Voluntariado: Pasión y Esperanza

Viernes, Noviembre 1, 2019 - 07:44

Hay una escasa institucionalización del Voluntariado Universitario

Maestra en Intervención Social, Universidad Pública de Navarra. Licenciada en Psicología por la Ibero Puebla. Se desempeña como investigadora y docente. Es Coordinadora de Desarrollo Comunitario de la Ibero Puebla

Los días 23, 24 y 25 del mes de octubre del 2019 tuve la oportunidad de asistir al 36° Congreso Nacional y 10° Internacional de Servicio Social y Voluntariado Universitario y III Coloquio Iberoamericano sobre Voluntariado Universitario que se llevó a cabo en la UNAM. En dicho evento se congregan diversas universidades que presentan las experiencias y los proyectos que tienen de Servicio Social y de Voluntariado en sus respectivas instituciones.

Mi participación en dicho congreso fue principalmente para conocer los diversos proyectos de voluntariado universitario y los retos que estos enfrentan ya que parte de mi trabajo en la Universidad Iberoamericana Puebla es coordinar el Voluntariado IBERO Puebla. Con respecto a lo observado en dicho congreso me gustaría profundizar en dos puntos: 1) hay una escasa institucionalización del Voluntariado Universitario en comparación con los proyectos de Servicio Social y 2) ser Voluntario requiere de la combinación de dos elementos, pasión y esperanza.

El primer punto, la escasa institucionalización del Voluntariado Universitario, se logra vislumbrar en los pocos trabajos que se presentaron sobre voluntariado en comparación de los presentados por Servicio Social. Esta situación nos habla de una insuficiente institucionalización de Voluntariado Universitario, quizá porque a diferencia del Servicio Social no es un criterio obligatorio para la titulación de estudiantes, por lo tanto, el ejercicio del voluntariado puede estar presente o no como forma de participación estudiantil en las universidades. Tan sólo en la Ciudad de Puebla existen universidades, que independientemente de su infraestructura y reconocimiento, no ofertan programa de voluntariado para sus estudiantes.

La falta de institucionalización de este no es sinónimo de ausencia de voluntarios universitarios ya que, a pesar de no estar amparado como programa en algunas instituciones de educación superior, existen jóvenes universitarios que se organizan para hacer trabajo voluntario de diversa índole y buscan espacios desde dónde realizarlos. Incluso he sido testigo de estudiantes de otras universidades que se acercan a la IBERO Puebla para unirse a nuestro programa de voluntariado ya que en sus universidades no cuentan con un espacio reconocido y organizado para ello.

La falta de institucionalización también influye en que los voluntarios que acercan sean básicamente estudiantes. En el Congreso que se llevó a cabo en la UNAM, algunos de los asistentes nos preguntábamos sobre el reto de convocar voluntarios, que no fueran sólo estudiantes, sino que a este tipo de programas pudieran contar también con la presencia de académicos y administrativos. Uno de los asistentes mencionó que, al ser precisamente un trabajo voluntario, no hay forma de incentivar al resto de la comunidad universitaria de otra manera que no sea el propio interés que las mismas personas tengan a participar, en resumidas cuentas, se concluyó que el voluntariado tiene que ver con la pasión, con el amor y la energía que se le imprime al trabajo voluntario. Al escuchar esta conclusión no pude evitar pensar también que el trabajo voluntario tiene que ver con la esperanza, el no rendirse y en creer firmemente que este mundo puede ser transformado en otro más digno para todos.

Por último, si el voluntariado se trata de pasión y de esperanza y la mayoría de los voluntarios son jóvenes universitarios, cabe preguntarse ¿dónde está puesta la pasión y la esperanza de los adultos? Creo que tenemos mucho que aprender de los voluntarios, especialmente de los jóvenes voluntarios ya que a pesar de la negrura que augura nuestro futuro ellas y ellos están ahí día a día contribuyendo a la creación de un presente un poquito más luminoso.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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