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OPINIÓN

¡Platícame más!

La enseñanza de un programa de protección de personas dedicadas a la prostitución.

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Julio 26, 2018

En un reciente convivio entre amigos se encontraba uno que, además de muy simpático, es muy brillante. Nos conocemos de hace 30 años cuando ambos trabajamos para la Sindicatura Municipal del H. Ayuntamiento de Puebla, con el Dr. Alejandro Antonio Carcaño Martínez.

 

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A mi amigo lo admiro por ser un excelente y arriesgado abogado, innovador en todo lo que hace. En esta ocasión después de varios años de convivir con él, es la primera vez que me expresa lo que pensaba de mí de ese entonces: “Mi Ale ¡eras un dolor de huevos¡” Y prosiguió: “Llegabas al Juzgado Calificador con un aire de soberbia que, sólo desde verte entrar a la hora que fuera, sabíamos que venías a hacerla de pedo, checando cómo se trataba a ‘tus muchachas’, que por igual eran mujeres que hombres.”

 

Sus palabras nos tenían a todos atentos, riendo a carcajadas y no faltó quien lo motivara a platicar la historia completa. “Te voy a confiar: Sólo por tu forma de entrar con tus aires de suficiencia, mandábamos a ‘tus muchachas’ a que las checaran los médicos legistas. Sólo para quitarte el tiempo y hacerte pesada la madrugada como nos la estabas haciendo a nosotros, y ahí ibas tú caminando a tacón batiente al consultorio detrás de ellas y los policías, sabiendo nada del procedimiento y te metías para ver cómo se les realizaban las preguntas y, en su caso, cómo se les hacían las revisiones médicas. Y nos obligabas a ir también detrás de ti. ¡Y luego cuestionabas el por qué tendrían que estar en la revisión, aparte del médico legista, el Juez Calificador, el Secretario y los policías dentro del consultorio.

 

“Recuerdo muy bien en una ocasión que me tocó un médico legista, que sólo por pasarse de lanza porque le cagabas, exigió revisión física de un travesti. Tú no sabías por qué la pedía y en ese momento, ¡al médico legista! le exigiste sustentara esa revisión. ¿¡Ya ves como eras un dolor de huevos!? Pero déjame decirte, tenías razón. Todo lo que se hacía en ese entonces, tanto en el Juzgado Calificador como en el Ministerio Público, era por morbo, por burla, por denigrar a quienes se les consideraba seres de una especie menor. Y aunque me caías mal, me caías bien, porque tenías razón. No había por qué tratar de esa manera a ninguna persona por dedicarse a la prostitución. Y en otra ocasión tú estabas en el Juzgado Calificador, y llegaron los inspectores con ‘tus muchachas’ y no sabían en la que se metían, y me tocó escuchar cómo los cuestionabas que cómo sabían que esas personas, en ese momento, en ese lugar se estaban dedicando a la prostitución. Y ellos con ligereza respondieron que porque las conocían, y les dijiste, ‘esa no es razón suficiente’ y los otros pobres no sabían que hacer o contestar.

 

“Mi querida Ale, te tengo que decir que sí eras un dolor de huevos, pero también tengo que reconocer que educabas a la gente. No sólo a ‘tus muchachas’ sino me educaste a mí: Yo estaba igual de chamaco que tú, tenía 20 años, y tenías razón: no había por qué entrar todos a ver la revisión física de un travesti; no había por qué someter a estas personas a una serie de procedimientos denigrantes. Y eso mi querida Ale, se agradece”.

 

alefonse@hotmail.com

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