Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿La cartilla moral es un árbol que da moras en Puebla?

Quizá valdría la pena desenterrar la complejidad del concepto benjaminiano

Miguel Ángel Rodríguez

Doctor en Ciencia Política y fundador de la Maestría en Ciencias Políticas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Investigador y filósofo político. Organizador del Foro Latinoamericano de Educación Intercultural, Migración y Vida Escolar, espacio de intercambio y revisión del fenómeno migratorio.

Viernes, Enero 25, 2019

Ayer comí con uno de mis mejores amigos, un hombre que conoce de manera puntual los tejes y manejes de la históricamente caciquil vida política de Puebla.

Me puso sobre la mesa los argumentos que considera relevantes para pensar que la designación del gobernador interino, por parte del congreso del estado, fue la mejor en el decapitado sistema político poblano.

Más artículos del autor

En menos de un mes, me dijo, al tiempo que revisaba el calendario para contar del 24 de diciembre al 23 de enero, se desmoronó la ilusión de un cacicazgo que duró ocho largos años.

Esto no me lo dijo, pero lo se muy bien, puedo testimoniarlo, que fueron más largos y oscuros para él y para su familia, pues fue víctima de varios abusos de las fuerzas de seguridad estatal.

El tema saltó de manera natural, pues mi lectura de la designación de Guillermo Pacheco Pulido como gobernador interino de Puebla me condujo a identificar, en la acción casi unánime los rituales solemnes y domesticadores del poder legislativo del antiguo régimen presidencialista. Y eso me entristece.

La unanimidad de los legisladores que a mi amigo le parece la mejor muestra del oficio político de Pacheco Pulido a mi me parece, no por la figura sino por las formas, una escena propia de las columnas de nuestro cada vez más extrañado Carlos Monsiváis.

En esto último coincidimos plenamente.

Figúrate el caldo de cultivo que la vida política de Puebla, desde Melquiades Morales, pasando por Marín y Moreno Valle, hasta Antonio Gali y Martha Erika –prosiguió- representaría para la ingeniosa y punzante pluma del autor de Los rituales del caos.

Nos despedimos cerca de las seis de la tarde con una sonrisa que reivindica la amistad en el acuerdo de poder estar en desacuerdo.

Y escojo, ahora, repensando en la charla con mi amigo, las escenas que se hilan alrededor del momento en que ocurre el helicopterazo, en el que fallecen, junto al piloto y dos personas más, el exgobernador del estado de Puebla y su esposa, la gobernadora del estado de Puebla, que llegó a Los Fuertes después de un desaseado litigio electoral. Litigio que hace unos días desembocó en la renuncia de la Presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

La expresión de júbilo de un político de Morena lo llevó a filosofar que se trataba de un asunto de justicia divina. Quizá valdría la pena desenterrar la complejidad del concepto benjaminiano.

La danza y la contradanza para elegir al gobernador interino exhibió de cuerpo entero a los aspirantes de Morena a la gubernatura. Levantaron la mano rápidamente los expriistas Nancy de la Sierra y Alejandro Armenta, Gabriel Biestro, morenista de cepa, Rosa Márquez experredista, Héctor Alonso Granados con militancia en varios partidos políticos y algunos otros cuyos nombres escapan a mi memoria.

Los argumentos más disparatados se escucharon entonces sobre el método para elegir al gobernador interino. Desde la imposible cortesía política hasta la infinita y desternillante fila de busca-chambas, con organizaciones civiles fantasmas detrás, que entregaron candorosamente su curriculum al congreso poblano y prendieron mil veladoras a San Judas Tadeo.

La lectura de los aspirantes, con dos o tres honrosas excepciones, me hizo pensar en la corte de los milagros descrita por Víctor Hugo y en la más famosa aún, a juzgar por los buscadores de la red, de Rodolfo Ruiz.

Sumo y sigo.

La elección presidencial redujo a una minoría en peligro de extinción al RIP en la república mexicana -nunca como ahora el gran Rius está presente. Lo mismo ocurrió en Puebla, en donde la Coalición Juntos Haremos Historia domina la mayoría del poder legislativo y gobierna 12 de los municipios más poblados, que además son cabeceras distritales.

En un sistema político menos pacato e hipócrita que el nuestro la Coalición Juntos Haremos Historia debió haber ejercido su poder legítimo y legal para designar un gobernador interino más próximo al perfil que la cartilla moral de Alfonso Reyes pregona, pues esa es la cultura política que el presidente Andrés Manuel López Obrador imagina como proyecto de formación ética para los mexicanos.

Una decisión en ese sentido podría haberse leído como la auténtica voluntad de transformación, como parte de la necesaria purificación de la vida pública nacional, de lo contrario el discurso moral de AMLO puede perder legitimidad, puede gangrenarse y corre el riesgo de degenerar rápidamente en demagogia

Se trataba de una jugada maestra para dar jaque mate al dominio caciquil del PRI y, por supuesto, a la barbarie del autoritario poder político de Rafael Moreno Valle.

¿Y qué ocurrió en la realidad real?

Resulta que sorpresivamente casi todos los partidos coinciden. Y el congreso, después de barajar la multiplicidad de opciones a mano, decide que un priista de cepa, marinista en el peor momento de su larga carrera, sea el gobernador interino.

¿No sembró AMLO en el imaginario nacional la necesidad de aniquilar al dinosaurio, de enterrar al antiguo régimen?

¿Y qué ocurrió en la realidad de opereta…?

Resulta que sorpresivamente casi todos los partidos coincidieron en la unción del gobernador interino. Y el congreso, mayoritariamente morenista, después de barajar la multiplicidad de opciones a mano, decidió que un priista de cepa, marinista en el peor momento de su larga carrera, sería el gobernador interino.

¿No sembró AMLO en el imaginario nacional la necesidad de aniquilar al dinosaurio, de enterrar al antiguo régimen?,  

En sentido contrario a la expectativa popular el Congreso local sacó el cadáver del RIP del cementerio, lo maquilló, le puso un respirador artificial y sentó al espectro de nuevo a ejercer el poder político sobre la sociedad poblana. El nuevo gabinete poblano está plagado de morenovallistas y marinistas conspicuos, pues es la gente que frecuenta y conoce naturalmente el nuevo gobernador interino. 

En la conformación de ese cuadro administrativo, que incluye a un policía en la secretaría de educación pública, botín preferido del morenovallismo, oteo el riesgo del desencanto popular entre muchos de los simpatizantes de Morena, pues en la decisión pragmática la purificación de la vida pública quedó en entredicho.

 Mucha gente que votó por la idea de la Cuarta Transformación se quedará boquiabierta de la radical e incomprensible exhibición del gatopardismo poblano: ¡Que todo cambie para que todo siga igual!

¿Por qué chingaos, se preguntará la banda cada vez más alerta, si por primera vez ganamos algo en la política y festejamos la cuarta transformación, es un priista el gobernador y tiene un gabinete con los mismos prianistas de siempre?, ¿por qué si votamos para sacar al PRIAN del poder y ganamos sigue el PRIAN ejerciendo el mismo poder caciquil?

Y aquí viene a mi memoria un célebre artículo del Monsi sobre la forma de dominio caciquil en México y, también, sobre la poderosa influencia del poder presidencial en el destino de los cazicazgos estatales. El centro del alegato es que para los caciques, como el proverbial dominio de Gonzalo N. Santos en San Luis Potosí, la moral no es otra cosa que un árbol que da moras.

Así explica Monsi el funcionamiento del presidencialismo del antiguo régimen:
"Si se puede aventurar una hipótesis, la demasía del presidencialismo convirtió en cacicazgos a todos los poderes subalternos. Sólo ha concebido un caudillo, un gran señor, y los demás han sido depositarios regionales o gremiales del poder menor. Así han sido igualmente caciques los gobernadores, los secretarios generales, los monopolistas del poder en un estado o una región, Rubén Figueroa en Guerrero, Fidel Velázquez en la CTM, Leonardo Rodríguez Alcaine en el Sindicato Mexicano de Electricistas, Leobardo Reynoso en Zacatecas, y las decenas de miles de figuras que para quienes los padecen resultan arquetipos o estereotipos de la falta de libertades.

Estamos ante la única, múltiple biografía del concesionario de la hegemonía del presidencialismo, del detentador de la franquicia del mando, el "presidente a escala" al que no suelen visitar los corresponsales extranjeros. En un nivel, se trata de la sordidez del feudalismo que resiste a la modernidad; en otro, de la producción incesante de personajes de novela noir o de thriller donde los callejones solitarios se vuelven súbitas fosas comunes. El caciquismo es el México Bronco (o Acicalado) que ve en la democratización al enemigo."

 

Se quedan en mis laberintos neuronales la producción de personajes de novela política que la historia del caciquismo poblano ha inspirado -señaladamente Arráncame la vida de Ángeles Mastretta. Y pienso, ni para el militar Maximino Ávila Camacho ni para Rafael Moreno Valle, formado en los Estados Unidos, la moral significaba más que parte de un falso discurso, del que se burlaban en privado.

 Ambos compartían la certeza de que en política la moral es un árbol que da moras.

La renuncia al amor para alcanzar el oro es una historia clásica de la literatura, la ópera, las rancheras, las cumbias y hasta los corridos de la banda. Y es sabido que Rafael Moreno Valle sintetizaba su credo político en una reveladora frase: "para ganar hasta con mis enemigos para perder ni con mis amigos”.

Es decir, en buen español, en política la amistad no existe. 

Por eso el extinto senador podía desplazar sus piezas fríamente, sin pulso de amor en la voluntad, todas eran sacrificables en aras de su riqueza y su fama. Levantó un sistema de espionaje militar paralelo al CISEN y con las más sofisticados dispositivos de intervención de aparatos electrónicos de amigos y enemigos.

Nunca confió en nadie verdaderamente.

Por eso es entendible que sólo a su esposa quisiera heredarle el poder, ella fue su mejor aliada, los secretos más oscuros de la política fueron compartidos por ambos y juntos se los llevaron a la tumba. Alguien ha sugerido que es el declive de una aristocracia, yo creo que es el fin de la forma más extrema y descarnada del autoritarismo neoliberal que desemboca de manera necesaria en oclocracia. Es el gobierno de los oscuros, basta mirar la calidad intelectual de los secretarios de educación pública que tuvo Rafael Moreno Valle durante su cacicazgo.

Todos los aliados, algunos prestanombres ahora archienrriquecidos, eran de mentiras y en las actuales circunstancias, en lugar de salir a defender el ideario del morenovallismo -nunca lo hubo- corren despavoridos, emprenden la graciosa huida de la vida pública hinchados de dinero malhabido.

En los hechos Rafael Moreno Valle se convirtió en la representación de la antítesis del ideario cristiano de Manuel Gómez Morín, fundador del Partido Acción Nacional como oposición a la inmoralidad, a la corrupción pública de la clase política revolucionaria.

En suma: la renuncia al amor de Moreno Valle, la confesión pública de que la amistad se puede sacrificar por ambición de poder, fama, dinero y gloria, nos permite comprender porqué el derrumbe de su cacicazgo haya sido tan vertiginoso y vertical, como la propia trayectoria del helicóptero al desplomarse, justo el simbólico día de celebración de la navidad.

En fin, de cualquier manera para la pesadilla de la escena política poblana nunca como ahora se hace vigente el cuento más corto del mundo de Tito Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”.

Vistas: 1469
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs