Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ándale y la ciudadanía

Buena pretensión pero falta socializar y sensibilizar a la sociedad.

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Sábado, Agosto 25, 2018

Como todos los domingos, el 19 de agosto pasado recorrimos el centro histórico dentro del paseo dominical que se realiza desde ya hace tiempo entre la avenida Juárez y el Centro Histórico.

Justo donde termina el Paseo Bravo, sobre la avenida Reforma llamó mi atención la cantidad de señalamiento, pancartas y agentes de tránsito desplegados para un programa denominado “Ándale”, situación que en los domingos pasados no se presentaba, donde siempre estuvieron ausentes tanto el señalamiento como los agentes viales.

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Me entero entonces que este programa piloto de semi peatonalización del Centro Histórico es impulsado por la Secretaría de Movilidad (SEMOVI), el Ayuntamiento de Puebla y Organizaciones Ciudadanas, buscando darles prioridad a los peatones, para darles oportunidad de recorrer a pie el primer cuadro de la ciudad.

Este programa durará los siguientes tres fines de semana, solo que el último se realizará de jueves a domingo, en donde se permitirá el acceso a los estacionamientos y darles preferencia a los peatones.

Es, tomando en cuenta la información con la que cuento un programa piloto, porque se realizarán evaluaciones en cuanto a su funcionalidad, niveles de congestionamiento del aire, congestionamiento vial y variación comercial, resultados que informaron, serán entregados a la siguiente administración.

Aunque me parece que es una iniciativa interesante, no encontré información disponible relacionada con los estudios previos para aplicarla. Generalmente se realizan estudios de origen y destino para tomar decisiones en cuanto a la movilidad en una ciudad como la nuestra, además faltó una etapa de información previa para sensibilizar a la población sobre lo que se iba a realizar.  Observé el domingo pasado a muchos conductores de automóviles muy molestos por no saber nada del programa y por tanto no haber planeado su recorrido  por el centro de la ciudad.

Pienso que sí se podrían convertir algunas calles del Centro Histórico en peatonales como sucede en otras ciudades del país y del mundo, pero para ello deben de situarse dentro de una estrategia integral que incluya otras acciones, así como la formación ciudadana y especialmente la educación vial.

Aquí en Puebla se toman decisiones aisladas sobre ciertos aspectos relacionados con la movilidad como por ejemplo el asunto de la foto multa, las infracciones y la verificación de los autos particulares, nada que permita contribuir para que Puebla se convierta en una ciudad ordenada y limpia.

Y es cierto, esa responsabilidad no es solamente de las autoridades en turno, implica también que todos los ciudadanos participemos en la vida pública como personas con derechos, pero también con obligaciones.

Vivimos en una realidad social altamente polarizada, una población asentada en colonias antiguas y modernas con un nivel socioeconómico medio y alto y una periferia   en la que están establecidos los grupos sociales con graves carencias en donde siguen, a pesar de los discursos gubernamentales, en condiciones de pobreza y desigualdad porque no se aplica el criterio de equidad de dar más a los que menos tienen.

Por otro lado, es importante aceptar que a medida que la mancha urbana de la ciudad de Puebla crece, se va deteriorando la participación ciudadana para un impacto social.

¿Cómo promover entonces su participación?  

Lo cierto es que la realidad social generada desde esta perspectiva requiere de una nueva concepción de actor social, que implica transformar el pensamiento y la acción de cada uno, en todos los grupos y en los representantes sociales. Esta trasformación requiere desde mi punto de vista, de procesos educativos que preparen y formen a los sujetos, tanto en lo individual como en lo colectivo.

Esta formación de ciudadanas y ciudadanos debe considerarse como un proceso permanente que debe iniciar desde los primeros años de vida, bajo una responsabilidad compartida por las distintas  instancias de socialización (familia, escuela, comunidad, medios de comunicación) dado que el ejercicio de la ciudadanía exige desarrollar comportamientos, actitudes, habilidades y destrezas que hagan posible el respeto por el otro; el llegar a acuerdos consensuados, en donde los propósitos de pensar y actuar colectivamente se concreten en acciones básicas de la vida cotidiana (Alvarado y Carreño, 2007).

Desde hace ya tiempo, siempre parto de la interrogante: ¿De qué sirve un currículo educativo sobrecargado de temas disciplinarios, cuando nos agobia la falta de formación ciudadana?

Muchos profesores y autoridades educativas argumentarán que forma parte de los temas transversales en todos los niveles y modalidades, pero entonces también ellos tendrán que aceptar que los temas transversales muchas veces, ni siquiera son mencionados en las aulas y en las escuelas, mucho menos enfocados en el desarrollo de estrategias vivenciales.

Para ello, hay que diferenciar los aprendizajes que son responsabilidad específica de la escuela de aquellos que son compartida entre otros agentes educativos y otros escenarios sociales como son la calle, el barrio, las colonias, las comunidades, las ciudades, los municipios etc.

Son diferentes actualmente las necesidades de conocimiento que son relevantes e importantes, hay que identificar los simbólicos, los saberes y las prácticas sociales para valorar como se puede contribuir a desarrollarlas desde las disciplinas académicas, considerando la participación de diferentes sectores sociales (Coll, 2007).

Si queremos avanzar en el desarrollo de una ciudadana responsable, participativa y que asuma en su actuar sus derechos y obligaciones,  es tiempo de convocar la participación de la sociedad civil poblana, a los profesores, especialistas e investigadores educativos para revisar propuestas y criterios tanto de estrategias para la formación ciudadana como para la actualización y revisión del currículo educativo obligatorio, iniciando en la ciudad como grupo piloto, focalizando la formación de niños, jóvenes e inclusive adultos, en contextos y momentos educativos muy distintos, tanto en lo escolar como en lo cotidiano.  

Empezar paso a paso trazándose metas alcanzables, objetivos bien definidos, diseñados por ciudadanos comprometidos con su ciudad y su gente e iniciar con pequeñas cosas como  no tirar basura en las calles, recoger las heces de sus mascotas,  obedecer las leyes y reglas de tránsito, a ser responsables en su actuar en la vía pública, a respetar el derecho del prójimo, solidarizarse con los desprotegidos, marginados o violentados, exigir mejores servicios, obligar a los gobernantes a ser transparentes, a no enriquecerse con el puesto ni aprovecharse de él, a ser congruentes en sus hechos y sus discursos planteando un proyecto integral de educación por y para la ciudadanía, con una nueva forma de pensar, actuar y sentir en donde uno de sus primeros resultados sea una ciudad ordenada, segura y limpia para todos. 

Referencias

Coll, C, y otros (2007): Currículum i ciutadania. El què i el per a què de l’educació escolar. Barcelona. Mediterrània.

Alvarado, S; Carreño, B. (2007) “La formación ciudadana: una estrategia para la construcción de justicia” Rev. Latinoamericana. Ciencia, Sociedad. Niñez, Juventud  5(1).

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