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Opinión



2 de octubre perdón y no olvido

Domingo, Septiembre 29, 2019 - 22:06
 
 
   

Tlatelolco y Ayotzinapa son dos escenarios que nunca más deberían repetirse.

Nos encontramos a 51 años de los sucesos del 2 de octubre del 68 y a 5 de los hechos en contra de los 43 normalistas de la Escuela Normal de Ayotzinapa, lo que nos hace reflexionar sobre estos dos acontecimientos y las repercusiones en el actuar del Estado mexicano.

1968 fue el año de grandes y trascendentes manifestaciones de la juventud en diferentes partes del mundo como Tokio y Paris. Fueron los universitarios quienes dieron la muestra de cómo una generación enfrentaba al poder político en demanda de mayor equidad y apertura con la sociedad. La lucha estudiantil también logró en Cuba, consolidar a la revolución que derrocó al régimen impuesto por el gobierno de los Estados Unidos.

En 1968 las protestas pacíficas no estaban aprobadas por el gobierno federal y de la Ciudad de México. Hubo diferentes enfrentamientos con la fuerza pública, que llevaron a la elaboración de un pliego de demandas que incluían: Libertad de todos los presos políticos; derogación del artículo 145 del Código Penal Federal; desaparición del cuerpo de granaderos; destitución de los jefes policiacos Luis Cueto y Raúl Mendiolea; indemnización a las víctimas de los actos represivos y por último deslinde de responsabilidades de los funcionarios involucrados en actos de violencia contra los estudiantes.

Con la presión de la imagen de México frente al mundo por la inminente inauguración de los juegos olimpicos, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz a través del entonces secretario de gobernación Luis Echeverría, instruyeron la represion de fuerzas militares y policiacas sobre los contingentes de jóvenes universitarios en lo que se denominó “la matanza de Tlatelolco” en la plaza de las 3 culturas de la Ciudad de México.

A partir de ello, el siguiente gobierno de Luis Echeverría tuvo que abrirse más hacia la sociedad, reconocer a partidos políticos, nuevas leyes elecorales. Sin embargo, en la tarde de corpus christi de 1971 hubo un nuevo enfrentamiento con más jóvenes acribillados por el Estado.

Lo que parecía que sería la oportunidad del antiguo régimen político pos revolucionario de abrir los espacios a nuevas corrientes de pensamiento progresista surgido de la intelectualidad universitaria, resultó en una respuesta contundente de autoritarismo por parte del Estado mexicano. Sin embrago, los jóvenes universitarios y politécnicos, con su sacrificio abrieron paso a lo que posteriormente será la transición democrática de México, en el año 2000. Todavía la gesta del 2 de octubre sigue impulsando las luchas progresistas y democráticas de nuestro país. Si bien el 2 de octubre de 1968 la violencia del Estado mexicano acabó con la vida de jóvenes universitarios, sus reivindicaciones sociales aún están vigentes.

Después de los sucesos trágicos del 68, México ha vivido diferentes y dolorosos actos de represión como Acteal en los noventa y recientemente la desaparición forzada de 43 estudiantes de Ayotzinapa. 

En esta semana el presidente Andres Manuel López Obrador presidió un evento alusivo a la tragedia de Ayotzinapa y portó la playera emblemática de los padres de estudiantes desaparecidos. Además de romper con el paradigma del presidencialismo impoluto, también se acabaron las “verdades históricas” y el discurso oficial dede la visión estatal, que solo pone en duda el actuar y legitimidad de las instituciones de justicia en México.

Tlatelolco y Ayotzinapa son dos escenarios que nunca más deberían repetirse, como tampoco la existencia de un gobierno que utiliza la fuerza sin justificación alguna, para imponer un orden que lastima a la sociedad. La intención de conformar un nuevo régimen político que elimine las bases del autoritarismo que vivimos durante décadas, es una tarea impostergable.

El 2 de octubre debe ser la fecha que sirva para que gobierno y sociedad nos reconciliemos. El nuevo pacto social que debemos construir juntos empieza por perdonarnos de nuestros errores históricos y definir los cauces de la conciliación nacional con base al diálogo, el consenso y el respeto irrestricto a nuestras garantías y libertades. Perdón y no olvido deben ser la consiga y la tarea del Estado mexicano. Como dice el presidente López Obrador “Nada por la fuerza”


Semblanza

René Sánchez Juárez

Profesor universitario, politólogo, dirigente de la FROC-CROC en Puebla y ex diputado local

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