En Puebla, en el periodo de campaña 2019, la ciudadanía exigió de diferentes maneras el cambio de régimen, frente a esta demanda se planteó la imperiosa necesidad de un nuevo modelo de gobierno basado en la libertad, la austeridad, la solidaridad, la honestidad, la igualdad y la búsqueda de la felicidad, para la construcción de la paz y el bienestar de los poblanos.
Al ejercicio del poder devolverle su sentido ético y moral, quitarle la opulencia, el derroche, devolverle a la política su dignidad y a los políticos su vocación social y de servicio público.
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Se presentó como propuesta a la ciudadanía en diferentes foros un cambio de régimen del Estado de Puebla, a través del rediseño profundo de sus poderes públicos.
Cancelar la estructura institucional al servicio de los negocios de unos cuantos, el autoritarismo y la corrupción, para avanzar hacia la conformación de una organización austera, transparente y cercana a la gente. Con visión de Estado, construir el equilibrio de poderes y los contrapesos democráticos, para que el destino de Puebla no dependa del liderazgo de un hombre, sino de la solidez de sus instituciones, en suma, transformar profundamente el ejercicio del poder, terminar con el autoritarismo.
En el nuevo régimen, impulsar como nunca antes el desarrollo regional y el fortalecimiento de los municipios. El mejoramiento del Estado dependerá del crecimiento de sus regiones, atentos a sus características demográficas y geográficas, a sus procesos históricos y sociales, impulsar las capacidades y equilibrios regionales, integrando sus vocaciones productivas con cadenas de valor para mejorar el ingreso y el bienestar de la población.
Con estas ideas centrales considero pertinente reflexionar, sobre conceptos que dan sustento a un cambio de régimen político.
El sistema político como categoría de análisis refiere al conjunto de unidades políticas que interaccionan entre sí con un propósito determinado, se integra según Nohlen (2008) por tres subsistemas: sistema de gobierno, sistema de partidos y electoral.
Cuando se habla de unidades políticas podemos interpretar que en el sistema político y sus subsistemas se encuentran actores, instituciones, leyes, principios y valores, no obstante de estos componentes del sistema político existen entre todas estas unidades, relaciones de poder, de dominación, sea cual sea el tipo de sistema político de que se trate: autoritario, totalitario y democrático o cualquier otro.
A estas formas o relaciones de dominación se le llama régimen político: (De la Barquera, 2015).
Por otra parte, cuando se habla de transición, cambio de régimen: se comprende como un proceso de transformación de un tipo de régimen hacia otro, especialmente aquel de una dictadura, un régimen autoritario o del totalitarismo hacia la democracia (Nohlen, 2017, p.123).
Implica un proceso multidimensional con formas progresivas distintas y con diferentes niveles de profundidad para llevarse a cabo.
En una primera idea a manera de síntesis, puede entenderse que cuando se habla de cambio de régimen se refiere al cambio de relaciones de poder, de dominación pero también de la transformación, sustitución o surgimiento de actores, instituciones, leyes, principios y valores éticos, de ahí que cobre sentido que el cambio de régimen es un proceso que se integra de distintas dimensiones y que puede darse en diversos ritmos o velocidades, con distintos grados de intensidad y profundidad.
Por lo anterior, podemos decir que cuando se habla de un cambio de régimen es importante antes, tener un diagnóstico objetivo del modelo, diseño de las instituciones políticas, entramado normativo y actores que deban ser sustituidas (os) o cuales deben ser creados para funcionar en el nuevo contexto del sistema político que se pretende constituir, reformar, cambiar o transformar.
Por lo regular casi siempre se habla de cambiar políticamente de un sistema autoritario o totalitario hacia uno democrático, pero si no se democratiza el origen y ejercicio del poder aun en un diseño democrático, no se habrá hecho un cambio político real sino sólo un cambio de quienes dominan y como ejercen ese dominio.
Es pertinente resaltar que el cambio político de un régimen debe haber una priorización de las áreas o actores que tocará dicho proceso de transformación, pues el cambio político es un proceso además estructural y gradual, y si se trata hacia un cambio democrático, éste debe sentar las bases institucionales y normativas, para hacer parte con voz y voto a los ciudadanos en la toma de decisiones, lo cual es un rasgo esencial del ejercicio democrático del poder, pues la alternancia política sólo es un primer paso y muy básico en este proceso gradual de cambio político.
En conclusión, a un mes de la llegada al poder de la 4T, en Puebla se ha iniciado el proceso de transformación del régimen político autoritario heredado desde la época del Avilacamachismo en puebla.
Ojala una Ley de Participación Ciudadana, plasme la diversidad de mecanismos que le devuelvan a los ciudadanos el derecho originario en la toma de decisiones, de decidir sobre el origen, relaciones de poder y ejercicio democrático del poder público.
En nuestra realidad actual y sin caer en el “pesimismo”, habrá que darle su justa dimensión a la frase de Jean Jacques Rousseau: “Si hubiera una nación de dioses, éstos se gobernarían democráticamente; pero un gobierno tan perfecto no es adecuado para los hombres”.
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