En términos generales bien se ha calificado al equipo que acompañará al gobernador Luis Miguel Barbosa. Algunos personajes mejor que otros. Es el caso de Fernando Manzanilla.
El aún Secretario General de gobierno ha dado muestras de su experiencia, institucionalidad y mesura. Gusta moverse con un perfil bajo y es el más apropiado para quien está y estará detrás del gobernador.
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Decía el maestro Olivares Santana, “Gobernación tiene que ser como la humedad, que no se ve, pero se siente.”
Aparece sólo cuando es preciso, pero su mano y funciones se notan. No gusta del oropel ni los reflectores y tampoco del protagonismo. Es ejecutivo y no tiene fama de duro; sí de conciliador; enérgico cuando la situación lo reclama y detallista tras bambalinas.
Los años forman. El licenciado Manzanilla ha estado de los dos lados de la mesa. Se ha movido en el escenario del poder y en un ambiente cercano al exilio. Todo esto lo retrata como un funcionario casi diseñado para el encargo que le ha ratificado el gobernador electo.
Con un agregado: no suele escuchar el canto de las sirenas.
El próximo titular de la Secretaría de Seguridad del Estado, el almirante Marco Antonio Ortega Siu es la otra pieza estelar.
Viene de fuera y eso es más cualidad que defecto, en este caso muy particular.
Su procedencia no lo liga con mafias y grupos de interés locales o regionales. Tiene el visto bueno del poder en las máximas alturas y a ellos tendrá que entregar cuentas, además de al gobernador.
Su hoja curricular es de suma importancia, diríamos que casi de lujo, por las delicadas operaciones en que ha participado. Todo esto, en el momento que vive Puebla, cuando los índices de inseguridad se han disparado, abre una esperanza extraordinaria.
No es exagerado decir que esta dupla constituye los dos flancos fuertes del gobernador.
Brazo derecho y brazo izquierdo.
Uno diseña el clima de gobernabilidad en el estado, y el otro aprieta tuercas con el recurso de la inteligencia y la fuerza propia del estado.
Quien será Secretario de Educación Pública, el profesor Melitón Lozano Pérez, llega precedido de buena fama y trayectoria para el encargo encomendado.
Ha sido maestro en las aulas, pero es también un estudioso de la materia, y además ha desempeñado cargos políticos -presidente municipal y diputado- que lo dotan del conocimiento necesario para el ramo educativo.
“Para que la cuña apriete, ha de ser del mismo palo”, dice el refrán, y vaya que harán falta buenas cuñas y múltiples acciones correctivas y sanitarias para acabar con una nociva fauna que carcome las entrañas de esa Secretaría sexenio tras sexenio.
Tendrá que barrer de ahí a aviadores, zánganos, simuladores y aspirantes a caciques que querrán someterlo y estropearle el camino. Contar con todo el apoyo del gobernador es fundamental para convertir a la educación en el ariete para el desarrollo de Puebla.
Julio Glockner es un elemento que proviene de las filas universitarias y la izquierda. Sin duda que refrescará mucho el ámbito de la creación y promoción de la cultura. No trae etiquetas ni prejuicios y esto le ofrece la estupenda oportunidad de dar un reimpulso a las tareas en ese importante ámbito.
El terreno está fértil para innovar, redescubrir. Y el tiene, asimismo, los vínculos que le permitirán apoyos federales para fortalecer el papel que de suyo tiene Puebla en el concierto nacional.
Verónica Vélez Macuil, en la Comunicación Social del Gobierno, es un premio al periodismo de trinchera y a la lealtad al gobernador. Tiene en sus manos una tarea interesante porque lo que concierne a la comunicación es parte de las columnas que le dan sustento a la Cuarta Transformación.
El doctor Guillermo Ruíz Arguelles proviene de una familia con prestigio en la medicina privada poblana. Hombre preparado, de currículo impecable, no ha tenido, sin embargo, experiencia en el servicio público. Ese es su reto: vivir y hacer funcional el indispensable vínculo social.
La medicina preventiva y curativa, como una de las facetas más importantes de todo gobierno, requiere una sensibilidad y calidez extraordinarias. La vida, funcionamiento e imagen de los hospitales públicos de Puebla, reclama un trabajo intenso y sostenido las veinticuatro horas.
Y aparte de ello, y muy importante, su tarea estará bajo lupa, porque en los ductos del sector salud han circulado aguas negras de corrupción y chorros pestilentes, fruto de toda clase de negocios y trafiques de quienes han pasado por ahí, particularmente en el morenovallismo.
Hay otros perfiles relevantes y algunos rostros poco conocidos en los futuros integrantes del gabinete. Pero predomina un signo de aliento para el sexenio que arranca en unas semanas más.