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OPINIÓN

Candidatos y partidos

Si las elecciones fueran hoy, ganaría el candidato de Morena.

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Viernes, Marzo 1, 2019

Víctor Reynoso

Profesor de la UDLAP

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Un colega que estudia un posgrado en Europa me envía el programa de una materia sobre partidos políticos. Destaca que no es sobre partidos, sino sobre la personalización de la política: parte de la idea de que las organizaciones partidarias son ya parte de la historia, y lo que ahora cuenta son los candidatos y los líderes. ¿Es cierto esto en el caso de México?

En parte sí, en parte no. Si nos concentramos en el liderazgo de López Obrador avalaríamos la teoría de la personalización de la política. Fue candidato de un partido, pero de su partido. Morena está indisolublemente ligado a él. Si el actual presidente llegara a faltar, ¿qué sería de ese partido? Lo más probable es que poca cosa, nada en comparación a lo que es ahora. Sería como lo que es hoy el panismo en Puebla, que fue absorbido por la pareja Moreno Valle-Alonso.

Pero si nos centramos en las elecciones locales la perspectiva cambia. La “marca” Morena llevó al poder a gobernadores, presidentes municipales, regidores y diputados que difícilmente hubieran ganado la elección por otro partido. O que claramente nunca hubieran ganado nada, de no ser por la avalancha generada por la candidatura de López Obrador en 2018.

En la elección extraordinaria de Puebla de 2019 todavía estamos en eso. Si Luis Miguel Barbosa fuera ahora candidato por el partido en el que militó varios lustros, el PRD, ¿qué porcentaje de preferencias tendría entre los electores? Si Alejandro Armenta Mier lo fuera por su anterior partido, el PRI, ¿tendría alguna posibilidad de triunfo? ¿Y Nancy de la Sierra como candidata priista?

Los datos de encuestas nos señalan que, si las elecciones fueran hoy, ganaría el candidato de Morena, casi cualquiera que fuera. No conozco encuestas que pregunten sobre las preferencias que tendrían los tres precandidatos de Morena (Barbosa, Armenta y de la Sierra) en el caso de que participaran por sus anteriores partidos (PRD, PRI y PRI, respectivamente). Seguramente no las hay, y no las habrá: son ociosas. No van a contender bajo esas siglas.

Lo claro es que, en el caso de las elecciones locales mexicanas, la marca no solo pesa, sino que es decisiva. Claro, detrás de la marca hay una persona. Pero el elector, en general, no parece distinguir. No distinguió en la mayor parte de los casos en la elección de 2018. El voto diferenciado fue mínimo, aunque existió: por eso López Obrador obtuvo en Puebla más votos que los candidatos al Senado (Armenta y de la Sierra) y estos más que el candidato a gobernador (Barbosa). Pero todos se beneficiaron del tsunami Morena. Si Barbosa no ganó, dejando de lado irregularidades, fue porque la candidata del morenovallismo movilizó diversos recursos, entre los que no hay que menospreciar sus cualidades personales.

Lo interesante es que no es claro qué significa la marca Morena. Bien se ha dicho que los partidos tradicionales en México (PRI, PAN, PRD) fueron de cocimiento lento y en cocina abierta. Tardaron décadas en adquirir forma, sobre todo los dos primeros. Morena y sus aliados han sido de cocimiento rápido. Muy poco tiempo pasó entre la fundación del partido de López Obrador y su triunfo en la elección presidencial. No es claro qué sea ese partido. No es claro si tiene ya una forma definida. Es claro que es notablemente diverso. En algunos estados, como Hidalgo parece ser el viejo priismo con otras siglas. En Puebla la situación es más compleja pues, aunque los dos senadores por Morena, y hoy precandidatos a la gubernatura, fueron priistas, en los cabildos y en el congreso local predominan políticos sin antecedentes partidarios.

El corto plazo de la política poblano parece ser claro (aunque las candidaturas y las campañas lo pueden cambiarlo): predominio de Morena y triunfo electoral casi asegurado en la elección de este año. El mediano plazo parece ser, en contraste, totalmente incierto.

Hay otro proceso de estos últimos días que muestra la importancia de los partidos políticos en México: la aprobación, modificada, de la legislación constitucional de la Guardia Nacional. El presidente López Obrador hizo una propuesta. Esta se modificó después de consultas a estados, municipios y organizaciones civiles. La oposición a Morena hizo suyas las modificaciones, pero el presidente de la República las rechazó. Los senadores de su partido, sin embargo, conciliaron con los partidos de oposición y aceptaron los cambios. Lo mismo hizo la Cámara de Diputados.

Los partidos, a través de sus representantes en el legislativo, actuaron de manera distinta al hombre fuerte de la República en este momento. El presidente, con habilidad política, hizo suyos los cambios. Las personalidades cuentan, pero los partidos siguen contando.

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