Enrique Agüera Ibáñez, fungió como rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), primero con carácter interino para el período 2004-2005, y después, con carácter estatutario para los periodos 2005-2009 y 2009–2013, preparó su salida de la BUAP, teniendo como coyuntura política la elección a la presidencia municipal. Teniendo como Tesorero General a José Alfonso Esparza Ortiz, de manera meteórica será nombrado Secretario General y con posterioridad Rector sustituto para culminar el periodo rectoral de Enrique Agüera y desde esta posición impulsa su candidatura a la Rectoría ganando esta elección el 11 de septiembre de 2013 y el 4 de octubre del mismo año teniendo como invitado y testigo de honor al gobernador del estado Rafael Moreno Valle Rosas, el maestro José Alfonso Esparza Ortiz tomo posesión de su cargo como rector de la Universidad Autónoma de Puebla, de la mano del Morenovallismo.
En este contexto de transición para dar continuidad a una “burocracia dorada” un conjunto de universitarios de diferentes Unidades Académicas e Institutos de Investigación en el 2011, llegamos a la conclusión de compartir un conjunto de reflexiones y propuestas para nuestra universidad, a efecto de que la misma aprovechara sus áreas de oportunidad para consolidar los avances logrados, enmendara las deficiencias que se manifestaban y con todo ello tomar un rumbo preciso que permitiera a nuestra casa de estudios lograr llegar a un estadio superior en su conducción y vida académica y se abandonara la simulación, el despilfarro de recursos económicos, excentricidades y frivolidad en la conducción universitaria.
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En una convergencia de opiniones se elaboró un documento de análisis y discusión donde señalábamos lo siguiente: “valoramos la estabilidad política que ha vivido la Universidad en los últimos años, sin embargo no podemos ignorar que junto con ella se introdujeron en nuestra universidad prácticas de control y exclusión que han minado cada vez más su capacidad de análisis crítico y propositivo; afectado la estabilidad de los derechos laborales y académicos de muchos trabajadores universitarios, así como la función social de la institución de procurar educación superior al mayor número posible de jóvenes”.
“Después de un largo periodo de turbulencia que en la década de los setentas del siglo XX tuvo su causa esencial en el enfrentamiento contra un régimen autoritario y en diferencias internas alentadas por grupos de interés político locales, los universitarios a pesar de estas turbulencias iniciaron desde esa época la construcción de una sólida plataforma académica que le ha permitido hasta la fecha enfocarse de manera importante en el desarrollo institucional y en proyectar una imagen distinta. Parte de esa nueva imagen se refleja en un crecimiento físico constante, la diversificación de su oferta educativa y espacios de investigación; en la búsqueda de los estándares académicos ha aceptado sujetarse a los concebidos por el Estado y las autoridades de educación superior e investigación, comprometiendo su autonomía académica y de investigación”.
“No obstante lo anterior la BUAP presenta en la actualidad problemas sustanciales que pueden minar su propio desarrollo institucional. Estos problemas se han venido profundizando al mismo tiempo que observábamos los aspectos positivos que de manera sucinta hemos mencionado. En primer término reconocer que la lucha por la despartidización de la BUAP finalmente devino en una nueva partidización esta vez de signo oficial sujeta a sus modelos y prácticas de control político autoritario. La figura del rector creció exponencialmente en desmedro de los órganos colectivos de conducción por lo que el Consejo Universitario dejó de ser un órgano colegiado, deliberativo y de toma de decisiones. El autoritarismo en la cúspide se reprodujo en las distintas unidades académicas y los Consejos de Unidad y Academias fueron desvirtuados”.
“Paulatinamente fue desapareciendo el pluralismo en la elección de las autoridades universitarias en sus distintos niveles, al extremo de que en el último proceso para elegir rector la oficial fue la única candidatura. Ha surgido una casta burocrática, la llamada burocracia dorada, que mantiene privilegios y remuneraciones superiores a la de los académicos. Ha crecido la opacidad en el manejo de fondos de la universidad, la precariedad laboral ha sustituido a la carrera académica y en gran medida la contratación y transformaciones de plazas han sido premios a lealtades políticas. En el mediano y largo plazo, el riesgo será el desmantelamiento del capital académico acumulado en los años anteriores. El sindicalismo fue sustituido por las asociaciones de personal académico y administrativo que funciona como una de las tantas correas de transmisión del poder del rector en turno”…
José Alfonso Esparza Ortiz como parte del primer círculo de poder y toma de decisiones nunca fue ajeno al estado que guardaba la institución, el documento en su parte final emitía una convocatoria a la comunidad universitaria para luchar por 16 puntos orientados a nuevas reglas de convivencia y rescatar la esencia de la universidad pública, que abordaremos en la próxima entrega.
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