Nunca había vivido un inicio tan acelerado en la administración de un presidente, cual tren bala japonés, como el que hoy tenemos con Andrés Manuel López Obrador y su equipo de transición.
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La cosa es que, ¡todavía no comienza su período como presidente de México!
Ya nombró gabinete, anunció medidas de austeridad (muchas de las cuales como expuse en mi última participación en este medio, son ocurrencias y sólo generarán más problemas que soluciones), presentó por nombre proyectos de infraestructura, aseveró la revisión técnica en “una semana”, del proyecto de Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y su posterior consulta popular para mantenerlo, reubicarlo o concesionarlo.
Impresionante, la verdad. Pero todo en la vida y sobre todo en política, tiene costos económicos, de oportunidad y políticos.
La comunicación de todo lo anterior, por otro lado, ha sido incompleta, y pareciera que aún seguimos en campaña electoral, ofreciendo de todo sin explicar demasiado, para no comprometer.
No se mal entienda. En verdad celebro como muchos mexicanos, que por fin un presidente y su equipo de trabajo, lleguen con tanto ímpetu y ganas de chambear para mejorar a México.
Las ganas no bastan. Se requiere orden, conocimiento técnico, procesos, procedimientos, análisis serios, presupuestación para inversión, gasto y financiamiento. Porque de buenas intenciones está lleno el camino al infierno.
Veamos. Usted y yo, en nuestra casa, tenemos que planear cualquier cosa que queramos emprender (Planeación), ya sea mandar a los hijos a una escuela, pagar por una vivienda, un auto, médicos. En función de lo que planeamos, nos organizamos con otros miembros de la familia, nuestros tiempos y vemos cómo está el tema del dinero (Organización). La mayoría de las ocasiones es necesario endeudarse, lo cual es correcto; sin el crédito sano no se pueden, en la gran mayoría de los casos, lograr nuestros planes. Durante este tiempo alguien va tomando decisiones, es decir, dirige (Dirección) todo el proceso y va haciendo ajustes (Control) para que todo se apegue al plan o se reorienten temas por situaciones que no fueron consideradas.
Un gobierno funciona de manera similar, obviamente en escala gigante, pero los principios son los mismos. Se hace una planeación, programación, presupuestación, ejecución, supervisión, control y evaluación. Sí, en gobierno todo se complica, hasta se añaden fases al proceso administrativo, debido al ciclo que se debe seguir para ejercer el presupuesto, que proviene del dinero de todos los ciudadanos.
No veo la conjunción de estas etapas en muchos de los anuncios a los que hago mención. Parecen sólo ideas o, como ya dije, propuestas de campaña.
Reza un dicho popular que, más vale paso que dure que trote que canse. El desgaste al que se está autosometiendo el equipo de transición, que es prácticamente el mismo que ocupará las posiciones de gabinete, es enorme.
Ésa es la razón por la que, tradicionalmente no encabeza el equipo de transición en alguna materia, quien finalmente será el titular del área, sino más bien quien ocupará cargos de subsecretario, titular de unidad y hasta direcciones generales, dado que son estos niveles organizacionales, los que manejan el día a día técnico de la operación de la administración pública.
El desgaste político, mediático e incluso físico está siendo enorme. Y la comunicación está seccionada, generando protagonismos adelantados de muchos futuros funcionarios, que prometen y comprometen, cuando al día de hoy, no tienen ninguna facultad jurídica ni control de datos e información para ello.
Temas fundamentales como la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el tema del muro fronterizo y la política migratoria del presidente Trump, la revisión de la Reforma Energética y el futuro de PEMEX como empresa que busca competir en mercado abierto, la seguridad y el combate al crimen organizado, con el real papel que jugarán el Ejército y la Marina, el apoyo y generación de oportunidades para los más pobres, el reajuste de la vida sindical en México, comenzando por PEMEX y el Magisterio, y por supuesto el combate frontal a la corrupción, requieren pasar por todas las etapas arriba mencionadas.
Porque cuestan y lo pagamos todos, porque no pueden estar una vez más sujetas a improvisación y caprichos (por eso se supone que López Obrador ganó abrumadoramente) y porque resulta ingenuo pensar que cualquiera de estos temas se resolverá fácil, rápido y de forma barata.
La comunicación de TODO lo que se emprenda es de gran relevancia para México; por lo que se tiene que hacer de forma estructurada, clara y entendible. Esto no significa gastar millones o miles de millones, como en el caso de la actual administración. Más no necesariamente significa mejor, pregúntenle a Enrique Peña Nieto, quien demostró posiblemente la peor comunicación de los últimos 20 años.
Gobierno que no comunica no gobierna.
Andrés Manuel López Obrador ha demostrado ser un genio de la comunicación, pero a pesar de que todo apunta a que el nuevo sistema que estamos por empezar, se basará en revivir al viejo sistema, centrado en el presidencialismo que todo lo controla, no puede ser trabajo de un solo hombre comunicar en conferencias de prensa matutinas, el trabajo del gobierno.
Así que, le recomiendo humildemente al equipo de transición del presidente electo, que recuerde lo que decía Napoleón: “vístanme lento que voy de prisa”, o al gran José Alfredo: “no hay que llegar primero sino hay que saber llegar”, o incluso, dados los tiempos modernos, al gran “filósofo” Luis Fonsi, cuando dice: “pasito a pasito”.
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