensión de tiempo más abierta. No basta con una audioconferencia, durante el día hay que atender las dudas de los estudiantes de otra manera a la acostumbrada; y aprender a distribuir nuestro tiempo de otra forma: el tiempo de trabajo y el de descanso recluidos en casa. Lo que hacíamos en sesiones delimitadas cara a cara, ahora se diluye en todo el día, mientras que permanecemos en un mismo lugar. Todos nos estamos organizando, pues también algunos estudiantes no se “conectan” por razones que van desde no tener conectividad efectiva hasta la distracción por la contingencia y la sensación de que cuentan con mucho tiempo.

La participación de los estudiantes queda claramente visible en el trabajo en línea. En las clases presenciales los estudiantes suelen verse comprometidos al vernos cara a cara y a veces solamente asisten por rutina sin participar activamente. El profesor lleva la conducción sin caer en cuenta que, aunque no lo parezca, la dinámica está sostenida por todos los integrantes.  Los estudiantes en general están más familiarizados con la tecnología y por ello asumimos que tendrían que ser más creativos y propositivos en esta modalidad. Casi siempre nos apoyan para que funcione la tecnología. Esto parece bueno porque desmitifica la figura del profesor que tiene que saber todo, así los estudiantes saben que aportan. La situación nos mueve a aceptar los límites de nuestra práctica docente y es un llamado a provocar a los estudiantes para que se activen haciéndose conscientes de que son ellos quienes principalmente sostienen la dinámica de los aprendizajes, que no se centra en el profesor. Sin embargo, poner las condiciones para que haya aprendizaje es nuestra responsabilidad y esto nos pone en tensión.

Tenemos que gestionar la participación, lo que implica no solamente estimular a los que van participando en sus distintos ritmos, sino preocuparnos por aquellos que no lo han hecho. Especialmente en estas condiciones en las que a todos nos cuesta más trabajo concentrarnos.

Es necesario también atender el trabajo del grupo. Buscamos que los estudiantes comenten sus dudas y que construyan aprendizajes grupales. Sin embargo, al no tener práctica en esta modalidad, esto nos puede causar tensión, ya que, dependiendo de la actividad de aprendizaje, no siempre hay sincronía en tiempo, espacio y objeto de conocimiento, causando incertidumbre sobre el trabajo del grupo como tal.

Otro motivo de tensión puede ser la planeación de actividades de aprendizaje, ya que se requiere romper la linealidad. Significa salir de nuestra zona de confort en estas circunstancias, con la presión de la inmediatez; proponer actividades retadoras para los estudiantes y no promover la escucha pasiva. Nos cuesta arriesgarnos para no perder el control y a la vez lograr que haya aprendizajes ya que con esto también seremos evaluados.

Requerimos pensar sobre la marcha nuestra docencia de otra manera, romper los viejos esquemas lineales de espacio y tiempo. Sin duda lo vamos a hacer, por lo pronto ya nos encontramos en un proceso intenso de aprendizaje a través de la experiencia.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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