Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Super delegados en puerta

El candidato presidencial ganador está rompiendo una larga tradición de naturaleza autoritaria

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Jueves, Agosto 2, 2018

El candidato presidencial ganador está rompiendo una larga tradición de naturaleza autoritaria: su triunfo, gracias a una clara mayoría del electorado, Soporta las próximas medidas gubernamentales, que podrían ser de gran calado para consolidar de una vez por todas un régimen democrático.

Una acción a futuro inmediato es la creación, en cada estado, de una oficina coordinadora de las funciones de las distintas secretarías del gobierno federal. No es una adecuación burocrática más, guarda un claro sentido político. Si bien su efecto inmediato es agilizar y darle eficacia y eficiencia a las dependencias federales, es indudable que su efecto político afianza el poder presidencial.

Más artículos del autor

 Por mucho tiempo la demanda de la oposición al PRI fue suprimir las delegaciones estatales, por ser verdaderos reinos de duplicidad administrativa y paraísos de oropel para la clase política mexicana. Es nula la correspondencia entre costos y beneficios en el funcionamiento de dichas entidades: dinero público tirado a la basura.

 Las delegaciones estatales del gobierno federal han fungido como espacios de intercambio, de premio o castigo para actores individuales o jefes de clanes políticos. Las lealtades se pagaban con delegaciones, eran el botín, nada despreciable, aunque significaba –en el periodo del autoritarismo floreciente- ostracismo político. La distribución de las dependencias en todo el país permitía alejar de las zonas de riesgo, de conflicto interno, a políticos rijosos. La debilidad de la oposición en los estados hacia que las delegaciones estatales hasta cierto punto fueran marginales en el rejuego político.

La función e importancia cambio con el acceso gradual de los opositores al poder. Aunque no dejo se ser parte del botín, las delegaciones fungieron, además, como una suerte de antesala de los procesos electorales. Se volvieron escaparate adelantado de candidaturas a diputaciones, senadurías, presidencias municipales, gubernaturas; las oficinas federales en los estados fueron significativas para construir candidaturas, fortalecer las estructuras territoriales, disputarles a los gobernadores de oposición zonas de influencia y sustancialmente, instancias de cooptación y sometimiento de la prensa local. Su peso fue estratégico en los gobiernos federales panistas y priistas.

En el último tramo la estrategia de fortalecimiento de los delegados fue un viaje a la nada. No fueron significativas en la función administrativa y de operación política. Por el contrario, dependencias de alto impacto se convirtieron en focos de escándalo por acusaciones de corrupción y negligencia gubernamental como fue el caso de la Secretaría de Desarrollo Social y la de Comunicaciones y Transportes.

La readecuación de todas las funciones en una sola dependencia por estado mantiene aristas que son objeto de discusión. La figura significa el empoderamiento inmediato de los denominados “súper delegados”. De facto se convierten en subsecretarias de estado, solo que, con atribuciones regionales de mayor calado, pues tendrán capacidad de gestión con todas las secretarias federales, lo que significa mayor información, y por lo tanto mayor impacto mediático.

A diferencia de los más de cuarenta delegados que ahora existen, una sola figura por estado permite mayor dinamismo y control administrativo directo del presidente hacia las regiones. En pocas palabras, el delegado hará las veces de figura plenipotenciaria presidencial en los estados.

El otro aspecto para hacer notar es evidentemente político. El súper delegado cumple tres funciones políticas: obliga al partido que se encuentra en el gobierno estatal a competir, instala en la cabeza de los gobernadores el poder presidencial y hace visible con anterioridad al próximo candidato al ejecutivo estatal.

Se acaba la sana convivencia entre los gobiernos federal y estatal emanados de diferentes partidos. La debilidad de Peña Nieto, de origen y por función gubernamental, acrecentó el poder de los gobernadores y generó descuido de la poderosa administración federal. La mayor parte de los delegados se convirtieron en agentes al servicio de los poderes estatales. No fue una relación de coordinación sino de maridaje, de ganar ganar a costa del erario público. Solo que el sueño terminó en pesadilla para algunos exgobernadores. La existencia de un solo delegado, rompe relaciones de connivencia. Los ejecutivos estatales tendrán que mostrar buenos resultados en su gestión so pena de ser apabullados por los programas federales, cuyo seguimiento correrá a cargo de una instancia federal. No es difícil prever derrotas electorales en próximas elecciones si los gobiernos locales continúan en el dispendio. Su único antídoto será mostrar más con menos recursos. La acción de los delegados plenipotenciarios juega las veces de constituirse en la vitrina de cristal comparativa a través de la cual se sabrá la suerte de los recursos económicos federales y estatales: un peso estatal, deberá rendir lo que rinde un peso federal.

El esquema de trato gubernamental suponía hablar con muchos, de ahí cuando menos alguno intercambiaría lealtades facilitando corrupción, impunidad y dispendio de la hacienda pública. El próximo esquema obliga a los gobernadores a entablar relaciones con uno, cerrando puertas para arreglos al margen del titular del ejecutivo federal. Es previsible un mayor conflicto entre actores. Un auténtico dolor de cabeza para los señores gobernadores, actualmente dueños y amos de sus territorios. Significa el trance a una suerte de uso del poder presidencial para limitar los inescrupulosos poderes formales e informales de los actuales titulares estatales.

La tercera función es de naturaleza política electoral, se instauran de facto dos gobernadores, uno que administra la hacienda pública local y otro que será la mano del presidente no hacia todos los actores políticos, más bien de vigilancia y control de los gobiernos estatales. Una nueva versión del federalismo. Es además, significativa para Morena. Los coordinadores se convierten en jefes políticos de partido en los estados por su extraordinaria capacidad de gestión. Guardando las proporciones serán jefes de gobierno y de partido en las regiones. Son los próximos candidatos a las gubernaturas locales y desde luego se convierten en factor de poder local, ante el cual las expresiones que hoy forman dicho partido político, definirán su alineamiento. De no hacerlo el riesgo es saltar a otra agrupación o bien optar por el tortuoso camino independiente. No es gratuito que en más de un estado hayan sido nombrados como delegados, dirigentes de morena o excandidatos a gobiernos estatales. Los coordinadores significan la vía para institucionalizar los procesos partidarios.

La decisión de instaurar delegados significa un duro golpe al poder imperial que adquirieron los titulares estatales. Significativa si la figura se convierte en factor de contra peso, de otro modo pasará a ser parte de una moda sexenal.

gnares301@hotmail.com

Vistas: 1050
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs