Resulta curioso y más bien preocupante que a propósito de la nueva administración política en nuestro país, por cierto ya gobernada por un partido de Izquierda: MORENA, acreditados intelectuales de estirpe “aparentemente” independientes, más aun, “libre pensadores”, lancen juicios de corte apriorísticos en contra de lo que ya se conoce como cuarta transformación. Tales juicios empero además de precipitados muestran claros signos ideológicos (en el sentido de ideología como “falsa conciencia de la realidad”) pues no hacen sino etiquetar unilateralmente como “autoritaria” la administración encabezada por AMLO, mientras olvidan que los mexicanos venimos saliendo precisamente de una, no sólo autoritaria sino en extremo autoritaria (Basta recordar la masacre de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y muchísimos más casos, o ¿acaso, a nuestros apresurados aprioristas, esos hechos, que no son simples suposiciones, les parece otra cosa que el colmo del autoritarismo extremo? Y que sexenio tras sexenio desde el que encabezó José López Portillo (1976-1982) se vinieron sucediendo hasta el presente (2018), más o menos, las mismas cruentas masacres en contra de mexicanos. Entonces habría que preguntar de ¿qué autoritarismo hablan? ¿De uno que, manteniéndose “sólo en su cabeza” lo suponen autoritario, más aun al suponer que coincide con el gobierno encabezado por AMLO, menos les gusta, mientras el anterior, el neoliberal, de “treinta años” lo añoran? ¿De uno que “curiosamente” está a favor de la gente, del Pueblo de México, mientras añoran otro antipopular que “aplastó, vejó y humilló” los derechos de este mismo pueblo? ¿De uno que curiosamente aprueba leyes y las aplica sólo con el <<consenso>> de la población, mientras añoran el de la “tiranía neoliberal” que defiende interés minoritarios sólo de casta? ¿De uno, que curiosamente ha arribado al poder sólo con el ejercicio efectivo del <<sufragio ciudadano>> claramente mayoritario, mientras añoran otro, el del fraude, el que se imponía a la gente a base de “maniobras legaloides”, mapachería o de “represión indiscriminada”? Es decir ¿de uno completamente atípico, pues no encuadra ni en la dictadura de más setenta años del PRI, ni en la dictadura de doce años del PAN, ni en la dictadura de tipos como Pinochet, o hablan de otro que asumiéndose neoliberal además de aplastar los derechos de la gente, arrebatarle su soberanía nacional, bloquear el crecimiento de la economía nacional con el pago de intereses escandalosos, o que otorga jugosos emolumentos y premios pecuniarios a un puñado de funcionarios e intelectuales, sin compromiso social, mientras defienden los privilegios de minorías y castas aristocráticas de corte porfiriano?.
Juan Villoro pareciera ignorar la obra y pensamiento de su progenitor, quien desde su trinchera como investigador y pensador mexicano de gran relieve, siempre estuvo haciendo causa común con el “autoritarismo” que condenan los intelectuales aprioristas; es decir, con el que pide justicia para los más necesitados, fue fuerte apoyador de la causa de la revolución cubana, incluso fue asesor del EZLN; es decir se trató siempre de un <<mexicano ilustrísimo>> por su posición siempre a favor de la gente, de la emancipación del Pueblo de México. Pero ahora Villoro, el segundo, parece ir muy a la zaga de su señor padre, haciendo causa común con el autoritarismo neoliberal, con las castas privilegiadas de siempre. Con eso de tener miedo a lo que él llama restauración y que con ella se llegue hasta el “periodo de Calles”, con semejante insinuación pareciera que nuestro escritor más bien añora los tiempos del dictador “Porfirio Díaz”, o época actual, de la que vamos saliendo y que políticamente con Peña Nieto, bárbaramente retrocedimos, todo ello durante el periodo neoliberal. Lo que comprueba esto, no es otra cosa sino la similitud de ambos tiempos en cuanto a que a uno y otro fue especialmente característico la represión generalizada sobre la población más vulnerable. En uno y otro régimen se atropelló a más no poder la dignidad humana, se combatió a sangre y fuego a los más humildes y se cometieron atrocidades bestiales contra sus derechos, más aun, se entregó en forma irresponsable la riqueza nacional a entidades extranjeras. ¿Eso es lo que quiere Villoro II, eso es lo que añora, en nombre de esas atrocidades le llama autoritario al gobierno de AMLO?
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Cossío como todo buen representante de la casta del dogmático normativo, primero se monta en el absoluto de su “apriorismo Kantiano”, nos intenta hacer creer que hay un deber ser absoluto, llamado “deber ser”, puro, sin mezcla sincrética, en su caso se llama: “justicia constitucional”. Más aún, presa del mayor de los “misticismos escolásticos”, estima que tal absoluto, goza de la mayor de las pulcritudes, es purísimo, y por lo mismo, no puede ser tocada mancillada por la “irredenta” democracia, propia de mortales demasiado lúdicos y toscos. En semejantes alocuciones, empero, nuestro ex ministro de la Suprema Corte de Justicia, se olvida de una cosa demasiado elemental, cosa que desde luego no es exclusiva de Cossío, sino de todo discípulo del llamado neo-kantiano imperialista, confeso o no, y que consiste en que los absolutos, los apriorismos morales o jurídicos, no son en modo alguno principios ecuménicos sino más bien posiciones que tras de sí ocultan posiciones o principios claramente particulares, con fuertes cargas de “juicio de valor”, pues no son sino son criterios claramente subjetivos, unilaterales, que pretenden sorprender al entendimiento, pero que con un poco de reflexión quedan fácilmente desmontados, como dice el criterio popular “aterrizados” develados. La <<justicia Constitucional>>, que, por otro lado, bien entendida (recuérdese a Ferrayoli) no debiera reñir con la democracia, y si riñe habría que perfeccionar a una y otra. Pero la “justicia constitucional” a que se refiere nuestro “preocupado” ex ministro ya hace poco, nos ha dado una prueba más del “tipo de justicia” que es capaz de promover: mantener los “privilegios” a toda costa, es decir, $ 600,000,oo de salario mensual en favor de cada ministro de la corte, sin importar que más de sesenta millones de mexicanos no cuentan con salario, ni siquiera el mínimo, y los que lo tienen carecen de prestaciones, más aun, su carácter vulnerable es crónicamente estacionario, su situación es progresivamente desesperante y condenada al pauperismo. Pero al “purismo abstracto” de ese ex ministro, eso no importa, no repara en que nuestros trabajadores del campo y ciudad permanentemente son “expulsados” de nuestro país, lastimosamente como “mano de obra barata”, y que muchos ya no prefieren regresar a su patria ante la falta de empleos y oportunidades. Finalmente al “apriorismo” de nuestro ex ministro se le olvida que su “justicia constitucional” (ya que siendo la suya particular o parcial, desde luego, hay otras más equitativas, más populares, más gentiles con la gente), acaba de ser sumamente “autoritaria” al validar el “fraude descarado” contra la ciudadanía de Puebla. Avaló igualmente las reformas espurias entre ellas la energética y la educativa, etc.. Como dice la gente, al ministro Cossío y a su unilateral “justicia constitucional”, muy buena falta le hace, que “le baje tres rayitas a su autoritario “ego”. ¿No cree señor ex ministro que debido a que anda muy elevado, por sobre las nubes, ello, no le permite ver a los de abajo, a su necesidad extrema? La democracia no siempre ha sido autoritaria, y raras veces se le confunde, mucho menos si sé confía al buen juicio, si se combina demandas e intereses populares con el buen juicio de hombres de buena fe y con prestigio social. Tal fue una sencilla práctica que caracterizó al siglo de Pericles, el mejor demócrata ateniense. Entre nosotros el periodo del General Lázaro Cárdenas, fue muy parecido a esos momentos de gran lucidez de la democracia mundial. No bien arranca el periodo de la cuarta trasformación y ya se le ve con cara “bifronte”. Apenas van unos cuantos días, mientras el “neoliberalismo” ha durado más de treinta años y casi se le absuelve. Al autista le es fácil todo, lo más indispensable para no cometer violencia a los términos le hace falta, la memoria. De todos modos abría que leer a Villoro Luis, a Carlitos Monsiváis etc., sobre todo su obra revolucionaria, y puede que se quite el miedo.
Roger Bartra destacado antropólogo al igual que Villoro y Cossío también manifestó miedo al imaginario “realismo autoritario” (¡sic!) de AMLO. Pareciera que sus investigaciones sobre el Modo de Producción Asiático, lo dejaron demasiado impresionado con el “autoritarismo” y “verticalismo burocrático” y además “estatista” de las sociedades míticas del lejano oriente. Casi “obsesivamente” ve prácticas autoritarias en todas partes, y desde luego “les teme”. Pareciera no haber reparado en lo que sostuvo AMLO en su discurso de toma de posesión el pasado 1º de diciembre. En efecto, AMLO, hablo del “ejército en las calles”, pero le recomendó un respeto estricto a los derechos humanos del Pueblo Mexicano. Sólo pensando que el ejército “carece de la posibilidad de entender una orden” de su comandante en jefe, cabría la posibilidad de que violentaría los derechos humanos a diestra y siniestra contra la población. Semejante posibilidad puede darse en efecto si y solo si AMLO y su administración se tornara autoritaria, pero esta es solo una suposición, muy distante si tomamos en cuenta que este líder social viene justamente de un movimiento que va más allá de MORENA, y que se caracterizó siempre por resistir los embates autoritarios de los gobiernos neoliberales, incluso la “injusticia” y el “bestialismo extrema” de esos regímenes, claro, entonces no se recuerda ninguna protesta airada sino de pocos y excepcionales intelectuales que hicieron de la causa de AMLO la suya propia. Habría que contar entre estos, al Gran Carlitos Monsiváis, Elenita Poniatovska, José María Pérez Gay, Paco Taibo II, el recientemente extinto Fernando del Paso, entre otros. El grupo no era tan grande pero de <<gran autoridad>> y <<prestigio intelectual y social>>. Bueno todos los miembros de este grupo jamás le tuvieron temor ni miedo a AMLO, por el contrario, contra el verdadero autoritarismo <<se la jugaron>> con él, y le apostaron al promisorio futuro del Pueblo de México. Ahora, los tres aquí indicados, no sólo “no se la juegan” con él, sino lo atacan, lo cuestionan. Quizá porque nunca supieron del largo peregrinar social y popular del actual titular de la presidencia de México. De su capacidad de resistencia, ante las injusticias de que fue objeto por el antiguo y fascista régimen. Así, ser autoritario no es echar abajo la mal llamada reforma educativa, ni desarrollar políticas de empleo y beneficios económicos a favor de los jóvenes o de los más viejos, los de tercera edad; no es denunciar las atrocidades del neoliberalismo a la mexicana, sus privilegios, sus desmesuras, sus injusticias. Entonces a ¿qué clase de autoritarismo se refieren?