AMLO fue contundente. Declaró que este año ocupa el Palacio Nacional o se va a la chingada. Hace seis años, cuando contendió contra Enrique Peña Nieto, dijo lo mismo y no cumplió su palabra. Seis años después de efectuar esa promesa incumplida, todavía mantiene viva la antigua y traumática obsesión de atrapar la presidencia de la república. Asegura que la tercera es la vencida.
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López anunció recientemente que en 2018 tiene dos opciones. Permanecer seis años en el Palacio Nacional (como presidente de la república) o trasladarse a Palenque, Chiapas (en calidad de candidato presidencial derrotado), para vivir el resto de su vida en un rancho de su propiedad llamado La Chingada. Pero advirtió que si hay fraude electoral, no va a detener a la gente, para que quien suelte al tigre lo amarre. ¡Así de lacónico fue el pejecandidato presidencial!
En el fondo de este mensaje, se advierte que aunque López sea derrotado, en buena lid por el voto de los electores, sus miles y miles de fanáticos saldrán, desbocados, a la calle a gritar desaforadamente que la mafia en el poder le robó la presidencia de la república a su mesías y guía espiritual. Aduciendo que hubo fraude electoral y que él, igual que Poncio Pilatos, no será responsable de lo que suceda, bajo la premisa que el que suelte al feroz tigre lópezobradorista tendrá que amarrarlo.
Sabiéndose, como se sabe, desde hace 25 años, que para López Obrador las elecciones son limpias, claras, transparentes e indiscutibles solamente cuando él es declarado triunfador (02-07-2000) y son fraudulentas, sucias y cuestionables cuando es derrotado (20-11-1994, 06-07-2006 y 01-07-2012), es factible que en caso de no triunfar el 1 de julio rechace su nueva derrota y suelte al tigre que tiene enjaulado..
Si esto llegare a suceder, las autoridades ─federales y locales─ encargadas de mantener el orden público, deberán tener preparada una estrategia eficaz para evitar que el amo y señor de Morena haga, lo que mejor sabe hacer cuando no logra lo que desea, bloquear avenidas, tomar plazas y plantarse en ellas para efectuar sus protestas y ocupar edificios públicos, como el Palacio Nacional, la secretaría de Gobernación, el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, así como las cámaras de Senadores y Diputados.
Desde que el gobierno federal sacó las manos de los procesos electorales nacionales, los resultados de las elecciones dejaron de ser engañosos como los de 1988. Ahora, el conteo y recuento de votos, así como la elaboración de las actas de escrutinio y la integración de paquetes electorales, es realizado por ciudadanos seleccionados al azar, desde entonces los resultados son altamente confiables, porque expresan la decisión personal de los electores. No de funcionarios gubernamentales.
Las encuestas electorales, en el mejor de los casos, únicamente reflejan la intención de voto de un pequeño universo de personas, no representativo, que pueden o no estar inscritas en el listado nominal y cuya decisión es susceptible de ser modificada en cualquier momento. No son mediciones ni registro de voto.
Por consiguiente, ningún candidato que las encabece puede asumirse como triunfador antes que las autoridades electorales den a conocer los resultados oficiales de la elección presidencial o de cualquier otra.
Sin embargo, recordemos que como López no lideró en 2006 y 2012 ninguna de las encuestas, las descalificó cuantas veces le fue posible hacerlo. Decía, una y otra vez, que estaban cuchareadas por indicaciones de la mafia en el poder y que él tenía otras donde aparecía encabezándolas. Pero hoy, en 2018, que realmente lidera todas, de punta a punta, no las descalifica como antes, sino que las aplaude y presume.
Está orgulloso de ellas porque lo han hecho sentir que ya es presidente de la república, aun cuando todavía faltan cuatro semanas para las elecciones del 1 de julio.
Tal es la seguridad que tiene el mesías tabasqueño en un eventual triunfo suyo, que con un año de anticipación, mucho antes de obtener el registro de su candidatura en el INE, López designó a los integrantes del gabinete presidencial que, según él, lo apoyará a lo largo del sexenio 2018-2024.
También anunció las primeras ocurrencias, perdón, los primeros actos de gobierno, que tiene previsto realizar en su calidad de presidente de la república.
1.- Continuar viviendo en su casa de Tlalpan para no ocupar la residencia presidencial de Los Pinos ─que dice está embrujada─ y convertirla en una mega casa de cultura popular. 2.- Ir a la Casa Blanca de su homólogo Donald Trump, en Washington, no a la Casa Blanca de las Lomas de Chapultepec ─propiedad de la esposa de Peña Nieto─, para vender el avión presidencial, que ni Obama tenía, al locuaz mandatario de Estados Unidos. 3.- Cancelar la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. 4.- Construir dos pistas en el aeropuerto militar de Santa Lucía para destinarlas al aterrizaje y despegue de aviones comerciales para descongestionar el Aeropuerto Internacional Benito Juárez. 5.- Derogar las reformas educativa y energética. 6.-Reinstalar en su trabajo a todos los profesores de la CNTE que fueron cesados por faltar a sus labores y pagarles los sueldos que nunca devengaron. 7.- Desaparecer el CISEN y el Estado Mayor Presidencial. 8.- Poner fin a la guerra contra el narcotráfico indultando delincuentes. 9.- Combatir la corrupción mediante el ejemplo. Si el presidente es honesto, los gobernadores y alcaldes serán honestos, igual que los políticos y los ciudadanos común y corrientes; 10.- Reubicar en Chetumal, la secretaría de Turismo; la Sedesol en Oaxaca; la SEP en Puebla; la Semarnat en Mérida; la SCT en San Luis Potosí; la STyPS en Guanajuato; la SFP en Querétaro; Pemex en Ciudad del Carmen; la CFE en Tuxtla Gutiérrez; el IMSS en Morelia; el ISSSTE en Colima; el INFONAVIT en Toluca; Conagua en Veracruz; el SAT en Mexicali, etcétera, etcétera, etcétera.
Las secretarías de Gobernación, de Marina, de la Defensa Nacional, de Hacienda y Crédito Público y de Relaciones Exteriores, hasta nuevo aviso y “por razones que explicará” posteriormente el Pejepresidente de la república, continuarán operando en la Ciudad de México.
Pero es no es todo. López nos tiene reservada otra grata sorpresa. Abolir la corrupción que corroe las entrañas de la patria nuestra.
En el primer minuto del 1 de diciembre, el México de la corrupción, el México de las tranzas, el México de los gobernantes gandallas, El México que se encuentra en avanzado estado de descomposición, cederá el paso al México nuevo y puro, al México de la esperanza, el México de la república amorosa anhelada por el mesías tropical, el México de la justicia y de la no impunidad, al México de gobernantes incorruptibles y eficientes y de ciudadanos honestos y respetuosos de las leyes.
¿Cómo ocurrirá el ansiado y milagroso saneamiento del país? ¡Aplicando la trilogía de los buenos propósitos de AMLO. No mentir No robar. No engañar!
¿Será verdad tanta belleza verborreica?