Desde los años noventa, las reformas educativas han constituido un tema de revisión y de análisis, dado que a partir de entonces es cuando se establecieron varias intenciones educativas, dentro de las cuales destacan: lograr una educación con calidad, tener una escuela que cuente con eficiencia y eficacia ,alcanzar procesos adecuados de gestión, contar con docentes innovadores, evaluar a los sujetos y a los procesos educativos, usar nuevas y modernas tecnologías de la enseñanza; sin embargo, se ha observado que las políticas traducidas en programas concretos, lo único que ofrecen son pautas de comportamiento, así como formas de conducta que interpelan a que los sujetos educados los asuman en su vida diaria.
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Si hacemos una reflexión sobre el sistema educativo, es notorio que una de las principales características que están distinguiendo a éste, es el hecho de que las acciones pedagógicas se han visto modificadas por la instauración de una “ideología de mercado”, en donde la calidad, innovación, eficacia y eficiencia son conceptos que han ido confeccionando y transformando la postura de las políticas educativas, las cuales están siendo orientadas hacia el involucramiento de prácticas que contribuyan a la legitimación de la centralidad de mercado, en donde se promueve el egoísmo y el individualismo. Asimismo, las políticas educativas apuntan a pautas comportamentales que se manifiestan y viven de forma natural a través de educar sujetos “obedientes” que posteriormente acaten instrucciones y actúen de forma eficaz ante las demandas necesarias.
Por otra parte, la mayoría de las nuevas políticas educativas, se encuentran basadas en la identificación de un “chivo expiatorio”, al cual señalan y culpabilizan del mal funcionamiento del sistema educativo. En este caso, los docentes, son a quienes se les ha asignado el papel de culpables, atribuyéndoles la falta de calidad, innovación y eficiencia, situación ante la cual no se les asigna voz ni voto. Además, otra situación conflictiva que podemos observar al respecto, es el hecho de que los sistemas educativos, continúan siendo financiados por medio de decisiones burocráticas y a partir de las leyes de la oferta y la demanda, en donde el Estado es quien sigue controlando el currículo y suele adherirlo a consignas establecidas en otros niveles (principalmente los internacionales), los cuales se realizan sin reconocer los conocimientos y saberes locales que se construyen en los espacios escolares de nuestro país. Una evidencia de lo anterior, puede observarse en las recientes transformaciones que se han realizada en los sistemas educativos, en los cuales se puede evidenciar la ausencia de lo ético y político del campo educativo, en donde la principal preocupación se encuentra enfocada en desarrollar la competitividad y el sometimiento.
Ante esta problemática, surge la necesidad de pensar cómo revisar y analizar dicha situación, lo cual requiere la implicación de acciones éticas que tomen en cuenta la experiencia del otro (sujetos educados y docentes), dado que el proceso de enseñanza- aprendizaje se da más allá de la imposición, por lo que es necesario diseñar políticas a partir de la re-significación de los contextos a los cuales éstas van dirigidas. Asimismo, es fundamental que se genere un espacio de reflexión que permita pensar de qué forma y cómo se pueden recuperar las expectativas de los sujetos educativos y plasmarlos en políticas educativas que hayan sido elaboradas a partir de las necesidades coyunturales y no por medio de la toma de decisiones orientada hacia la planificación y el financiamiento.
A manera de conclusión ante lo mencionado anteriormente, considero importante que se haga conciencia sobre cómo el Estado propone políticas educativas que no siempre son las mejores o las más apropiadas para el contexto y sujetos que son educados; además es importante que se involucre y se les otorgue voz a los docentes, quienes al ser los principales involucrados, deben ser escuchados para que se pongan en práctica acciones que satisfagan las necesidades reales de la educación. Para mejorar la calidad de los programas educativos es necesario continuar con el proceso de superación académica de los docentes que los imparten, actualizar y adecuar los contenidos a los estudiantes de acuerdo a su contexto, desarrollar diversas estrategias educativas que sean flexibles y se centren en el aprendizaje para que de esta manera, desarrollen en los estudiantes habilidades para aprender a lo largo de la vida.