Juan Luis Hernández*
Estamos en temporada de premios a lo mejor del cine en el año 2019 y dentro del puñado de pequeñas obras maestras hay una que vale la pena reflexionar por sus contenidos sociales y políticos: Joker. La película muestra una ciudad en caos, basura por doquier, oscura, una ciudad en la que el hombre es el lobo del hombre, pero sobre todo, una ciudad donde los ricos y los pobres están muy separados unos de los otros generando brechas de odio y resentimiento. Aristóteles decía que sociedades desiguales son inevitablemente sociedades violentas y esa es la tragedia de Ciudad Gótica convertida en metáfora de nuestro tiempo.
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La película sostiene la tesis de que los violentos en las ciudades, los portadores de la violencia que hace de las ciudades los peores lugares para vivir, lo son porque las sociedades inhumanizadas y ya no civilizadas, los hicieron. La enfermedad o enfermedades del Joker no estimulan en ningún momento la violencia. Ciudad Gótica es violenta y hostil por las prácticas de exclusión, apartheid social, empresarios rapaces y políticos sin escrúpulos. Las violencias son construcciones sociales, devienen de las violencias económicas, políticas, simbólicas y culturales. Pero también vienen de lo que Hannah Arendt denominó “la banalidad del mal”, es decir, la maldad cometida de manera cotidiana por hombres y mujeres sin poder, simples, sencillos, con todas esas personas que convivimos todos los días, pero cuyo contexto social los va transformando en protagonistas de la maldad. Joker conduce una narrativa: Ciudad Gótica es una ciudad en la que es muy fácil que los que no son violentos lo sean muy pronto.
¿Ciudad Gótica es México? Al repasar la tragedia social que nos ha ocurrido las últimas dos décadas con la expansión de la violencia, es inevitable vernos como ciudad gótica, es decir, acudir a dicha metáfora para vernos y, quizás, probablemente no querer seguir viéndonos ante el horror de descubrirnos enfermos, esta vez, sí, enfermos, pero enfermos de violencia, enfermos de la “banalidad del mal”, enfermos de pobreza y desigualdad.
El personaje de Joker asiste a un programa de televisión y dice enfático: “Todos son muy malos en estos tiempos” y le dice al presentador del programa, “has visto cómo está allá afuera? se gritan unos a otros, ya nadie es civilizado, nadie se pone en los zapatos del otro”. Mirando la realidad de nuestro país y de nuestra ciudad, es muy fácil ver las ciudades góticas que habitan entre nosotros. Cada vez somos testigos de violencias cotidianas en la calle, es muy fácil que desaparezca un niño o una adolescente en la vía pública, pero también nos estamos acostumbrando a ver que la violencia vial se expande como virus, el coche como instrumento de hostilidad y amenaza. Los feminicidios se han incrementado aún con las alertas de género y las familias siguen siendo el lugar donde más abusos sexuales se cometen contra la infancia.
El origen de la violencia está en la pobreza y la desigualdad, pero también en la terrible deshumanización y despersonalización que vivimos, en la falta de empatía por el otro, en las ofensas cotidianas que convierten nuestra convivencia en la basura que nos rodea. Hay algunas películas que nos animan a reflexionar y a mirar cómo vivimos. Pongámonos más seguido en los zapatos del otro y seamos parte de la revolución pacífica que apela a vivir mejor, empezando por nuestros gestos cotidianos hacia los demás.
Se requiere mucha valentía para enfrentar la hegemonía de la violencia y no caer seducidos por ella. Estamos en un quiebre social y humano que alienta a que echemos mano de todo lo que esté a nuestro alcance (políticas públicas, educación, espiritualidades en la acción, compromiso social) para que salgamos lo más rápido posible de las ciudades góticas que nos habitan.
*Politólogo, Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Ibero Puebla.