Recientemente platiqué en un traslado en Madrid, con un conductor de Uber originario de Venezuela. La sangre latina llama y de inmediato comenzamos una plática muy interesante.
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Él es un coronel en retiro del ejército, exiliado como muchos otros venezolanos por un régimen dictatorial, populista y criminal. Una combinación que pareciera casi imposible en el siglo XXI, donde la información se supone, circula a velocidad sin precedentes y hace que al menos en teoría, la democracia debiera mejorar eligiendo no a los más populares sino a los mejores. Y enfatizo el “en teoría”, porque en la práctica no siempre se da.
Sí, pareciera imposible. Pero es real.
Miles o cientos de miles de personas en Venezuela, pasan los días con comida racionada y en medio de violencia, producto de la “Revolución Bolivariana” que comenzó el comandante Hugo Chávez y continúa ahora Nicolás Maduro.
¿Cómo puede suceder esto en un mundo globalizado? ¿Por qué lo permitió un país rico en petróleo y recursos naturales?
Por el exceso de pobreza, desigualdad y corrupción conjuntada con muchos petrodólares, manejados por políticos y funcionarios corruptos.
¿Le suena familiar?
Mi coronel me dice de forma muy segura e informada: “allá en México están por comenzar una buena aventura, a ver cómo les va. No creo que en su país pueda pasar lo mismo que en Venezuela, porque buenas o malas, corruptas o no, tienen instituciones que no permitirían al nuevo presidente convertir a México en una dictadura. Además, el ejército, los Generales, no creo que apoyarían algo así”.
Lo escuché con atención y le pregunté si al finalizar el régimen de Maduro él podría reincorporarse al servicio con su rango, a lo que me contestó que no, que muy difícilmente, porque actualmente los puestos administrativos del ejército, están ocupados por gente que ha sido beneficiada con dinero y todo tipo de privilegios, su lealtad entonces responde a sus intereses personales más que una ideología.
Me despedí de él muy afablemente y de inmediato me senté a escribir este texto, porque desde mi perspectiva, el contexto que me describió tanto en la causa u origen de la dictadura que se vive en Venezuela, como la consecuencia que faculta el control del país a través de los altos rangos militares, es muy similar a la de México.
¿Corrupción? Nos sobra.
¿Mandos militares que respondan a otros intereses diferentes al patriotismo? No puedo señalar un caso concreto, porque además admiro y respeto a nuestras fuerzas armadas, pero estoy seguro que también hay.
¿Pobreza que le permita a una figura popular en el poder tener apoyo para legitimar acciones populistas y autoritarias? Le dejo a usted lector esa reflexión para dibujar una respuesta.
Lo he escrito y repetido en múltiples foros y ocasiones: la pobreza no le conviene a nadie, ni siquiera a los que se enriquecen gracias a ella, porque estirar tanto ese hilo es no sólo peligroso, sino inmoral.
No soy partidario de poderes absolutistas ni de partidos y figuras políticas todo poderosas, porque la historia nos ha enseñado que, en el nombre del pueblo, la democracia y la justicia, se han cometido las peores atrocidades imaginables.
Creo en un poder fuerte, sustentado efectivamente en el apoyo que proviene de la democracia. Creo que debe fortalecerse diariamente la vida institucional. Creo que debe cambiarse radicalmente el modelo educativo actual, para poder en un mediano plazo contar con una clase media fuerte, especializada, con trabajos muy bien pagados, que permitan la existencia de un Estado Social.
Me preocupa que la pobreza y la corrupción no parecen ser atendidos por nadie, porque al tomar el poder sienten que hacerlo es escupir al aire.
Y el que al aire escupe en la cara le cae.
Un coronel venezolano me hizo preguntarme qué sigue para mi querido México. Honestamente, no tengo una respuesta, sólo un anhelo: el de un país y unos ciudadanos que comprendan, entiendan e internalicen, que la corrupción no le conviene a nadie porque, aunque inicialmente dé la impresión de “acelerar” el trámite, en realidad envenena el alma de una nación el creer que TODO se puede con dinero al margen de la Ley.
Me queda claro que México no es Venezuela, pero en los grandes temas como la pobreza, la corrupción, mucho petróleo y líderes populares con poder casi absoluto, creo, se parecen mucho.
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