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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sólo sales si atraviesas…

Boris Cyrulnik dijo que “una herida no es un destino”; y yo añado: “Y sólo sales si atraviesas…”

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Mayo 14, 2026

“Capacidad de soportar el impacto sin quebrarse”, es el concepto de resilencia que surgió en la física y la ingeniería en los siglos XVIII y XIX, que describía la capacidad de ciertos materiales de “resistir una presión, deformarse y luego recuperar su forma original”, como el metal que se dobla sin romperse o el resorte que vuelve a su posición.

Este concepto proviene del verbo en latín clásico resiliere: re-: hacia atrás, de nuevo; y salire: saltar. Por lo que literalmente significaba: saltar hacia atrás, retroceder, rebotar o volver después de un impulso.

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En la antigua Roma, tiempos de la República Romana y posterior Imperio Romano, resilire era una palabra cotidiana y física. Se usaba para describir objetos que rebotaban, movimientos de retroceso, retiradas o volver tras un choque; como el agua golpeando una roca salpicando hacia atrás, la lanza que rebota o incluso un ejército que retrocede.

¿Cómo llegó este concepto a la Psicología?  Después de la Segunda Guerra Mundial con las graves consecuencias para los seres humanos vejados por el nazismo, algunos investigadores intentaban entender por qué algunas personas lograban reconstruirse emocionalmente tras esas experiencias devastadoras.

Boris Cyrulnik, judío francés, neurólogo, psiquiatra y psicoanalista, al revaluar los acontecimientos de su propia vida infantil (haber sufrido persecución nazi, perder a sus padres en el Holocausto y sobrevivir escondiéndose), y en este marco de referencia, se preguntó: “¿Por qué algunas personas quedan destruidas por el trauma y otras logran reconstruirse?”

Cyrulnik observó que algunos seres humanos (incluido él) parecía que hacían algo parecido a lo que definía la resilencia de la física: sufrían traumas enormes quedando marcados sin ser destruidos completamente. Y realizó una analogía: al concepto original de resilencia, resistir sin romperse, le dio una perspectiva psicológica, que le develó que al ser humano le sucede algo así pero no exactamente así: Una persona que atraviesa un dolor profundo, no vuelve idéntica, no regresa intacta, sino que se transforma.

Entonces en la definición que estaba creando de resilencia humana, realizó un cambio clave y el más importante: quitó las palabras ‘volver igual’ del original, y las substituyó por ‘transformarse’, quedando la definición de resiliencia humana como: la capacidad de reconstruir sentido después de una herida; que no es borrar el trauma: es aprender a vivir después de él.

Y añadió: “Los vínculos afectivos son los que ayudan a la recuperación: el cariño, la presencia de alguien protector, el lenguaje, el arte, la narrativa personal y el sentido de pertenencia, porque auxilian a reorganizar emocionalmente a una persona traumatizada”.

Por eso Boris Cyrulnik aseveró: “Una herida no es un destino”. Yo añado: “Y sólo sales si atraviesas…”

alefonse@hotmail.com

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