Revisaba mis apuntes del libro descrito en el encabezado de éste artículo Coordinado por David Gómez – Álvarez y Víctor Ortiz Ortega a propósito de éstos tiempos en donde el estrés, la frustración laboral y el miedo a ejercer nuestros derechos en plenitud, se ha vuelto un problema de tristeza continua, malestar social y en casos críticos hasta problemas de salud mental en niños, jóvenes y adultos.
Dice Fernando Savater (en su obra: El Contenido de la felicidad), que la felicidad como anhelo es así, radicalmente, un proyecto de inconformismo. Aristóteles (en su obra: Política), sostiene que vivir en sociedad es una exigencia de la naturaleza humana, sólo en ella el hombre puede realizarse, perfeccionarse y conseguir la felicidad. Así el bienestar de los individuos en último término, su felicidad, requiere un sentido de vida y “virtud perfección moral” (distinguir y decidir entre lo correcto e incorrecto, lo justo y lo injusto). El individuo sólo puede realizarse y trascender en sociedad.
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La felicidad está catalogada como un Bienestar subjetivo y es una pieza clave en la condición humana en estos tiempos modernos, que a mi juicio debe ocuparnos a todos no sólo al Estado, a las empresas y organizaciones. Porque nuestra sociedad presenta siempre en cada acuerdo, en cada toma de decisiones, en la misma desigualdad social e incluso en su represión de las pulsiones biológicas como dice Sigmund Freud muchos conflictos que afectan nuestro Bienestar subjetivo. Más aún cuando el sufrimiento humano se alimenta según Freud de la supremacía de la naturaleza frente al hombre, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en familia, el Estado y la Sociedad.
Ser feliz no es fácil pero tampoco es valor inalcanzable. Implica esforzarse por una vida plena como el aumento de nuestras potencialidades como individuo. Si bien, la felicidad es un asunto íntimo cabe resaltar que el Estado también se ocupa de propiciar que los habitantes de una ciudad alcancen ese grado de desarrollo personal y social que pueden considerar como pleno y satisfactorio.
Jeffrey Sanchs. Dir del Proyecto Milenio de Naciones Unidas (2001) afirmaba que vivimos en una época de vértigo. A pesar de la riqueza total sin precedentes del mundo, existe una gran inseguridad, un gran malestar y una gran insatisfacción […], una amplia mayoría de ciudadanos creen que el país está en el camino equivocado […].Frente a éste contexto, ha llegado la hora de volver a considerar los motivos básicos de la felicidad en nuestra vida económica. La búsqueda implacable de mayores ingresos está conduciendo a una desigualdad y a una ansiedad sin precedentes, y no a una mayor felicidad y satisfacción en la vida. El progreso económico es importante y puede mejorar marcadamente la calidad de vida, pero sólo si es objetivo que se persigue junto a otros.
Bruno Frey puso de manifiesto que no sólo los factores demográficos y económicos, como los ingresos y el desempleo, afectan a la felicidad, sino también factores institucionales como la democracia y la descentralización política. Angus Deator, Premio Nobel de Economía 2015, quien ha demostrado que es posible tener elevadas tasas de crecimiento económico y no mejorar el bienestar en la misma medida, lo que incrementa una profunda desigualdad, así como, en sentido inverso, es posible mejorar las condiciones de vida de los sectores en extrema pobreza aún en ausencia de crecimiento.
Por lo tanto; la felicidad debe ser un objetivo de la política pública, porque no sólo basta para los gobiernos pensar en crecimiento económico a secas. Para algunos economistas el Producto Interno Bruto es un agregado monetario que presta poca atención a los sistemas distributivos y a los elementos de la actividad humana para los que se dispone de valoración del mercado. Para medir el bienestar y progreso social se han generado 12 recomendaciones complementarias: cinco relativas a las relativas a los temas de bienestar material, cinco dedicadas a la calidad de vida y dos al medio ambiente y su sostenibilidad (ver Stiglitz, Sen y Fitoussi 2009).
Que importante es la relación de la gobernanza y la calidad de vida. Se trata de buscar la fórmula para transitar hacia agendas políticas radicalmente distintas orientadas al bienestar y no al dinero. Son nuevos paradigmas de la economía de la felicidad medir siempre bienestar, progreso y desarrollo, como señalaba el francés Nicolás Sarkozy en 2008 cofundador en su país de la Comisión sobre la medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social.
Es posible que algunas políticas y programas sociales que reducen la pobreza tengan poco o nulo impacto en el bienestar de las personas ya que deberían considerar seis aspectos clave: en primer lugar, que la vida de los seres humanos va más allá de su ejercicio como consumidores y que su bienestar emerge como el resultado de su satisfacción en muchos dominios de la vida. Segundo, que a pesar de que el dominio económico es relevante no determina la satisfacción con la vida. Tercero, un aumento de los ingresos y, tal vez, en la satisfacción económica, no está acompañado necesariamente de un aumento en la satisfacción en otros dominios cruciales en la vida. Cuarto, es posible diseñar programas que potencian el impacto positivo del aumento del ingreso en la satisfacción de la vida. Quinto, con el fin de mejorar los programas de reducción de la pobreza, es necesario ir más allá del ámbito económico de la vida para considerar el impacto de las políticas públicas en otros ámbitos. Sexto, el ámbito de la intervención pública no debe limitarse a los factores relacionados a la capacidad de generar ingresos.
Es necesario observar a países como Bután, Dinamarca, los países bajos o Costa Rica entre otros, de ser países con alta satisfacción de vida y felicidad. Sin tener necesariamente una alta calificación económica mundial.
En México, cada dos años se realiza la medición del bienestar autorreportado (BIARE) por el Inegi. La ONG Imagina México A.C ha realizado estudios en donde concluye que no todas las personas pobres tienen una baja satisfacción con la vida. Nuestro país está por encima de la media mundial como un país feliz; pero es más probable que sea más feliz teniendo mayor Desarrollo Económico y menos corrupción.
Creo finalmente, que nuestras fiestas populares como El Carnaval o los festejos como: La Guelaguetza como muchos otros en el país, No son pan y circo al pueblo ignorante, ni tampoco un pretexto para prolongar las fiestas por usos y costumbres. Sino que pueden agregar valor a nuestro bienestar subjetivo (felicidad); porque permiten al ciudadano bailar y sonreír a pesar de los problemas cotidianos. Claro, evitando la violencia o desordenes que son contraproducentes para toda la familia y personas que lo disfrutan de otras partes del mundo.