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OPINIÓN

¡Es la educación, estúpido!

Necesidad de un estado social que genere conciencia y solidaridad.

Oscar Gómez Cruz

Maestro en Asuntos Internacionales de Negocios Universidad de Columbia. Maestro en Administración Pública INAP. Egresado de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard. Es presidente de 2TRES15

Martes, Agosto 21, 2018

La famosa frase “it’s the economy stupid!” (¡es la economía estúpido!), surgió en 1992 durante la campaña electoral que llevó a Bill Clinton, a la presidencia de los Estados Unidos.

 

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George Bush padre tenía niveles de aceptación altísimos, de cerca del 90 por ciento, debido a circunstancias como el fin de la Guerra Fría y la consecuente consolidación de su país como la única potencia mundial, situación que se vio reafirmada al menos ante los estadounidenses, con la primera Guerra del Golfo Pérsico.

 

Ante estas condiciones, James Carville, jefe de estrategia de la Campaña de Clinton, le sugirió que debía enfocar su propuesta y su comunicación, en las condiciones de vida diaria de los ciudadanos, haciendo énfasis en que lo realmente importante para ellos, era la economía.

 

Carville pegó un cartel en las oficinas de campaña, recordándole a todos, los puntos fundamentales a comunicar:

 

1) Cambio vs más de lo mismo.

2) ¡Es la economía estúpido!

3) Enfocarse en el sistema de salud.

 

Aunque era sólo un cartel, el punto 2 se convirtió en un slogan no oficial de la campaña de Bill Clinton que tuvo tal relevancia que le dio la victoria que parecía imposible.

 

Hoy podríamos poner carteles por todo el país al estilo Clinton y Carville que digan: ¡Es la educación, estúpido!

 

Porque la diferencia entre un país desarrollado y otro en vías de desarrollo -la manera elegante de decirle a los países de tercer mundo o con bajos niveles de desarrollo- es el nivel educativo de sus habitantes, que promueve una cultura social de conciencia y solidaridad, impulsado por un Estado social.

 

Esto nada tiene que ver con un Estado socialista o populista.

 

Un Estado social es el que promueve e invierte en satisfacer las necesidades fundamentales y básicas de desarrollo de su población: educación, salud, alimentación, empleo, seguridad social y pensiones.

 

No regalan dinero ni promueven la mediocridad, muy por el contrario, están basados, en PRIMER término, en el principio de la formación y educación “gratuita” de sus ciudadanos, para crear una base social y económica sustentada en la especialización y el trabajo bien pagado.

 

De esta manera, se está en posibilidad de establecer un sistema impositivo que en verdad se base en los principios de equidad y proporcionalidad, es decir, paga más quien más gana.  Esto no significa que aquellos que no hacen nada, puedan vivir a expensas de los que generan la riqueza.

 

 

Y, en SEGUNDO lugar, pero no menos importante, se sustentan en gobiernos especializados, compactos, efectivos y NO corruptos. Solo así los ciudadanos no pegan el grito en el cielo por pagar tasas de hasta el 60 por ciento por impuesto sobre la renta y de hasta un 25 por impuesto al consumo.

 

Imagine que usted por cada 100 pesos que gana, recibiera sólo 40 pesos netos para su uso.  Estoy seguro que no estaría nada contento al plantearlo simplemente de esta manera, pero si le digo que no tendría que preocuparse por pagar por la educación de sus hijos desde la primaria (en los países escandinavos que son los más avanzados en nivel educativo, comienzan la educación de los niños a partir de la primaria a los 6 o 7 años de edad) hasta el doctorado; que no tendría que pagar absolutamente nada por atención médica, ya sea por un resfriado o por un trasplante de corazón y, además, no pagaría ni un quinto por las medicinas que requiere en cualquier momento para usted y su familia, creo que cambiaría su punto de vista.

 

Los países escandinavos que incluyen a Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia, operan con base en un Estado social y llevan años invirtiendo en sistemas educativos efectivos y que se enfocan en la especialización, lo cual les ha generado una fuerza laboral que percibe altos niveles de ingreso y que por ende, de acuerdo a un sistema fiscal y de cuentas nacionales muy efectivo también, hace que se recauden muchos recursos provenientes de impuestos, que se destinan a proveer no sólo educación y salud, sino también infraestructura, seguridad social y aseguramiento de pensiones a cada uno de sus ciudadanos.

 

La clave es la EDUCACIÓN.

 

Y un Estado social, que nada tiene que ver con socialismo ni populismo, sino con efectividad, preparación y conciencia social.

 

México tiene mucho que aprender de estos sistemas, y si bien estamos en circunstancias muy diferentes en términos de número de habitantes e ingreso per cápita, se requiere que los niveles de corrupción en verdad disminuyan, para que los ciudadanos vean en el pago de impuestos, algo que se le regresa en beneficios tangibles.

 

Si los ciudadanos sienten o perciben que se roban su dinero, no estarán dispuestos a pagar impuestos y por ende no puede existir un Estado social, porque la base de dicho Estado será la pobreza.

 

Con altos niveles de pobreza no se desarrolla un Estado social, sino un sistema populista que perpetúa los niveles de pobreza para beneficios de unos cuantos.

 

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