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OPINIÓN

Cuenta regresiva…

Le cobraremos a Peña su mal desempeño, y a los diputados y senadores, ¿quién les cobrará el suyo?

Guadalupe Carrasco

Licenciatura en Psicología de la Universidad de Londres. Psicoterapeuta en consulta privada, Orientadora Educativa

Viernes, Junio 29, 2018

La cuenta regresiva está en curso. Ya nada ni nadie la puede parar. El próximo primero de julio de 2018 se llevarán a cabo las elecciones más importantes de nuestro país. Elegiremos al próximo presidente de México, así como a los 128 senadores y 500 diputados que tendrán en sus manos el destino de este país durante los tres y seis años siguientes, o más, si es que se toman en serio su trabajo y sus efectos (positivos) resisten el paso del tiempo. A esto sumaremos las elecciones estatales que también son esenciales, porque los elegidos determinarán las políticas públicas que regirán cada municipio o cada entidad. La elección es difícil porque pesará sobre nuestros hombros el peso de las consecuencias.

Sin embargo, no sólo elegiremos a los siguientes dirigentes de nuestro país. También se trata de un juicio al actual presidente. La mayor parte de los votos serán emitidos pensando en el mal trabajo realizado por él en los últimos seis años. ¡Y vaya que tenemos razones de sobra para hacerlo! Este sexenio ha sido verdaderamente terrible. Aunque ya iban mal algunas cosas, la inseguridad, la impunidad y la corrupción crecieron exponencialmente. “Al ojo del amo engorda el caballo.” Frente a nuestras narices y con el mayor cinismo, muchos políticos y empresarios se enriquecieron ilícitamente o participaron con sobornos para obtener contratos millonarios. La delincuencia organizada, al parecer, en estos años y con la complicidad o con la indiferencia de nuestro gobierno y autoridades, se ha organizado más. Los secuestros exprés, las extorsiones telefónicas, los “derechos de piso”, el narcomenudeo, las desapariciones forzadas, los feminicidios, el tráfico de órganos, las muertes violentas, las adicciones y un largo etcétera se han convertido en noticias incoloras dada su frecuencia. El lado económico no pinta mejor. El valor del peso ante el dólar es desalentador, la inflación ha superado las expectativas de los analistas. El costo de la gasolina y los beneficios de la “famosa” reforma energética no ha beneficiado a la población, quizá ni al país. En el plano de la seguridad social y el asistencialismo, las malas noticias son cosa de todos los días. De voz de doctores que trabajan en las instituciones de salud, sabemos que no hay insumos ni medicamentos, que ellos tienen que comprar sus guantes para poder atender. No hay institución que pueda manejar eficazmente los programas para combatir las adicciones, el maltrato a la mujer, la explotación infantil, el abuso sexual, la trata de personas, la violencia en el hogar, el abandono escolar, etcétera, etcétera. La multipublicitada reforma educativa tampoco nos ha dado mieles, sólo cientos de leyes y normas que no pueden o no quieren aplicarse, así como un panorama laboral complicado para algunos, pero sin beneficios directos en la calidad educativa.

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Sin ser exhaustiva, es lo que puedo mencionar, sin embargo, lo verdaderamente curioso es que sólo le cobraremos a un hombre, pero a los otros 128 senadores y 500 diputados, ¿quién les cobra? El mal desempeño de la mayoría de los legisladores nadie lo paga… O sí, nosotros, con sueldos, bonos y beneficios escandalosamente buenos. Sí, a esos que se duermen, que se convierten en “lord x” o “lady y”, que meten en la nómina a toda su familia, que dan contratos por compadrazgo o nepotismo. A todos ellos, que no trabajan para el pueblo o para sus gobernados, sino para los intereses de unos cuantos, nosotros les pagamos todos sus lujos, gasolina, autos, choferes y hasta la dieta. Hasta sus siestas en la curul nos cuestan varios miles por minuto. ¿Y ellos? Terminan su trienio o sexenio y enterramos en el olvido su mal-quehacer legislativo. Ni sus nombres recordamos. ¿Por qué no les cobramos? Tal vez porque son demasiados, o porque no hemos entendido el trabajo que de ellos debemos exigir. No es de extrañar, pues no nos comprometemos con nuestra “chamba”: ser ciudadanos.

La cuenta regresiva está en curso… Y cuando llegué a término, sepultaremos en el olvido el desempeño de nuestros legisladores y les daremos otra oportunidad en otro lugar… ¿Cuándo y cómo les cobraremos a ellos?

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