Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre.
El hombre no es más que lo que la educación hace de él.
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Immanuel Kant (1724-1804)
Gracias a un excelente libro del científico-humanista Lucio Russo, pude encontrar el examen de admisión a Harvard, Universidad fundada en 1636 y nombrada así por el clérigo John Harvard, su primer benefactor. Es la institución de educación superior más antigua de los Estados Unidos y es una de las universidades más prestigiosas del mundo. El examen, que tenía que aprobar cualquier alumno que aspirase a ingresar a cualquier carrera, está compuesto por 9 secciones, que enumero a continuación:
1ª parte: “Traducir de el inglés al latín”; 2ª parte: “Gramática latina”; 3ª parte: “Gramática griega”; 4ª parte: “Composición en griego”; 5ª parte: “Historia y geografía”; 6ª parte: “Aritmética”; 7ª parte: “Logaritmo y trigonometría”; 8ª parte: “Álgebra”; 9ª parte: “Geometría plana”.
¿Qué tal? Esto era lo mínimo que un alumno que quisiese especializarse en alguna disciplina del conocimiento debía poseer. Las hojas del examen tienen la fecha del 1889, y permaneció así hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando James Bryant Conant, comenzó a reformar el plan de estudios y a “liberalizar” las admisiones después de la guerra. Todos los grandes hombres que hicieron los Estados Unidos tenían esta cultura de base tanto humanista como científica. Déjeme citar sobre este tema a Lucio Russo:
Esta cercanía depende simplemente de la familiaridad de los revolucionarios americanos y franceses con la literatura clásica. Los padres fundadores de los Estados Unidos de América se referían con frecuencia a la herencia que tomaron de los textos griegos. Por ejemplo, James Wilson (1742-1798) había pronosticado que “la gloria de América igualará, es más, eclipsará la gloria de la Grecia” y Thomas Paine (1737-1809), afirmó muchas veces que “lo que Atenas fue en miniatura, América lo hará en grande”. Cuando Thomas Jefferson (1743-1826), tercer presidente USA y principal autor de la Declaración de independencia, de 1776, la cual inspiró la posterior Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, emanada en Francia en 1789, escribió una carta aconsejando al quinceañero Peter Carr, que realizará una exitosa carrera política, donde podemos ver lo que consideraba relevante para un estudiante:
“por el momento te consejo de empezar un curso de historia clásica, leyendo cada texto en idioma original y no su traducción. Lee primero la historia de la Grecia de Goldsmith, que te dará una visión sintética del argumento. Luego estudia la historia antigua leyendo detalladamente los siguientes libros y en este orden: Heródoto, Tucidides, las Helénicas de Jenofonte y también su Anábasis, Arriano, Quinto Curcio Rufo, Diodoro Sículo, Justino, … Cuanto a la poesía griega y latina, habrás ya leído o leerás en la escuela a Virgilio, Terencio, Horacio, Anacreonte, Teócrito, Homero, Eurípides y Sófocles”.
Ciertamente Jefferson (que ya estudiaba la lengua griega y latina a los 9 años) conocía los textos sobre la democracia griega que inspiraron toda su obra. Por otro lado, se trataba de conocimientos que en aquella época se consideraban fundamentales para una clase directiva”.
Claro que es una educación elitista, que prepara a una clase directiva que es pequeña y que no todas las personas pueden aspirar por falta de capacidad intelectual, cosa que reconocía la Universidad de Salamanca, como todas las universidades de aquella época, con la locución latina «Quod natura non dat, Salmantica non præstat» (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no (lo) otorga) que esculpido en la piedra recibe al visitante en el edificio de las “Escuelas Menores”.
Pero hoy hay que ser supuestamente “democráticos” e “igualitarios” en todo: entonces como no podemos dar lo que la naturaleza no otorga, la primaria y secundaria la volvemos un Kínder, donde nadie pueda reprobar, la preparatoria se vuelve realmente una primaria, el pregrado en una preparatoria, para luego inventar los “Máster” y “Doctorados” de investigación, que ni siguieran llegan al nivel cultural que, hasta la Segunda Guerra Mundial, tenía un candidato a ingresar a la universidad.
Y entonces, ¿Cómo hace los Estados Unido a ser el motor de la creatividad e innovación?
Lo explica bien el físico teórico Michio Kaku en un debate reciente: tienen un arma secreta: la visa H-1B, que es la visa para profesionales con trabajos especializados, de investigación. El 50% de los candidatos a Doctorado en los USA, son inmigrantes y en el City College de New York, donde él ocupa la Catedra de física teórica Henry Semat, el 100% de los estudiantes de doctorado son inmigrantes y vienen de países como China, India, Singapur y partes de Europa, donde la educación es aún muy exigente y formativa y la selección para las mejores universidades es aún muy intensa. Un día al año, en Corea del Sur, la gente entra al trabajo más tarde, el mercado de valores abre con retraso y los aviones tienen prohibido despegar o aterrizar, es como si todo el país se detuviera bruscamente: es el día de la Prueba de Habilidad Escolar Universitaria (CSAT, por sus siglas en inglés) que definirá la vida de los futuros universitarios que, dependiendo de su resultados, decretará implacablemente si podrá estudiar una carrera o no, y en cuál universidad podrá hacerlo. En China todos los años en el mes de julio, millones de estudiantes presentan el temido “GaoKao”, un maratón de dos días de exámenes, que definirá tajantemente el futuro de los jóvenes bachilleres, disponiendo si seguirán sus estudios y en donde, o si tendrán que buscar otra forma de ganarse la vida. El Wall Sreet Journal publicó una editorial en contra de un diputado que quería quitar esta visa, con el argumento que les restaba empleos a los estadounidenses, afirmando que no hay estadounidenses que puedan ocupar estos oficios, que están al más alto nivel de conocimiento y tecnología; ellos no le quitan trabajo sino, más bien, crean industrias enteras y por eso la educación es, hoy en día, el talón de Aquiles de los Estados Unidos. No por nada, la Dra. Fabiola Gianotti, actual directora general del CERN, (Centro Europeo para la Investigación Nuclear), con un presupuesto anual de 1,000 millones de dólares, y la participación de más de 10,000 físicos de 105 naciones, hubiera aprobado, sin ningún problema, el examen de Harvard: cursó el “Liceo Clásico”, estudiando griego y latín, literatura clásica en sus idiomas originales y luego se doctoró en física en la Universidad de Milán.
En la edición de la semana pasada de The Economist, ponía como ejemplo a la educación en Singapur, que logra producir el mayor numero de alumnos en nivel de excelencia en la prueba PISA, de la OCDE, fruto de lo que decía en 1965 el mítico primer ministro de este país, Lee Kuan Yew: “para desarrollar a Singapur hay un solo recurso natural disponible: su gente, y por esto es tan importante la educación”.
Si aún leyéramos Platón, aunque sea es español, nos daríamos cuenta que lo mismo había dicho hace 2,600 años, en La República, su utopía respecto a la ciudad ideal, donde el ministerio de educación era el ministerio central y más importante de todos y Napoleón, al crear las “Grandes Escuelas”, dijo que la educación era lo central para Francia y no podía dejarlo en manos de educadores, de tal forma que puso su sistema educativo de excelencia, a la dependencia del Ministerio de Guerra, ministerio que siempre tiene dinero porque de sus decisiones depende la seguridad nacional.
Pero nosotros, no. Es más, queremos quitar el examen de admisión a la universidad, que es el modelo que López Obrador implementó en la Universidad de la Ciudad de México, que fundó en el 2002 que, gracias a este modelo supuestamente igualitario, hace que cada alumno graduado cueste a todos nosotros que pagamos impuestos, la estratosférica cantidad de 10 millones de pesos.
Si queremos innovar en la educación, creo que tenemos que regresar al pasado.
P.D. Un beso a mis papas, en el aniversario de su matrimonio.
mariodemarchisp@gmail.com
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