Las caravanas de centroamericanos, han traído consigo un sentimiento que hasta hace poco veíamos en países europeos o en Estados Unidos, donde llegan grandes oleadas de migrantes. He escuchado comentarios que se basan en una imagen distorsionada y generalizada de los centroamericanos. Coinciden en el discurso de Mr. Trump, “Entre los de la caravana hay maras” escuché el otro día. Yo me pregunto ¿en qué se basó esa persona para decir eso?
La llegada masiva de centroamericanos ha causado controversia, pero el sentimiento xenófobo se desbordó en Tijuana, evidencia de esto son algunas manifestaciones donde se ha mostrado descontento ante la llegada de las caravanas. Hace no mucho, en 2016, en esta ciudad se quedó un contingente grande de haitianos, 2,625 para ser exactos y otros 775 en Mexicali (CONACYT PRENSA, 2018), ellos, como los centroamericanos sufrieron en un principio discriminación y violencia, no fue fácil el proceso de adaptación, principalmente por la barrera del idioma, sin embargo fueron poco a poco incorporándose a la sociedad, la mayoría de los haitianos cuenta con la preparatoria y están desarrollando oficios en distintos sectores. Claro que también existen problemas sociales como el desempleo y la prostitución. Los haitianos han creado ya su propia colonia en Tijuana llamada “La pequeña Haití” gracias al apoyo de un templo cristiano, se construyeron treinta casas, aunque en un área susceptible a las inundaciones y deslaves. Esta llegada de miles de personas no tuvo una política especial ni supervisión del Instituto Nacional de Migración ni del gobierno federal. Vale la pena recapitularlo ante la posibilidad de que un número más grande de migrantes se establezca en nuestro país.
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Hace poco se viralizó un video donde una mujer hondureña, integrante de esta caravana, rechazaba un lunch de frijoles y tortillas, argumentando que eso era “comida para chanchos”, lo cual molestó a mucha gente. Aquí valdría reflexionar en la responsabilidad que tienen los medios de comunicación al exponer este tipo de noticias, pues esto no hizo más que agudizar la controversia respecto a los centroamericanos.
Las políticas migratorias del próximo gobierno federal deberán considerar urgentemente el control migratorio en la frontera sur, se debe limitar el número de entradas, pues la entrada desenfrenada de caravanas se convertirá en un problema más grave; 2) Es necesario agilizar las solicitudes de refugio para que los centroamericanos puedan buscar trabajo. Si la estancia es temporal, debe haber mayor apoyo económico para las autoridades estatales y municipales por donde lleguen las caravanas, sobre todo en Tijuana donde están concentrados; 3) Es necesario tener un proyecto especial para la población refugiada, contemplando temas de salud, trabajo y educación, este contingente no podrá quedarse en Tijuana, tienen que ser distribuidos a lo largo del país ya que esto traería un problema mayor para las autoridades, serían insuficientes todos los servicios; 4) Por último en caso de xenofobia, imponer castigos más severos a quien atente contra estas personas. Cabe destacar que los haitianos sufrieron de racismo y las autoridades se mostraban indiferentes, solamente actuaban en caso de agresión física.
No está por demás aclarar que quienes integran la caravana no son delincuentes, son personas que huyen de la pobreza y de la violencia que azota a sus países. Durante su camino las personas son vulnerables a las autoridades y a criminales, especialmente los niños y mujeres. Debemos mostrar compasión ante esta situación de desplazamiento forzado. México, como los demás países de Norteamérica y Sudamérica tienen la responsabilidad moral y política de ayudar a estas personas, así como para que la situación en sus países mejore. México no puede ser indiferente, debe ayudarlos humanitariamente a todos pero en especial a quienes hayan sido aceptados como refugiados, el gobierno mexicano debe incorporarlos a la sociedad.
Por otro lado el ayudar a los centroamericanos no está peleado con ayudar a los propios, nuestro gobierno tiene la suficiente capacidad para enfrentar esta situación. Dejemos a un lado los discursos de odio. No generalicemos, no caigamos en la desinformación. La gente de la caravana está viviendo lo que nuestros compatriotas en Estados Unidos, abramos los ojos y seamos empáticos.