En la perspectiva gestáltica-humanista-fenomenológica-libertaria, la depresión tiene dos contextos concretos, el primero de ellos es una pérdida. Una pérdida es un desequilibrio total, un desajuste trágico de la cotidianidad, una ruptura crítica con la conciencia de sí y para sí, queda implicada en una cadena de más y más pérdidas, un esfuerzo tremendo que tiene que hacer la persona para recuperar, digamos, un nuevo equilibrio, a este esfuerzo de su cuerpo y de su psique le llamamos técnicamente duelo. Digamos que la depresión es una de las maneras de autorregular frente a esta pérdida, la persona se queda pegada a lo que perdió, a quien perdió, para no dejarlo ir a través de esta gran tristeza depresiva, es una de las tantas maneras de quererlo retener. La conciencia se queda entonces adherida al pasado, a un pasado intemporal, de hecho, esta intemporalidad es una de las realidades de la mente depresiva, hecho que no le permite hacer contacto con el presente ni mucho menos con sus responsabilidades o sus nuevas tareas para salir de esta situación, esto es lo que llamamos el abandono de sí mismo y la pérdida de contacto. No solamente hablamos de una parte psíquica o mental, los estragos que sufre el cuerpo son mayúsculos, la depresión completa puede llevar a la persona a una muerte en todos los sentidos, (decaimiento total, baja de defensas, dolores musculares, enfermedades de todo tipo, contagios, etcétera) por supuesto que es una causal de suicidio o de complicaciones ideáticas suicidas permanentes. En cierta ocasión una paciente me decía que en realidad lo que verdaderamente quería era morir para alcanzar a su marido porque lo extrañaba, lo que me llevó a cuestionar, con todo respeto, esta idea judeo-cristiana de la existencia de otro mundo en donde encontrar a los muertos, las personas se mueren y ya, no encuentran a nadie en ningún lado y mucho menos con la conciencia que tienen vivos como se supone que la tienen. La depresión por la pérdida implica siempre un gran trabajo de duelo, de recuperación del equilibrio perdido y del encuentro con una nueva perspectiva de vida autónoma, creativa y llena de nuevos proyectos y responsabilidades, es a esto a lo que ayuda de manera importante una Psicoterapia, un tratamiento psicoterapéutico constante, persistente, sistemático, científicamente fundamentado.
En un segundo contexto la depresión obedece a una situación permanente de presión, de agresión, de opresión, de encierro, de sometimiento. Tal contexto implica la progresiva inhabilitación autorreguladora de la persona, esa persona ya no decide, no se regula ella puesto que es regulada por alguien más, literalmente se convierte en un objeto de la perversidad del otro y abandona sus necesidades, lo que ella quiere, lo que ella necesita. Una vez más decimos que alejarse de las necesidades y responsabilidades propias es alejarme de sí mismo. La persona desactiva los mecanismos naturales que tiene para la defensa, para la libertad o para la liberación. Todos los seres vivos venimos equipados para defender nuestra libertad, somos capaces de la agresividad para defender nuestro territorio o para encontrar lo que estamos buscando. Cuando una persona ha sido sometida en pos de los intereses de otra persona, se convierte en parte del campo de esta y abandona su vida. Esta perspectiva humanista es naturalista, insisto, todos venimos equipados de manera natural para ser libres, nadie nace esclavo por naturaleza. La depresión entonces es el distanciamiento de la satisfacción de las necesidades personales y por tanto la muerte del espíritu propio. Hacer un trabajo psicoterapéutico en este sentido tiene que ver con la recuperación de las facultades naturales para la defensa y para lograrse separar (pa-rar-se) El encuentro con esta realidad nunca es lindo y feliz, es necesario rehacer el escenario de la prisión en la que vivimos para reactivar lo que en su momento decidimos no reactivar y abandonamos por conveniencia o por que no nos quedaba otra, de esa manera vamos encontrando la llave de salida de nuestra cárcel. Sin embargo, del otro lado de esa cortina está nuestra libertad, nuestra vida, nuestra responsabilidades, el amor, especialmente un infinito amor a nosotros mismos y a lo que decidimos y hacemos. Esto es ir al fondo en el que hemos abandonado emociones que nos asustaron en su momento: para la Gestalt, la depresión es una emoción que ha quedado en el fondo y que comienza a descomponerse, a podrirse, a apestar.
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Trabajar esto en psicoterapia es imprescindible, estoy convencido que no existe otro método más eficaz para el tratamiento de la depresión, ¿por qué afirmo esto?. Sí comparto que el control del metabolismo cerebral provocado por estos estados limítrofes tenga que ser tratado por los medicamentos psiquiátricos, pero me parece que el grueso del trabajo de la depresión es relacional, es emocional, psíquico, es la experiencia desde donde se provocó y la manera en la que lo estamos enfrentando, ese es el fondo y es ahí donde tenemos que llegar, quedarnos en la medicación pensando que esta nos va a sanar es una equivocación, quitar la responsabilidad de las personas a través de los medicamentos es un barril sin fondo, el aspecto psíquico es mucho más poderoso en este sentido que cualquiera otro procedimiento. Sé que a muchos les es complicado aceptar estos planteamientos, al poder inmenso del mundo médico y farmacológico está en medio de todo esto, de cualquier manera dejo estos planteamientos para la reflexión o incluso para conversación y el debate. Dejo mis datos para citas, entrevistas o invitaciones. Dr. Abelardo Fernández Fuentes, Sección A 42 Unidad Guadalupe, Puebla Pue. Tel 2222173439. Este es mi espacio psicoterapéutico. Saludos.