El que crea que Andrés Manuel pretende ganar la Presidencia y lograr la mayoría calificada en el Congreso para echar abajo las reformas, sacar adelante la suyas y convertir a México en un país en bonanza, no sabe dónde está parado ni qué significa el populismo. Lo que en realidad quiere es tener la hegemonía para hacer lo que desee, aduciendo que ‘sólo hace lo que el pueblo le manda’, siendo él ‘el único intérprete’ de esa voluntad, y cambiar la Constitución para mantenerse indefinidamente en el poder. Así son los populistas en todas partes y pedir que ‘no le tengamos miedo al cambio’ o que ‘no propiciemos el temor hacia él’, no es más que un insulto a nuestra inteligencia. El populismo jamás ha sido un proyecto para beneficiar al pueblo. Al principio hay una etapa de jauja, ciertamente, pero es mientras acaban con la riqueza nacional…
Ante cada señalamiento responden que son sólo especulaciones. ¿Perdón? ¿El caso de Venezuela es especulación? ¿Y lo ocurrido en Bolivia, Ecuador y Perú? ¿En Chile, Brasil y Argentina? ¿Y la masacre que está haciendo Daniel Ortega en Nicaragua, únicamente para conservar el poder? Han enarbolado la bandera del cambio y el combate a la corrupción, siendo el resultado un brinco al autoritarismo que ha llegado a superar a lo que estaba en corrupción e impunidad. El populismo no es la solución a los males que aquejan a la sociedad, sino el camino de las dictaduras más crueles y perversas…
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“El error de Anaya y Meade…”
Hitler era un populista. Mussolini, también. Stalin, ni se diga. La lista es tan larga como sus crímenes. Pero también hay que ser justos: la gran oportunidad del populismo ha venido de la mano del hartazgo ciudadano ante el gobierno de élites decadentes, cínicas y corruptas. El punto clave viene cuando el deseo de cambio rebasa al temor a los riesgos que implica el ‘mesías’…
Anaya y Meade han cometido el mismo error, pero desde ángulos diferentes: han pretendido arrebatarle a López Obrador la bandera del cambio sin encargar a los ciudadanos una ‘misión’. Decir que uno es el ‘verdadero cambio’ carece de sentido sin la misión. Se entiende que Meade sea el que tenga el escenario más complicado: no es fácil constituirse en promesa de cambio, al ser postulado por una alianza encabezada por el partido al que se identifica como principal causante del problema a resolver. El PRI aparece señalado en la mayoría de los casos de corrupción e impunidad…
“La misión: el Partido de la Libertad…”
Los empresarios lo han entendido mejor que los candidatos. El conflicto entre Andrés Manuel y algunos de ellos, ya visto en otras entregas, lo registra: la misión es ‘salvar a México de una nueva dictadura’. Decir ‘nueva’ expone el vínculo existente entre el proyecto de López Obrador y el Viejo PRI. Porque eso es lo que pretende: reformular al Viejo PRI en el siglo XXI. Andrés Manuel tiene alma de dictador. Cuando Plutarco Elías Calles fundó el sistema nacional revolucionario, aglutinó a todas las facciones revolucionarias, grupos y partidos, en un solo partido hegemónico. De tal suerte que comenzó a girar en torno a dos ejes: un ‘Jefe Máximo’ y un ‘partido casi único en el poder’. Una de las diferencias estriba en que experimentamos la crisis de los partidos y el surgimiento de los ‘movimientos sociales’, algunos de los cuales se registran como partidos, aunque sin añadir la denominación. Por eso MORENA se llama ‘movimiento’…
El temor de AMLO a los empresarios no radica en que tengan mucho dinero o poder, sino en la forma en que han articulado su estrategia: impedir una nueva dictadura, neutralizar la crisis generalizada que viene después de tanto despilfarro y corrupción (sí, el populismo es igual o peor de corrupto que aquellos a los que dice combatir), y apelar organizadamente a los empleados y a la sociedad para sufragar de manera razonada. MORENA carece de estructura nacional y AMLO teme ser rebasado por un movimiento de redes en su contra…
Dos partidos se confrontan: el Partido de la Dictadura y el Partido de la Libertad. No es una reedición decimonónica, sino darle sentido identitario al momento histórico que estamos viviendo. La campaña de los empresarios debe asumirse como ‘El Partido de la Libertad’, para identificarlo con Anaya o con Meade. El que sea segundo lugar en la víspera, junto con su alianza…
No se puede culpar a la gente, harta de lo que está pasando en el país, por creer sinceramente que AMLO sea la solución. Él sí les ha encargado una misión: ‘Acabar con la corrupción’. ¿Qué están esperando Anaya y Meade para aclarar la suya? Perdonen que lo diga, pero la fuerza adquirida por él está en función de la estupidez de sus adversarios…
“Encuestas como propaganda…”
Los ‘AMLOVERS’, que no son todos los que dicen que votarán por él, se regodean por la reciente encuesta de Reforma. Minimizan que dejan fuera a los indecisos y a los que no contestaron, distribuyendo el porcentual de manera proporcional. Obvio: se usan las encuestas como vehículo de propaganda, pretendiendo ‘predecir’ el resultado. Tratan de ‘convencernos’ de que todo está decidido y que el triunfo de AMLO es inevitable. ¡Falso! Una estrategia contra la dictadura en ciernes puede ser más efectiva que ir en pos del voto útil. O si se prefiere: podría ser la forma más efectiva de atraerlo y aglutinarlo. Eso es lo que percibe Andrés Manuel en los empresarios que piden a sus empleados votar pensando en el futuro del país…
No quiero decir que AMLO no pueda ganar. Pero en tal caso, hay que ponerle límites al ‘mesías’. Hay que recordarle que no es omnipotente, que no es ‘Dios en la Tierra’ y, de paso, intentar que pueda ser otro el próximo presidente. De entrada, no debe tener mayoría calificada en el Congreso…
“El Jefe Máximo y el Movimiento…”
Un puñado de políticos lleva más de seis años acariciando la idea de ser el ‘Calles del siglo XXI mexicano’. Rafael Moreno Valle ha sido uno de ellos. López Obrador, otro. Hoy, lleva ventaja el proyecto del ‘Jefe Máximo’ con un ‘Movimiento casi único en el poder’, a la espera de la cita en las urnas. Sin embargo, el dilema callista se antoja inevitable: ¿Quién sobrevivirá, el jefe o el Movimiento? De la disyuntiva de los años treinta del siglo pasado, resultó el exilio de Calles y la ‘Familia Revolucionaria’. En el fondo, Andrés Manuel encarna la esencia del Viejo PRI. No es alternativa de cambio real…
Desde el principio, López Obrador sabía que no le alcanzaba para ganar y que debía sumar la ‘morralla’ del PRI. No controla todas las variables. Por eso sueña con lograr la mayoría calificada en el Congreso. En el ‘Movimiento’, hay dos en compás de espera para desplazarlo, ‘jubilarlo’ o exiliarlo: Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard. Desde los partidos, Luis Videgaray y Rafael Moreno Valle. Le están proponiendo al posible ‘Jefe Máximo’ crear un sistema a medio camino entre ‘movimiento’ y ‘partido’. La Vieja Guardia, se acomodaría como pudiese. Una ‘Nueva Familia Revolucionaria’, distinta a la de antaño. Un sistema de partidos, interactuando hegemónicamente con el ‘movimiento’. Cada ala piensa que absorberá a la contraparte. Impera la desconfianza entre sí y ante el ‘Jefe Máximo’, siendo correspondidos…
Monreal, Ebrard, Videgaray y Rafael. No lo dicen, pero apuestan al desgaste del caudillo venido a ‘mesías’. Cada uno sueña con heredar el poder. O, más bien, anticipan la crisis que provocará y buscarán ser la salvación. Los dos primeros apuntan a controlar el movimiento. Los otros dos, ponen como condición que no se echen atrás las reformas. ¿Y si el ‘mesías’ viviese muchos años? ¿Y si tuviesen éxito los empresarios a disgusto? Queda poco tiempo. Vamos a ver si pueden articular una hoja de ruta en torno a Anaya o Meade…
Mientras tanto, el populismo sigue siendo camino de dictaduras. Los que hoy festinan, lo hacen pensando en los privilegios que gozarán de tener éxito. Aunque ello implique entregar su libertad. Vaya estupidez…
Hasta entonces…
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