El clima prevaleciente antes de las votaciones está muy polarizado y crece en las redes sociales el fomento del miedo sobre lo que se asegura pasará en las elecciones y después de ellas.
Hemos escuchado de todo en estas campañas: acusaciones, revelaciones, ataques, mentiras a medias o mentiras completas ante la ausencia de debates reales sobre los asuntos que preocupan a la ciudadanía y que son necesarios cambiar ya.
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Lo que sí es visible es la ausencia de diálogo y el nulo reconocimiento de muchos sectores y de los ciudadanos en general para expresar su libre opinión, se han exacerbado a tal grado las pasiones que por todos lados se atacan hasta ofensivamente.
La reflexión crítica ha sido poca y casi ausente en este tiempo electoral. Por mi parte y en este espacio quisiera recordar la necesidad de justicia anta tantas atrocidades y violaciones a los derechos humanos que se han multiplicado en nuestro país, pienso que hay que contribuir a un cambio en las decisiones y las políticas que se han privilegiado en México, porque no puedo aceptar que un país tan rico con sus habitantes, recursos naturales, tradiciones, costumbres esté tal y como ahora lo vivimos.
Hace poco volví a ver el documental sobre Ayotzinapa que recuerda la manera en que muchas situaciones en México se han resuelto con “verdades históricas”: Aguas Blancas, Tlatlaya, Ayotzinapa, Veracruz, Michoacán, Guardería ABC, entre muchos otros casos que aún no se resuelven y que siguen llenos de irregularidades.
En la historia de nuestro país existe un hilo conductor que permea todos los ámbitos, en donde el llamado proceso democratizador ha sido establecido a través de un discurso relacionado con la transparencia, la igualdad, la justicia, el respeto a los derechos humanos, la diversidad, la equidad y la libre expresión entre las más importantes. Desgraciadamente este discurso cada vez se vuelve más ambiguo y muchas veces inexistente y en donde se instala la mentira junto a grandes y variadas promesas.
Cada vez más, la mentira es el eje articulador en la política mexicana y que permea a todos los ámbitos de la vida social. Existe una brecha entre lo que se dice y lo que es, entre lo que se nos presenta y lo que sucede en la realidad. Todo se maquilla en nuestra realidad, las realidades si no se ocultan, se embellecen, se suavizan y lo que es peor, se silencia aquello que no gusta o no conviene.
Es tanto el poder de la mentira utilizado especialmente en los políticos y la mayoría de los gobernantes, que, aun viviendo en crisis económica y de seguridad permanentes, se afirma que todo está bien, que estamos fortalecidos y preparados para seguir adelante. Bueno, igualito que en el futbol.
Tal vez no todo esté tan negro y se puedan percibir claroscuros en la panorámica nacional y estatal, pero hay que tomar decisiones. No sé ustedes por quiénes votarán, pero sí creo necesario hacerlo, no podemos dejar de lado el derecho y responsabilidad que todos tenemos de salir a votar.
La ignorancia y la falta de reflexión crítica nos hace cada vez más vulnerables ante la manipulación evidente, por eso, gane quien gane, hay que exigir que en México la educación sea de calidad proporcionado a formas de entender la realidad, para así poner en evidencia los juegos y los abusos del poder y de enfrentar los laberintos de la mentira con verdades, certezas y congruencias e ir acotando los espacios de quienes a partir de ella, han ido incrementando exponencialmente su poder y su riqueza. No será tarea fácil, pero hay que hacerla.
Hagamos efectivo este domingo nuestro derecho, pero también nuestra responsabilidad a reflexionar y a votar. Un voto valiente y crítico por el bien de cada uno de nosotros, de nuestras familias y de nuestra sociedad.